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En memoria de una masacre

Artículo Original: Andriy Manchuk

En el contexto de una serie de continuos escándalos sobre los comentarios antisemitas de oficiales, diplomáticos, educadores y “activistas” nacionalistas, los diputados de Kiev han decidido celebrar el aniversario de uno de los pogromos más grandes de la historia de Ucrania. Los diputados del Consejo Municipal de Kiev han decidido celebrar el 250 aniversario de Koliivschina, una revuelta de campesinos en la margen derecha de Ucrania que se produjo en 1768 y causó la muerte de decenas de miles de personas. Por ejemplo, en el transcurso de una única masacre, en Uman fueron asesinados alrededor de 10.000 judíos, polacos y greco católicos, así como 2.000 ucranianos ortodoxos sospechosos de simpatizar con el enemigo.

El asesinato masivo de civiles inocentes -principalmente judíos- tomó, en esos días, una escala verdaderamente terrorífica. “La masacre fue tan grande y tan terrible que la sangre de los asesinados subía por encima del umbral de la sinagoga. Después, los vándalos se llevaron de la sinagoga todos los rollos de la Torá, los extendieron en las calles de la ciudad y los pisotearon. Los cuerpos de miles de judíos estaban esparcidos por la ciudad. Fueron sometidos a crueles torturas: fueron apuñalados, descuartizados, ejecutados en la rueda. Bebés eran arrebatados a sus madres y torturados en la rueda. Uno de los asesinos apuñaló en el mismo bloque a varios centenares de judíos. Sus cuerpos se convirtieron en presa para los cerdos y los perros. La masacre se extendió durante ocho días. Tras un tiempo, [Ivan] Gonta decretó la prohibición de proteger a ningún judío, quien desobedeciera sería decapitado”, describió, elocuentemente, un judío que vivió aquellos tiempos.

Los nacionalistas ucranianos consideran que esta tragedia es una fecha memorable, que se celebrará oficialmente en la capital el 29 de mayo. Y si la victoria contra el Nazismo es, para ellos, una ocasión para la hipócrita reconciliación (ese el nombre oficial de la fiesta nacional del 8 de mayo, Día de la Memoria y la Reconciliación), el asesinato masivo de los judíos de Uman se recuerda sin remordimiento alguno. “Kiev conmemorará solemnemente el 250 aniversario de Koliivschina. La ciudad albergará numerosas actividades culturales, educativas, históricas y prácticas dirigidas a la intensificación de la educación patriótica de la juventud en la memoria de la lucha por la liberación del pueblo ucraniano. Cómo se hablará de la memoria de las decenas de miles de judíos brutalmente asesinados durante la revuelta de Koliivschina es algo que la Rada de Kiev no ha comentado”, afirmó, con triste ironía, el director del Comité Judío Ucraniano Eduard Dolinsky.

Los defensores de celebrar Koliivschina lo califican como una revuelta contra la opresión de la nobleza polaca, que oprimía a los campesinos ucranianos e intentaba convertirlos al catolicismo por la fuerza. Además, la masacre de Uman y de Lisyanka fueron reflejadas por Taras Shevchenko en el poema Haidamaki, considerado un clásico de la literatura ucraniana. Sin embargo, la injusticia y la crueldad de los polacos no puede justificar la posterior masacre. Es más, quien más sufrió fue la población civil de poblaciones polacas. Pero los judíos fueron asesinados con el único propósito del robo y la violencia, especialmente porque no ni siquiera tenían la ocasión de oponer resistencia.

La historiografía soviética siempre insistió en ese punto: al hablar de las causas sociales de la revuelta, en la plurinacional Unión Soviética no se justificaba el asesinato por motivos étnicos ni religiosos. Al mismo tiempo, la tradición del nacionalismo ucraniano literalmente se deleita en el asesinato de extranjeros, también en la celebración de la cultura popular. Es más, no es ningún secreto que los seguidores de Petliura, cuyo asesinato se conmemorará en Ucrania el 25 de mayo, se inspiraron en Koliivschina, hasta tal punto que tomaron el nombre de Haidamaki. Y los organizadores del pogromo de 1941 en Lviv también apelaron a las “gloriosas hazañas” de la masacre de Uman.

“En la historia de Ucrania hay una serie de puntos de los que cualquier persona decente se avergonzaría al recordar. Entre ellos está la colaboración con los Nazis, Koliivschina y los pogromos contra los judíos de los atamanes de Petliura. Pero ha pasado algo sorprendente y ahora lo tenemos todo en la corriente patriótica dominante. Es una razón de orgullo y la base de la formación de la identidad nacional. Y luego se hacen los sorprendidos y nos reprochan que odiamos todo lo ucraniano. No, señores, vosotros llamáis ucraniano a todo lo que odiamos”, escribió el periodista de Kiev Vyacheslav Chechilo.

Básicamente, la mayoría nacionalista del Consejo Municipal de Kiev, dominado por representantes de Svoboda, ha instaurado en Ucrania la celebración oficial del “día del pogromo”. Al fin y al cabo, la experiencia de la implementación práctica de la ideología del nacionalismo ucraniano se limita al pogromo, la violencia y la limpieza étnica: ya sea en los pogromos de Proskurov, la masacre de Volinia o los ataques contra la población romaní que ahora se producen con impunidad racista en Kiev. Y sí, ahora están intentando construir, sobre la base de esta experiencia, la identidad nacional de las nuevas generaciones de ucranianos, lo que puede llevar a nuevos crímenes basados en la animosidad y el odio étnico.

La amenaza es más que real en estos momentos. El 18 de mayo, las principales organizaciones judías de Ucrania, incluyendo el Congreso Judío Ucraniano, la Confederación Judía de Ucrania, el Comité Judío Ucraniano, el Congreso de Comunidades Religiosas ucranianas, el Fondo Judío de Ucrania, Hillel, la Asociación de Prisioneros de Guetos y Campos de Concentración y gran parte de las comunidades judías de Ucrania han emitido un comunicado conjunto “para expresar la profunda preocupación por el aumento de incidentes, muestras de antisemitismo, xenofobia e intolerancia, en particular los ataques contra la población romaní”. Apoyan también la reciente carta de congresistas estadounidenses, que expresaron su preocupación por las persistentes muestras de antisemitismo y negación del Holocausto que sistemáticamente se observan ahora mismo en Ucrania.

Sin embargo, estos hechos no pueden preocupar solo a la población judía. La conmemoración de sangrientas masacres debe preocupar, en primer lugar, a todos los ucranianos, sobre los que se trata de imponer esta vergonzosa conmemoración. Esta tragedia debería ser un día de luto, para que nadie pueda repetirla en el futuro.

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