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El International Crisis Group señala a Putin

151029_FOR_Kiev-Ukraine.jpg.CROP.promo-xlarge2Como es bien conocido, los informes del International Crisis Group (ICG) constituyen uno de los principales indicadores de la orientación definida por la línea dura de la comunidad política euro-atlántica en el proceso de resolución de los principales conflictos internacionales. De ahí el interés en analizar la visión del conflicto del Donbass que se da en el último documento del grupo sobre Ucrania, Russia and the Separatists in Eastern Ukraine [Rusia y los separatistas en el Este de Ucrania].

Rusia mantiene vivo al Donbass y lo controla casi por completo

Según el ICG, las tropas rusas, que “casi con toda seguridad han participado en enfrentamientos armados con fuerzas ucranianas al menos dos veces desde el alto el fuego de febrero de 2015”, siguen siendo la clave para la supervivencia militar de las Repúblicas Populares de Donetsk y de Lugansk (RPD y RPL).

A partir de septiembre de 2015, el grupo considera que Rusia ha dado un paso más en el apoyo a las Repúblicas. Ha empezado a aportar dinero para sostener económicamente a la población del Donbass. Gracias a ello, las Repúblicas pueden ahora pagar los salarios del gobierno y de los militares, las pensiones y otras prestaciones sociales con cierto grado de regularidad. Esta explicación deja claro, aunque sin mencionarlo ni siquiera sugerirlo, que Ucrania no ha restablecido los pagos de pensiones y otras prestaciones sociales tal y como se comprometió a hacer con la firma del acuerdo de Minsk el 12 de febrero de 2015. Un año después, sigue siendo Rusia la que soporta el coste económico de las Repúblicas, algo que el anterior informe del ICG sugería como beneficio para Ucrania en caso de congelarse el conflicto. De considerar a la RPL y la RPD como “instrumentos desechables”, a los que sólo habría que proteger en caso de seria amenaza militar o de crisis humanitaria, Rusia ha pasado a hacerse cargo de 90% del presupuesto de las entidades.

A cambio de esta mayor implicación, Rusia ha aumentado su control sobre las autoridades locales. Según el ICG, todas las decisiones políticas y militares relevantes se toman en la actualidad en Moscú, y su aplicación es supervisada por funcionarios rusos sobre el terreno.

En el terreno político, el control ruso se ejerce a través de un sistema de asesores (kurators), impuesto desde los primeros meses posteriores a la revolución en el Donbass y cuya principal finalidad es asegurar que los líderes de las Repúblicas se ajusten a la línea de Moscú. Este modelo de organización política refuerza los lazos verticales con Moscú en vez de las relaciones internas a las propias Repúblicas. Inicialmente conformado por personas más alejadas del establishment ruso, agentes del FSB se habrían consolidado en el papel de asesores. El punto final de enlace entre las autoridades del Donbass y el Kremlin sería Vladislav Surkov, el principal kurator ruso en el este de Ucrania.

En el terreno militar, las milicias republicanas también han sido reorganizadas por Rusia y subsumidas en una estructura militar formal. Desde el nivel de batallón hacia arriba, oficiales rusos mandan ahora en estas unidades, con los antiguos comandantes locales actuando a veces como ayudantes.

El papel de Rusia en la superación del conflicto

El ICG aprecia sin duda que Rusia se haya asegurado, con su política de control político y militar en el Donbass, una estricta subordinación de las Repúblicas en cuestiones como la aplicación de los acuerdos de Minsk. En un ámbito en el que los intereses de las entidades y de Moscú no coinciden siempre, Rusia excluye por completo al liderazgo local de la toma de decisiones.

Los asesores militares rusos, por su parte, asumen la función de “hacer cumplir el alto el fuego, lo que en general han hecho con rigor”, con una sustancial disminución de las muertes civiles en los últimos meses del conflicto.

Teniendo en cuenta este fuerte control sobre el desenvolvimiento de las Repúblicas, el ICG centra directamente en Rusia el proceso de solución al conflicto del Donbass y perfila distintos escenarios de salida.

