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Alto el fuego, Análisis, Análisis político, Debaltsevo, Ejército Ucraniano, Estados Unidos, Minsk, OTAN, Poroshenko, Rusia, Ucrania, UE

La estrategia del International Crisis Group para el Donbass

A primeros de abril, el International Crisis Group (ICG), uno de los principales think-tanks que determinan la política internacional de Occidente, presentó su segundo informe sobre el conflicto en el Este de Ucrania: The Ukraine Crisis: Risks of Renewed Military Conflict after Minsk II. En el documento, el ICG aborda el acuerdo de Minsk II y los posibles escenarios para el futuro inmediato.

El grupo acompaña su informe con una declaración en la que ofrece una estrategia de actuación para las potencias occidentales: Statement on the Ukraine Crisis and European Stability.

El diagnóstico de la situación

Al abordar la situación existente en el este de Ucrania, el ICG sigue pensando que la cuestión ucraniana, lo que en algún momento señala como “la agresión [de Rusia] en Ucrania”, supone una de las amenazas más serias al orden global de los últimos tiempos, poniendo en crisis el modelo de seguridad europeo. Según el ICG, las potencias occidentales y otros miembros de la comunidad internacional “no pueden ignorar que el orden estratégico de Europa está siendo peligrosamente socavado y con ello la estabilidad del continente”.

Según el ICG, esto responde a las “tácticas de Rusia” en Ucrania, concretadas en la anexión de Crimea y en “el respaldo militar a las fuerzas” del Donbass. “Si un envalentonado Moscú continúa empleando estas tácticas en Ucrania o recurre a ellas en su entorno más cercano, habría un alto riesgo de escalada del conflicto y la certeza de éste en caso de agresión a un miembro de la OTAN”, sostiene el informe.

Aunque el ICG considera que el alto el fuego se mantiene por ahora, contribuyendo a una reducción drástica del número de bajas en combate, destaca la opinión dominante en Kiev, Moscú y en los países occidentales de que “la guerra podría reanudarse en el este de Ucrania en cuestión de semanas”. El informe del ICG, a la vista de las debilidades ucranianas, cree incluso que “Existe un riesgo real de que Rusia ponga de nuevo a prueba su capacidad de resistencia militar y política en los próximos meses” en lo que podría ser esta vez una verdadera “operación conjunta” con las milicias, una realidad que acabaría “en otra derrota para Kiev”.

El ICG cree sin duda que una reanudación de las hostilidades podría beneficiar a las fuerzas del Donbass. El principal motivo es la falta de competencia de los altos mandos del Ejército ucraniano. Según el grupo, “El ejército de Ucrania está inmerso en una crisis de mando que los líderes del país parecen no estar dispuestos a admitir o remediar”, con un liderazgo militar conformado por mandos “incompetentes, a veces corruptos”, en todo caso “incapaces de diseñar operaciones de combate efectivas o indispuestos a liderarlas, abandonando a su suerte a los oficiales subalternos”. En cambio, “el mando y control que aporta Moscú” da ventaja a los que define como “rebeldes separatistas”. El apoyo ruso estaría contribuyendo, de hecho, a consolidar las fuerzas de las milicias como “un ejército funcional”. El informe no ofrece ninguna prueba sólida para demostrar esa presencia rusa.

Al tratar la incompetencia del alto mando ucraniano, en ocasiones el informe llega a rozar la frontera de la crueldad y acaba pidiendo su sustitución por algunos de los actuales mandos intermedios, de capitanes a tenientes coroneles, con capacidad demostrada en los combates en el este de Ucrania. Un ejemplo de esa crueldad es la denuncia de falta de inteligencia operativa y comentarios que dejan en mal lugar a la información ofrecida por el Gobierno ucraniano y también por la prensa. El informe admite que, en ocasiones, la prensa separatista ofrece mejor información. El blog del Colonel Cassad parece liderar esta fuente de información alternativa a la que el propio ICG recurre y cita de forma casi sistemática (nótese que de las opiniones del ICG no sólo se derivan las insuficiencias de la información militar ucraniana sino la práctica ausencia del debate de las grandes agencias de noticias occidentales).

Sin embargo, el ICG no cree que la ventaja militar de las milicias sea relevante. Opina que las milicias fracasaron en lo que considera fue una ofensiva dirigida a la toma del conjunto de la provincia de Donetsk, sufriendo también numerosas bajas. Según el grupo, en realidad “ninguna de las partes tiene una ventaja decisiva en el campo de batalla” por lo que la consecución de avances territoriales dependería de la ayuda rusa. Para conseguir resultados efectivos para las tropas de las Repúblicas sería necesario “probablemente, una vez más, un número sustancial de tropas regulares rusas”.

En su diagnóstico de la situación, el ICG señala finalmente que Debaltsevo supuso “un golpe político y militar traumático para Poroshenko”. El Presidente ucraniano se enfrenta además a “críticas de sus aliados occidentales por la lentitud de la reforma y la oposición del establishment político a su intento de aprobar la legislación requerida por el acuerdo de Minsk”. El propio informe del ICG lanza, en este punto, dardos envenenados a un Presidente que pretende participar en todos los campos, incluso al nivel de la pequeña gestión cotidiana, y que se caracteriza por su “aversión a la delegación y el hábito de colocar la lealtad personal por encima de la competencia profesional”.

AFP ALEXANDER ZEMLIANICHENKO. Minsk, un mal necesario para evitar la guerra.

La estrategia del ICG

La estrategia del ICG para imponer los objetivos occidentales en Ucrania se centra en la consolidación económica del país y en la apuesta por su ingreso, en un plazo de tiempo no excesivamente largo, en la Unión Europea. Pero pretende compatibilizar esos objetivos con el mantenimiento de unas relaciones de cooperación con Rusia, evitando una escalada que pudiera desembocar en una guerra de amplias dimensiones.

Según el ICG, esto implica en el corto plazo parar la guerra “incluso si eso incluye un riesgo inicial de una autonomía local de facto, extensa y posiblemente indefinida” para el Donbass. A largo plazo, el ICG precisa sin embargo que “los ucranianos deberían disfrutar de un estado democrático, pacífico y estable, cuya seguridad e integridad territorial esté garantizada y cuya orientación futura puedan decidir libremente”. En otras palabras, el ICG apuesta por una autonomía provisional para el Donbass que no necesariamente podría convertirse en definitiva en un futuro más lejano, una vez que Ucrania recupere su dominio sobre el territorio.

Después de mostrar sus distancias respecto a Minsk I, la puesta en marcha de esta estrategia lleva al ICG a apostar ahora por el desarrollo de Minsk II. Y ello a pesar de considerar el acuerdo como muy positivo para los intereses de Rusia y de vincularlo, implícitamente, al pensamiento de un Vladislav Surkov al que el grupo considera “el creador del proyecto Novorrosiya”.

Eso sí, el ICG insiste en consolidar una serie de medidas clave para la comunidad política occidental. En primer lugar, defiende la desmilitarización del Donbass, cesando la asistencia militar rusa y devolviendo a Ucrania el control de las fronteras. La exitosa insistencia de Rusia por ”mantener parte de la frontera con Ucrania, en la práctica, bajo su control” es una de las mayores preocupaciones para el ICG, en principio porque indicaría que los rusos “están manteniendo sus opciones militares abiertas” [NR: en la práctica se trata de un elemento clave para garantizar el control ucraniano del Donbass].

El ICG propone, en segundo lugar, el despliegue de observadores de la OSCE junto con representantes de la ONU para facilitar el diálogo necesario para organizar nuevas elecciones locales. Aunque sin considerarlo realmente viable, el ICG también contempla aquí el posible despliegue de una misión de observadores de la ONU.

El tercer punto hace referencia a la intervención política en el proceso relativo al status político del Donbass (al que el ICG se refiere como Ucrania oriental), señalando como prioridades la organización de la seguridad local, la reforma constitucional, las elecciones locales y “un modelo mutuamente aceptable de descentralización” [Debe recordarse la alergia del ICG al término autonomía].

La estrategia del ICG para el acuerdo acepta, de inicio, una posición no agresiva en la cuestión de Crimea así como la aceptación de un régimen de no alineamiento para Ucrania, renunciando a su ingreso en la OTAN. En lo económico, apuesta por la participación del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo en un plan económico de infraestructuras para el país que se extendiera a las regiones fronterizas de Rusia. El ICG propone además impulsar los contactos de Kiev con las autoridades rebeldes para superar los problemas humanitarios de la zona, proponiendo que la zona acceda igualmente al posible apoyo financiero europeo.

De cara a hacer efectiva la estrategia, el ICG plantea una reforma de la acción diplomática occidental que vaya más allá del actual modelo de negociaciones, basado en el formato Normandía, entre otras razones porque “carece de una dimensión EE.UU.”. Para garantizar unas negociaciones más continuadas de cara a la aplicación de los acuerdos de Minsk, defiende que las principales fuerzas occidentales (Francia, Reino Unido, Estados Unidos, Alemania, Alemania y la UE), en estrecha colaboración con Ucrania y la OTAN, nombren a un enviado de alto nivel, “facultado expresamente para ser el único interlocutor con Moscú sobre la crisis, al margen de las reuniones entre gobiernos y jefes de estado”.

A pesar de una posición aparentemente constructiva, el ICG no se olvida de los aspectos más agresivos de la estrategia. En la dimensión económica, parte del supuesto de que, a largo plazo, la posición de Rusia es insostenible y perjudicial para su pueblo. Rusia, sostiene el grupo, tiene una economía muy dependiente de la exportación de energía y materias primas. Se ve además condicionada por su endeudamiento con los bancos europeos y estadounidenses, dependiendo a la vez de la tecnología occidental para su desarrollo. Todo ello “da a Europa y EE.UU. una ventaja significativa”.

Es en este contexto en el que encuentra sentido, para el ICG, la política de sanciones de Estados Unidos y de la UE, vista por el ICG como el principal elemento de presión para impedir un avance de las milicias. Esta política de sanciones es problemática para “un país que mira a una inflación del 20 por ciento, una posible crisis bancaria y una fuga de capitales sin precedentes”. El ICG plantea un uso inteligente pero prudente de las sanciones porque éstas podrían tener consecuencias negativas: “Si medidas adicionales más severas, incluso radicales, tuvieran que ser consideradas”, la probable implosión de la economía rusa podría tener “consecuencias impredecibles (inclusive para el sistema bancario europeo)”. Rusia, además, podría “tomar represalias en una medida calibrada y peligrosa”.

La aproximación del ICG no excluye finalmente “el uso prudente de la ayuda militar para apoyar el proceso político”. Según el ICG, no es probable que la ayuda militar cambie el equilibrio de fuerzas de manera significativa, “excepto en situaciones tácticas limitadas”, al menos mientras se mantenga la debilidad del ejército ucraniano. Aunque “la ayuda militar occidental podría incrementar el coste de la acción militar para Rusia, sería improbable que fuera decisiva”, pudiendo dar lugar a una escalada bélica de alto riesgo.

La lectura del informe en el que se apoya el ICG para definir su estrategia deja una última impresión que conviene comentar: Poroshenko no parece ser el hombre más adecuado para hacer frente, desde Ucrania, a los retos que le plantea Occidente. El último párrafo del informe del ICG es ilustrativo al respecto:

“La comunidad internacional, en especial las naciones occidentales, necesita tener una estrategia a largo plazo si quiere mantener la cohesión. Igualmente importante es trabajar bajo el supuesto de la capacidad y disposición del presidente Poroshenko para enfrentar de frente otros enormes problemas de Ucrania tan vitales para su supervivencia como hacer retroceder la intervención rusa. Kiev tiene que entregarse en todos los frentes: la reforma – que está en marcha, pero todavía tiene mucho camino por recorrer – de la lucha contra la corrupción, el acercamiento a la población del este, así como la mejora del liderazgo militar. Sus amigos le han urgido a moverse con rapidez. Nuevos retrasos podrían ser extremadamente costosos”.

Todo indica que los amigos occidentales de Poroshenko han iniciado la cuenta atrás para que cumpla con lo que consideran es su tarea política en Ucrania.

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