Entrada actual
Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, Minsk, Rusia, Ucrania

Cuando el colegio es felicidad

Artículo Original: Yulia Andrienko

Asfalto gris, edificios grises. Así es como se ve Donetsk este diciembre. Pero la falta de nieve no cancela las vacaciones de Año Nuevo ni siquiera en la zona gris. ¿Y qué vacaciones serían sin los niños?

Pronto por la mañana, nos dirigimos hacia Trudovsky con el equipo de voluntarios de Elena Potapova. Tenemos nuestro propio san Nicolás, Eduard Krasnikov, que es cierto que se parece más a Santa Claus, y a Snegurozhka, la residente de Trudovsky Irina Petrovskaya. Es Ira quien ha preparado los disfraces de los personajes. Y es fácil para mi imaginarla poniendo un lazo alrededor de una escoba para hacerlo más real. Cose mientras al otro lado de la ventana los malos espíritus destruyen su Trudovsky natal con bombas. Ira, en su soledad, cose. Esta es la mejor forma que tiene de no volverse loca. Y así ha hecho los disfraces de San Nicolás para Eduard, que de repente se sorprende.

“¿Qué tipo de sombrero es ese? ¿Católico? No me voy a poner eso, no me obliguéis”, se queja Eduard, que parecía tan blando y delicado, pero de repente se ha hecho un purista. Eduard aparta el sombrero que ha hecho Snegurozhka. Entonces Irina encuentra el verdadero sombrero de Santa Claus: de algodón, también hecho a mano, y la barba. Y se parece a más Santa Claus que a Ded Moroz, pero a los niños no les importará. Lo principal son los regalos.

Nuestro Ded Moroz tiene su propio chófer. Alexander Steperov sirvió en su juventud en la marina, después trabajó durante 26 años en la mina y en 2014 se alistó como tanquista. Conoció a Givi y a Motorola y ahora no se sienta en casa: se dedica a llevar a soldados heridos a Rusia a recibir tratamiento, ayuda a los niños de Donetsk, planta árboles en el jardín botánico, se encarga de las tumbas de los milicianos y responde siempre y sin pedir nada a cambio a las peticiones de llevarnos a ver a los niños de la zona roja. Sasha es muy callado y es Irina la que me cuenta que su casa en Trudovsky fue destruida y que su familia se vio obligada a alquilar un piso.

Regalos de Ucrania y Rusia

Nuestro coche está hasta arriba de regalos, cosas para entregar a los niños separadas en bolsas e incluso paquetes de caramelos. “Todo esto lo he comprado gracias a gente corriente de Rusia, a una mujer de Kiev llamada Nastia y a Elena Novikova, de Orel. Nos han ayudado a comprar más de cien regalos. Además, esta no es la primera vez que ayudan a la gente de Donetsk”, explica Elena. “No vamos a decir el apellido de Nastia, ella ya asume un riesgo al ayudar a los niños de los terroristas y separatistas”.

Los niños ya nos están esperando, Snegurozhka ya les había avisado de antemano. Pero, de camino, hacemos algunas paradas para ver a a quienes no pueden venir por sí mismos a la fiesta.

En la cama hay una niña que parece tener de nueve o diez años, con unos dedos atrofiados que parecen patas de pájaro. Marina tiene parálisis cerebral y en realidad tiene 21 años, pero nadie lo diría. Sonríe feliz al ver a nuestro grupo. Pienso en cómo estará aquí cuando empiezan los bombardeos, si no puede ni correr al sótano ni esconderse en una zona segura.

“Coge mi guante mágico y todos tus deseos se cumplirán”, dice nuestro Eduard en su gracioso abrigo y barba de algodón. Se ha metido tanto en el papel que por un momento parece que será capaz de hacer cumplir el deseo de Marina de correr sobre sus piernas. Le entregamos caramelos, un oso de peluche y ropa de abrigo.

