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“Una explosión. Eso fue todo”

Artículo Original: Yevdokia “Dunya” Sheremetyeva / Littlehiroshima

Pervomaisk, febrero de 2015.

Pervomaisk, febrero de 2015.

–Salté a las tres de la mañana. Los milicianos me pararon por el camino: “¿Dónde va? ¡No se puede pasar por aquí!”. Ya había llegado hasta el puente, con ella en brazos. ¿Qué querían decir con que no se podía pasar por ahí? Ella se va a volver loca y él sangra sin parar. Le dejé en el hospital. Mientras le operaban, vine andando hasta aquí, a Pervomaisk. Y esperé con ella hasta las 3. Esperaba calmarla un poco. Los bombardeos no son tan fuertes por la noche. Y aun así fui. Conocía el camino. Por esta ruta (la señala en el mapa). Sabía que allí había francotiradores. Se equivocan cuando dicen que las bombas no caen dos veces en un mismo lugar. Estoy cubierta de quemaduras. Me noqueó, no podía oír nada. Me curaron un oído en Rostov, pero del otro no puedo oír nada. No oigo mucho por ahora.

Cuando llegamos la primera vez, no sabíamos mucho de esta familia. Ruslan nos había contado que había un niño que había resultado herido en la cabeza y necesitaban ayuda. Cuando llegamos, conocimos a una abuela con una preciosa niña en brazos. Mi primera pregunta debería haber sido si la madre necesitaba ayuda. Pero cuando vi a Seriozha se me nubló la mente.

Por algún motivo me recordó inmediatamente al protagonista de la película “Bienvenido o la entrada no está permitida” [Добро пожаловать, или Посторонним вход воспрещен (1964), dirigida por Elem Klimov-Ed], que repite constantemente: “bueno, ¿qué estás haciendo aquí?”, aunque algo más pequeño. Con grandes orejas y mucha gracia.

Pero un momento después, comenzó a parecerse al chico tímido de Karlsson, que sueña con tener un perro, quiere a su hermana y golpea los charcos con un palo para que el agua salpique por todas partes. Me he inventado la parte del perro y los charcos, pero de alguna forma le pega. Igual que los gusanos, insectos y casas en el árbol, todo lo que realmente necesita un niño.

–Seriozha, ¿qué te pasó?

Seriozha se encoge de hombros y mira al suelo.

–Hubo una explosión. Y ya está.

Garfield me mira desde su camiseta y, confuso, Seriozha no sabe qué decir. Una explosión. Eso fue todo.

– ¿Perdiste el conocimiento?

La abuela y él hablan  a la vez.

–No­.

Y entonces Seriozha añade:

–Entonces empezó a caer sangre y corrí al sótano. La abuela estaba arriba.

No mira a los ojos en ningún momento, sino que mira de reojo. La débil sonrisa no desaparece de su cara. El 28 de julio de 2014, Sergey resultó herido en la cabeza en uno de los bombardeos ucranianos en Pervomaisk. Lo llevaron a Rostov, donde fue operado. La cicatriz de la cara es de una de esas operaciones.

– ¿De qué te operaron, Seriozha?

–No lo sé, de la nariz  o algo así.

Su abuela, Elena Fyodorovna Chernyshevskaya, se une a la conversación.

–Tenía un agujero ahí. Tuvieron que hacerle un injerto. Ahora se está desprendiendo. Necesitará otra operación.

La abuela extiende las manos y muestra alrededor de la nariz del niño. Seriozha sonríe mientras mira sus manos. Seriozha aún tiene metralla en la cabeza, pero no puede ser extraída porque ese tipo de operación es demasiado peligrosa para un niño. Diana salta del regazo de su abuela mientras Seriozha huye de nosotras a otra habitación. La abuela continúa:

–Un profesor me dijo que el fragmento se disolvería por sí mismo. ¿Se lo puede imaginar? ¡Disolverse! Es de metal, ¿cómo puede alguien decir eso?

Seriozha padece fuertes dolores de cabeza. Y la cantidad de medicinas que toma le producen vómitos. Su abuela lo cuenta. Cuenta cómo sacó a los niños durante los bombardeos. Sin poder siquiera vestirse. Cómo esquivó la metralla.

–Después de eso, Diana no habló en cuatro meses. Se sentaba y se cubría la cabeza.

Con cuidado, pregunto por su madre.

–Su madre murió de un ataque al corazón dos años antes de la guerra. Su marido le pegaba. A mí me dieron la custodia.

Ahora me arrepiento de haber hecho la pregunta. La abuela continúa:

–Bueno, no pasa nada

552792_600Le caen las lágrimas. Por detrás, Diana corre por el pasillo, coloca un juguete y comienza a bailar a su alrededor. Seriozha mira con su extraña sonrisa desde la puerta. Diana bailaba y bailaba mientras él mirada por el rabillo del ojo a esos extraños a los que nadie había invitado.

–Lo hemos perdido todo.

Por algún motivo pregunto:

– ¿Dónde hirieron a Seriozha? ¿Aquí?

– ¿Aquí? No. Nos dieron este piso gracias a Olga Igorevna (Ischenko, la actual alcaldesa de Pervomaisk). El nuestro estaba en el número 8 de la calle Makushkina. Y, ya sabe.

Makushkina no me dice nada. Absolutamente nada.

–No soy de Pervomaisk…

–Quedó destruida en febrero cuando estábamos en Rostov. Una semana antes de que regresáramos. Mi vecino salió a fumar por la noche. Y una bomba impactó contra el edificio. Había venido de Popasnaya. La explosión le tiró y perdió el conocimiento. El 8 de febrero a las 23:06.

Algo me viene a la cabeza de repente. Me giro hacia Zhenya y Ruslan.

– ¿Eso no fue cuando el alto el fuego?

Repentinamente recordé el momento en que más miedo hemos pasado en Donbass, cuando llegamos a Pervomaisk. Entonces todos vivían escondidos en los sótanos. El primer día del alto el fuego, cuando el Ejército Ucraniano golpeó el centro de la ciudad con Grads. Lo primero que recuerdo es una casa. Me llevaron allí y permanecí junto a ella un largo tiempo. Intentaban sacarme de allí, había que salir de allí, era peligroso. Pero no podía.

En el tercer piso, había sobrevivido un baño, justo en la esquina. Se veían las tuberías y cepillos en el suelo. El espejo aún seguía colgado en la pared, esperando a su dueño. Ese día es uno de los que más me han marcado en la vida. Recuerdo todos los detalles. Todos. La estantería. La maldita estantería.

–Sí, en febrero. Les visitamos. Me he acordado de la casa en el centro de la ciudad. Quedó destruida poco antes de nuestra llegada. Sobrevivió parte de un baño.

Elena Fyodorovna llora amargamente.

–Esa era nuestra casa.

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Comentarios

Un comentario en ““Una explosión. Eso fue todo”

  1. Chapeau por Dunya. Además de la tarea de abastecer, tiene encuentros de calidad y calidez con la parte más frágil y civil de la pelea. A menudo miramos la tragedia como haría su recuento un militar: muertos, heridos, nivel de destrucción, servicios públicos en marcha, solidez de las líneas de frente,.. Dunya recoge miradas, lágrimas o labavos colgando, y los envuelve en un plieguecito de su corazón. No creo que sea propaganda de guerra, son ejemplos de vidas afectadas o truncadas que se recobran como puedan. Lista inacabable del daño colateral. Ah! y me encanta la mesura del pueblo trabajador ruso, sobrios de lenguaje y de gestos sentimentales.

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    Publicado por Gotzon | 29/01/2016, 18:02

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