Un margen de salida para Rusia si decide colaborar

En un primer escenario, el ICG no descarta la posibilidad de que Rusia pueda en última instancia seguir adelante con la aplicación de Minsk y devolver las entidades al control de Kiev. Para ello queda un gran camino por avanzar dado lo elusivo de la implementación de los distintos acuerdos de Minsk, excepto en lo relativo al alto el fuego (lo que en los últimos días es, cuando menos, cuestionable), reconociendo el ICG que la responsabilidad es atribuible a los distintos bandos.

En este escenario, la comunidad internacional podría tener un papel constructivo con Rusia. Para ello, además de la colaboración con Kiev y las instituciones internacionales, se requerirían sin embargo algunas iniciativas por parte de Moscú. Por una parte, Rusia debería retirar las unidades militares que el ICG asegura que tiene dentro de Donbass (la comunidad internacional prevendría, en paralelo, que Ucrania ganara posiciones avanzando a través de la línea de separación). Por otra, Rusia debería reducir el suministro militar a las entidades. A cambio, la comunidad internacional, incluyendo los Estados Unidos, podrían iniciar un diálogo sobre seguridad en la región y sobre los mecanismos para desarmar y desmantelar las milicias de las Repúblicas Populares.

Si Rusia implementara en su integridad los acuerdos de Minsk, el ICG considera que Rusia podría salir del este de Ucrania con algo de dignidad. La comunidad internacional debería comprometerse entonces a facilitar que saliera del “atolladero”. Por supuesto, el informe no contiene mención alguna a los compromisos adquiridos por Ucrania, todos ellos incumplidos cuando ha pasado un año de la firma de los acuerdos.

Sanciones si Rusia se opone a la visión occidental del proceso de Minsk

El ICG considera sin embargo que Rusia está trabajando para dar mayor coherencia política y administrativa a las Repúblicas. En lo político, la política rusa se ha traducido en revisiones en el liderazgo local y en el impulso a una nueva estructura de partidos. También ha intensificado esfuerzos para controlar las situaciones de corrupción en las que se ven directamente implicados los principales líderes locales.

El objetivo parece ser la instalación de más orden y previsibilidad en las dos entidades. En lo militar, Rusia ha consolidado un ejército importante, incluyendo a entre 30 y 60.000 voluntarios rusos que se habrían incorporado al combate a partir de septiembre de 2015, sin contar a las tropas rusas regulares que pudieran colaborar con este ejército y que el informe no necesita pruebas para defender que existen. Se exagera también el número de voluntarios rusos, restando así importancia al número de ciudadanos de Donbass que se han unido a las milicias, imprescindible si se sigue argumentando que la mayor parte de la población se siente más cercana a Ucrania que a Rusia.

Para el ICG, esta reorganización civil y militar en el Donbass puede ser la base para un desarrollo de los acontecimientos alejado de la estrategia establecida en los acuerdos de Minsk. Podría constituir la base para mantener a las Repúblicas con vida durante unos cuantos años más. Esto reflejaría un contexto de conflicto congelado, el escenario más temido por los participantes internacionales en las conversaciones de paz.

Algunos elementos parecerían indicar la opción por este escenario, según el ICG: la vuelta a considerar posibles elecciones locales al margen de Ucrania, el incremento de las relaciones transfronterizas con las regiones vecinas de Rusia, la consolidación del rublo y la llegada continuada de sustancial ayuda militar rusa.

En este escenario, la propuesta clave del ICG es el mantenimiento del principal instrumento de presión occidental, las sanciones económicas a Rusia. “La Unión Europea -en especial los Estados Miembros Alemania y Francia- y los EE.UU. deben evitar la trampa de dejar que un proceso de resolución potencialmente largo y diferentes interpretaciones de sus disposiciones socaven su consenso fundamental respecto al mantenimiento de las sanciones hasta que se aplique plenamente Minsk”, señala el ICG.

El ICG es consciente de las implicaciones. Será una política que costaría mucho dinero a ese país.