Cuando el colegio es felicidad

En el centro de Trudovsky ya nos esperan más o menos ciento veinte niños. Todos ellos están ansiosos por contarnos sus deseos, leen poemas que han escrito y se agarran al guante de nuestro Ded Moroz. Y de repente nos entregan toda una pila de cartas en las que algunos piden que en su calle haya internet, los más pequeños piden coches y muñecos y los más mayores piden teléfonos móviles. Otro simplemente pide nieve y un árbol de Año Nuevo.

Es verdad que nuestra procesión se hace un tanto extraña sin nieve, pero obstinadamente seguimos con el ritual de bailar alrededor del árbol y cantar “Elochka”. Snegurozhka reparte rápidamente los caramelos.

Una de las niñas pequeñas se queda mirando a nuestro Eduard y con entusiasmo y expresividad le lee un poema de Pushkin. Eduard escucha atento, sin interrumpirla.

“Al final del año, los niños escribieron cartas a Ded Moroz”, dice Elena Nikolaevna, profesora del colegio número 103. “Lo que piden es que paren los bombardeos. En mi clase solo tengo niños de la guerra que no recuerdan el silencio. Una niña, después de un bombardeo, repetía sin cesar: «quiero vivir, ¿por qué nos están matando? ¿Qué les hemos hecho?» A primera vista, no son diferentes de otros niños, pero eso solo es la superficie. Son más serios, más independientes, son capaces de disfrutar de las pequeñas cosas. Una vez hice una pequeña encuesta en la que les pregunté qué harían si tuvieran la opción de no ir al colegio. Casi todos respondieron que seguirían acudiendo. ¿Cuántos niños así han visto? Otros niños estarían felices yendo a jugar al parque. Pero para ellos esto es una oportunidad de vivir una vida mínimamente normal. El colegio 104 está destruido, los niños vienen a estudiar a nuestro colegio, se levantan de noche y vienen hasta aquí con sus mochilas, como pequeños gnomos”.

Nadie se esconde

Pregunto a los niños qué quieren ser de mayores. Dicen que militares, médicos, veterinarios e incluso algún periodista.

“Mi hija Arisha nació en 2015, no conoce el silencio. Solo nos marchamos a Petrovka (el distrito Petrovsky de Donetsk, también en la línea del frente) con los ataques más terribles contra Trudovsky”, explica Yana, una de las madres. “Nuestros hijos ya no prestan atención al fuego de armas automáticas y ametralladoras. En general, todos se han acostumbrado a ello. Salvo que sea muy fuerte a partir de las cinco, ya no nos escondemos. Pero escriba, por favor, que no podemos conseguir un trabajo porque apenas hay transporte que llega hasta aquí”.

El marido de Yana estaba en el ejército, pero tras Debaltsevo le dio un ultimátum: o la familia o la guerra. Y eligió la familia. Ahora trabaja en carga y descarga por 7700 rublos. Es difícil imaginar cómo sobrevive la familia.

Arisha abraza a su hermano Daniil por detrás para protegerle del viento helado. “Quiero ser bombero”, dice Daniil. “Pero ahora quiero que acabe la guerra. Eso es lo más importante. Después, será posible todo lo demás. Al menos que no disparen en las fiestas”, dice seriamente Daniil, de 14 años, que confirma lo que ha dicho su madre. “Hace tiempo que no nos escondemos en el sótano, solo si vuela algo fuerte”. Daniil coge a su hermana de la mano y se le lleva a casa. Observo cómo se marchan. ¿Qué será de ellos? ¿Encontrarán su sitio en el futuro? La felicidad que ahora conocen se limita a un par de caramelos. Y la nieve, esa que tanto se espera, porque puede transformar un poco esta zona gris.

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

Reportes del frente archivados.

Registro

enero 2020
L M X J V S D
« Dic    
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031  
Follow SLAVYANGRAD.es on WordPress.com

Ingresa tu correo electrónico para seguir este Blog y recibir notificaciones de nuevas noticias.

Únete a otros 22.100 seguidores

Estadísticas del Blog

  • 1.334.863 hits
A %d blogueros les gusta esto: