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Bombardeos, Crímenes de guerra, Ejército Ucraniano, Pervomaisk

“Ojalá hubiera muerto”

Artículo Original: Dunya Sheremeteva / Littlehiroshima

850489_600“El bombardeo empezó a las dos de la tarde. En cuanto empezó, corrí a abrir el sótano. Ella se estaba preparando para ir mientras yo corría al sótano y entonces una bomba explotó debajo del nogal y otra impactó contra la pared. Todo se colapsó. La oí gritar. Fui corriendo y vi una pila de escombros que lo cubría todo. Incluida a ella. Estaba enterrada bajo los escombros, cubierta de sangre”.

El 6 de diciembre de 2014, Iraida Alexandrovna Korneyeva se encontró bajo el fuego de las bombas en su propia vivienda en la ciudad de Pervomaisk. Es su marido, Alexey Mijailovich, junto a la pared del quinto piso donde viven.

En esa escalera solo quedan tres familias. El resto se han dispersado a los cuatro vientos. Su mujer no consiguió llegar al sótano a tiempo, así que acabó enterrada entre los escombros en su apartamento. Justo delante de la puerta.

Ambos hablan despacio. Los dos han envejecido. Él habla más; ella a veces trata de intervenir pero en general se mantiene callada, con las manos cubriendo sus ojos.

“Señor. Todo su cuerpo estaba cubierto de moratones: el pecho, el estómago, todo. Estaba tirada bajo los escombros, cubierta de piedras. Llena de sangre. La saqué de ahí y la llevé abajo. Llamamos a la ambulancia, que la llevó al hospital. Pasó cuatro días en cuidados intensivos”.

Y ella añade, despacio y casi en silencio:

“Y después, tres semanas en la planta de trauma”.

“Entonces también disparaban contra el hospital”.

En urgencias se siguió operando bajo las bombas. Arriesgando sus vidas, los médicos y paramédicos, los pocos que quedaron, siguieron salvando vidas.

“No lo puedo explicar. Tenía tanto dolor. Aún lo tengo. Aquí, aquí (señala su pecho y su estómago), todo dentro duele”.

Y entones la mujer se remanga abruptamente el vestido y muestra un cuerpo que ya no es joven, cubierto de cortes y moratones. Me impresiona y aparto la mirada.

“Todo el estómago está cubierto de moratones como estos”.

Él señala la sien.

“También le hirieron ahí. Tuvieron que operarle la cabeza. Todo estaba roto”.

“¿Le operaron en Rostov?”

“No, aquí. En Pervomaisk. ¿Dónde si no?”

Ella se toca también la sien:

“Lo volvieron a coser, también me cosieron la boca. Tenía la mandíbula rota. Perdí una oeja.

Se toca la oreja y mira al suelo.

“También la nariz quedó dañada. Gotea todo el tiempo. Siempre necesito tener un pañuelo conmigo. También los ojos. Y la cabeza no está bien. Se me olvida todo. Me levanto de la siesta y no sé si es por la mañana, por la tarde, si he comido o no. No recuerdo nada. Cuando salgo uso bastón. Ojalá hubiera muerto”.

Hace no mucho publiqué un vídeo grabado por alguien que había luchado como miembro del Ejército Ucraniano y que había participado en los bombardeos de Pervomaisk. El vídeo muestra cómo apuntan a viviendas civiles y después disparan contra ellos. Edificios corrientes, bloques de cinco pisos. Es evidente que no están respondiendo a bombardeos de las milicias. Aunque también se dieron esos casos. Las milicias ocupaban posiciones cercanas a los edificios de apartamentos y el Ejército Ucraniano los bombardeaba. Había casos así, no se puede cerrar los ojos a los hechos para idealizar a nadie.

Pero también se dieron casos de bombardeos deliberados de edificios de apartamentos. Es terrible pensar en ello. Muchos siguen teniendo miedo de creer que ocurrió. Pero docenas de personas vieron cómo las bombas impactaban en lugares en los que no había posiciones militares.

Y tampoco se puede justificar todo como falta de puntería.

Ese vídeo lo muestra todo. Está claro a qué están apuntando. Se ve cómo las bombas agujerean las paredes de los edificios, igual que en la primera foto. Se puede ver a qué apuntaban.

Alguien escribió comentarios diciendo que no sabemos dónde se grabó. Pero la población local reconoció inmediatamente las calles y los edificios.

Llegué a Pervomaisk en diciembre de 2014, cuando los bombardeos eran tan potentes que la población no había salido de sus casas en seis meses. Cuando no había nadie en las calles.

No hay un solo edificio que no haya sufrido de alguna manera por los bombardeos.

Esa fue mi primera experiencia personal con la guerra. Lo que más me impresionó fueron las lágrimas de los mayores, que no podían acabar de creer que alguien “de los suyos” pudiera estar disparándoles.

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