Lo que descarta o infravalora el ICG

En su análisis de la situación, el ICG descarta o infravalora algunos aspectos que resultan sin embargo decisivos para entender la actuación situación: los derechos de Donbass y la posición de bloqueo del régimen de Kiev.

Donbass y su autonomía

La interpretación de los acuerdos de Minsk que realiza el ICG está muy condicionada por la perspectiva que este grupo tiene sobre el carácter de las Repúblicas Populares. En ningún caso las considera como entidades con derecho a decidir sobre su posible independencia o autonomía sino como “enclaves separatistas” que simplemente es preciso cerrar. Moscú debería así “confirmar que acepta que el proceso de Minsk requiere el fin de la RPL y RPD como entidades políticas separadas con sus propios ejércitos”.

Al hablar de las Repúblicas Populares, el ICG describe un marco político en el que el liderazgo local no tiene condiciones para funcionar de manera autónoma. No se trataría sino de gobernantes accidentales tras la caída de Yanukovich y el posterior vacío de poder dejado en el Este. En su opinión, la diversidad, fragmentación y desconfianza mutua de los líderes locales, junto con la falta casi total de la experiencia política o administrativa, ha prevenido la aparición de administraciones coherentes o de partidos políticos funcionales.

Sorprendentemente, el ICG parece no tener en cuenta la guerra como factor importante en el desarrollo de las regiones de Donbass. Más allá de la guerra y de la constante amenaza de reinicio de los combates, la destrucción que ha causado la guerra en la infraestructura, la industria o la agricultura (con muchos de los campos minados) no parecen ser un aspecto a tener en cuenta a la hora de comenzar el proceso de creación de estructuras de Estado y recuperación de la economía.

En sentido negativo, este conjunto de circunstancias, junto a un contexto favorable para el desarrollo del contrabando, incluido el bloqueo ucraniano, ha favorecido el avance de la corrupción y el desarrollo del crimen organizado. También las “duras” milicias separatistas, hasta hace poco pobremente dirigidas y disciplinadas, son propensas “a actuar como señores de la guerra y a la criminalidad”. También lo son los batallones voluntarios y las unidades que controlan puestos de control oficiales o extraoficiales en lado ucraniano, aunque el informe prefiere no profundizar en ello.

El ICG reconoce, sin duda, que algunos de los aspectos que demostrarán el compromiso de Kiev con el proceso de Minsk tienen que ver con la definición del estatus especial para lo que llama “las partes separatistas de Donetsk y Lugansk”, así como con las elecciones locales en estas áreas bajo la legislación de Ucrania tras la aclaración de su situación especial. Pero no dedica ni un párrafo a precisar en qué aspectos Ucrania podría mejorar el tratamiento de esta cuestión. Un aspecto que se desprende con total claridad del informe del ICG es su completo desinterés por la autonomía del Donbass o por el bienestar de sus ciudadanos.

Para justificar esta posición tendenciosa, el informe del ICG insiste en que “los separatistas carecen de amplio apoyo social”. Aunque detalla los errores de la política de Kiev en esta materia, según el grupo pro-occidental todo podría resolverse con algún elemento de reintegración a Ucrania de la población del este: “El gobierno de Kiev necesita urgentemente trabajar en un plan de contingencia de largo alcance para hacer frente a este problema”, dice. Palabras vacías que no especifican medida alguna y que no tienen en cuenta siquiera los efectos de la guerra, el bloqueo económico o el impago de las pensiones durante más de un año en la percepción de Ucrania que tiene ahora la población de Donbass.

El propio documento revela que el problema es más amplio. Al tratar el significado de Rusia para el Donbass, cita a un líder principal de la RPD que señala que “nuestra gran atracción al principio era la creencia de que les llevaríamos a la Federación Rusa”. Otro pequeño empresario consultado señala, respecto al referéndum de mayo de 2014, que “todos mis vecinos pensaban que estaban votando para convertirse en parte de Rusia”. Él no era adverso a incorporarse a Rusia, “con sus buenas pensiones, una corrupción “moderada” y, aún más importante, “una vida normal”. El ICG reconoce que ha habido pocas o ninguna protesta popular seria contra las autoridades locales en los territorios de la RPD o la RPL. Aun así, ni siquiera se plantea la posibilidad de que la población de Donbass no desee regresar a Ucrania.

CbVPmvQVIAAq6IaEl bloqueo ucraniano

Otro aspecto que el ICG no considera en sus justos términos es que Rusia ha sido una de las partes que mayor compromiso práctico ha asumido en el desarrollo de los acuerdos, apostando claramente por Minsk. Lo que hace optimista, o incluso inverosímil, el escenario de plena y estricta aplicación del acuerdo de Minsk es sobre todo la posición de bloqueo por la que ha optado Ucrania.

El ICG reconoce que el gobierno de Kiev no ha sido capaz de aprobar las enmiendas constitucionales necesarias para desarrollar la descentralización y el estatus especial permanente para Donetsk y Lugansk y es renuente a aceptar una amnistía generalizada para los separatistas. Ha habido pocos avances en lo que Minsk prevé como intercambio de prisioneros “todos por todos”. Las partes siguen discutiendo sobre elecciones locales inclusivas, bajo supervisión internacional.

En este punto, el ICG sabe que Kiev juega con total ventaja, imitando el apoyo al proceso de paz, mientras que, de hecho, mantiene la esperanza de su ruptura, como señala el Centre for Political Conjuncture (CPC), vinculado a Surkov.

El ICG reconoce que Poroshenko es cada vez más consciente de la intensa oposición a Minsk del establishment político de Ucrania y, como consecuencia de ello, de la propia población. Algunos miembros influyentes de la coalición gobernante de Ucrania están presionando duro para su propia versión de un conflicto congelado. Se trataría en esencia de cerrar la frontera durante dos o tres años, obligar a Moscú a asumir el pago de la reconstrucción y el mantenimiento de las entidades e impedir a las poblaciones, que vinculan en gran medida a lo que denominan separatismo pro-ruso, participar del proceso de reconstrucción del estado ucraniano en estos momentos claves de cambio.

A pesar de ello, el ICG prefiere criticar que Moscú esté dispuesto a situar en Kiev la responsabilidad respecto a los próximos pasos a dar, situando en exclusiva en Rusia el riesgo de que el proceso de Minsk pueda convertirse en un sustituto de un verdadero arreglo. La responsabilidad básica recae en el Estado responsable en última instancia del conflicto, Ucrania.

Es, de hecho, la posición de Ucrania la que explica el cambio de actitud de Rusia en el Donbass al que se refiere el ICG. Ante el bloqueo de Kiev, la posición rusa no podrá centrarse [afortunadamente para el Donbass] en los estrechos márgenes del acuerdo de Minsk. Tendrá que moverse probablemente entre la línea realista que define el CPC, que pondría freno al proceso y dilataría el acuerdo para dentro de unos tres a cinco años, y la pesimista que habla un conflicto congelado “durante muchos años si no para siempre“. Es esta realidad la que explica que haya algún punto de razón en la tesis del ICG de que, en referencia a las Repúblicas Populares, la política actual de Moscú en el este de Ucrania “parece más probablemente orientada a reforzar a esas entidades que a prepararse para el desmantelamiento que prevé el acuerdo de Minsk”.

Putin como responsable último

En última instancia, el ICG refleja un evidentemente resentimiento contra un Estado, Rusia, que ha sido capaz de imponer su superioridad militar en algunas zonas de Ucrania, con constantes “recordatorios de Moscú de que se puede reducir o aumentar a voluntad la acción militar a lo largo de la línea de separación”.

Y es en Vladimir Putin en el que se centran las acusaciones de fomentar la inestabilidad en Ucrania para evitar su alejamiento de la órbita de Moscú. La acusación no puede ser más directa en el documento del ICG: “Los indicios de que Moscú está examinando simultáneamente varios resultados posibles no son nuevos en la Rusia de Vladimir Putin. La improvisación es una parte inherente de su proceso de toma de decisiones. Algunos analistas rusos prominentes, en público apoyando resueltamente a su presidente, dicen que no es ni un táctico ni estratega, sino un fatalista, tomando decisiones audaces pero no informadas y embarcándose en cursos de políticas de riesgo sin conocer plenamente adónde llevarán. Tal improvisación ha contribuido a unas 10.000 muertes en Ucrania y podría costar más sin una pronta, clara resolución del problema”.

En un artículo en el que defiende que Putin es una amenaza mayor para la existencia de Europa que el ISIS, el principal promotor financiero en los orígenes del ICG, George Soros, reinterpreta esta cuestión y realiza un símil entre Siria y Ucrania que permite entender mejor lo que hay detrás del documento objeto de análisis. Según Soros, “Putin es un táctico dotado, pero no es un pensador estratégico [] No hay razón para pensar que intervino en Siria para agravar la crisis de refugiados, pero una vez que vio la oportunidad de acelerar la desintegración de la UE, se agarró a ella. Ha tratado de ocultar sus acciones al hablar de cooperar contra un enemigo común, Isis. Ha seguido una aproximación similar en Ucrania, firmando el acuerdo de Minsk, pero fallando a la hora de aplicar sus disposiciones”.

Según Soros, la Rusia de Putin y la Unión Europea están comprometidos en una carrera contra el tiempo en la que la pregunta es cuál va a colapsar primero. Ahí es donde aparece la lógica subyacente de la política de sanciones que promueve el ICG y lo que desearía conseguir con ella. Soros la resume así:

El régimen de Putin se enfrenta a la quiebra en 2017, cuando una gran parte de su deuda externa madure, y la agitación política puede estallar antes que eso. La popularidad del presidente, que sigue siendo alta, se basa en un pacto social que requiere que el gobierno garantice la estabilidad financiera y un lento pero constantemente creciente nivel de vida. Las sanciones de Occidente, junto con la fuerte caída en el precio del petróleo, obligarán al régimen a fallar en ambos casos”.

El déficit presupuestario de Rusia está en el 7% del PIB, y el gobierno tendrá que reducirlo al 3% con el fin de evitar que la inflación entre una espiral fuera de control. El fondo de seguridad social de Rusia se está quedando sin dinero y debe fusionarse con el fondo de infraestructura del gobierno a fin de poder ser repuesto. Estos y otros acontecimientos tendrán un efecto negativo sobre los estándares de vida y las opiniones de los electores antes de las elecciones parlamentarias de este otoño”.

Según Soros, la manera más eficaz por la que Rusia –el régimen de Putin- pueda evitar el colapso asociado al mantenimiento de la política de sanciones es haciendo que la UE colapse antes que Rusia. La carrera por la supervivencia, en Siria o en Ucrania, enfrenta así a la UE con la Rusia de Putin. Frente a esta realidad, los ataques a Europa de los terroristas yihadistas del ISIS, por muy aterradores que sean, no tienen punto de comparación con la amenaza que emana de Rusia.

Llegados a este punto es cuando acaba perdiendo sentido cualquier intento de análisis racional de los hechos. Soros interpreta que el objetivo real de Putin es fomentar la desintegración de la Unión Europea, y la mejor manera de hacerlo es inundar Europa con refugiados sirios. Cuando se abandona el mundo de la razón, lo que impera al final es la sensación de locura.

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Comentarios

2 comentarios en “El International Crisis Group señala a Putin

  1. La pregunta que no se hace el ICG es: ¿qué pasaría en Donbass si Rusia les abandona? Creo que ya todos lo sabemos, con los de Pravy Sektor campando a sus anchas, tomando venganza por los compañeros caídos, abusando de la población civil, apoderándose se los bienes… sería una limpieza étnica en toda regla.

    La política de Putin es expansionista, eso está claro, pero también es la de la OTAN, y la de los Estados Unidos. Si todos juegan al mismo juego, ¿por qué no con las mismas reglas?

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    Publicado por Juan | 17/02/2016, 10:25

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