Entrada actual
Alto el fuego, Batallon Aidar, Crímenes de guerra, Donbass, Limpieza étnica, LPR, Lugansk, Novorossiya, Testimonio, Ucrania

Las vidas quemadas en la nieve de Lugansk

Artículo original de Vauro Senesi, enviado a Pervomaisk (este de Ucrania) en Il Fatto Quotidiano, 27/12/2014

14185547175921Al lado de la calle, las zonas de nieve helada, sucia, compiten por el espacio con cráteres ennegrecidos por las explosiones. “Pervomaisk”, Primero de Mayo, está escrito en la señal, también acribillada por la metralla de los obuses, a la entrada de esta ciudad a pocos kilómetros de Lugansk, la capital de esa autoproclamada República Popular, en la región de habla rusa del Donbass. Nos detenemos en un espacio rodeado de edificios de viviendas de estilo soviético, cuadrados, de siete u ocho pisos. Pero su geometría monótona se ve interrumpida, repleta de grietas en las paredes de las que parecen surgir restos de lava fosilizada.

Una de las grietas es tan grande que atraviesa la estructura, dejando ver al otro lado de las paredes renegridas por el fuego un pedazo de cielo gris. “Ahí vivía una madre con sus tres hijos…”. Se acercan cuatro mujeres de mediana edad, abrigadas para el frío. “No queda nada de ella ni de sus hijos. La explosión los ha desintegrado a todos”, dice una de ellas, Irina, señalando al abismo. Lo cuenta sin que de su expresión se escape emoción alguna. El dolor, la conmoción, el miedo, tal vez todas las emociones de Irina se han quemado, reducidas a escombros como la ciudad en la que sigue viviendo.

Antes de la guerra, contaba con 25.000 habitantes; ahora quedan menos de 8.000. La mayoría han buscado refugio en Rusia. Ya no hay electricidad, ni agua corriente. La central eléctrica, el suministro de agua, todo ha sido destruido por los bombardeos. “Pero, ¿por qué no se va?, ¿por qué no huye?” Irina sacude la cabeza, resignada y obstinada. “Esta es nuestra tierra”. “Pero, ¿cómo sobrevive aquí?” “Los cosacos nos traen comida cuando hay. Cuando no tienen suficiente, sufren privaciones por nosotros”. Toda esta zona está defendida por la Guardia Nacional Cosaca del Gran Ejército del Don. “Sólo ellos piensan en nosotros. Europa arma al ejército ucraniano que nos está bombardeando. ¿Por qué? También nosotros éramos ucranianos”.

El traqueteo jadeante de un motor interrumpe el arrebato de Irina. Una vieja y maltrecha camioneta entra en el patio serpenteando entre los coches quemados, los montones de basura y el cúmulo de escombros. Como atraídas por un señuelo, otros grupos de mujeres salen de los edificios medio destruidos, portando cestos para botellas y cantimploras de plástico. La camioneta se detiene. En la puerta, pintados a mano, una estrella roja y el símbolo de la paz. El conductor es un hombre aún más viejo que la media. Delgado, el rostro enmarcado por una larga barba blanca, sobre la cabeza un sombrero con un emblema del Ejército Rojo. Saluda a las mujeres con una sonrisa y les ayuda a llenar botellas y cantimploras con agua potable de la cisterna de plástico montada sobre la carrocería de la camioneta. La primera línea del frente se encuentra poco más allá de estos edificios. Una mujer que empuja un cochecito con un bebé adentro cruza la carretera, atravesada a unos cincuenta metros por una trinchera protegida por troncos de árboles, bolsas de arena y una garita fortificada con vigas de madera de la que sale una ametralladora. Es el puesto más avanzado para la defensa de Pervomaisk, atendido por un cosaco armado.

14185547007222Oculto tras una casa bombardeada, hay montado un pabellón de plástico, debajo de él se quema un poco de madera un barril oxidado. Es el turno de Roman para calentarse. Extiende sus manos, entumecidas por el frío, hasta el brasero de fortuna, disfrutando de un poco de calor y de silencio. “Hace tres días que tenemos silencio”, nos dice, esbozando la sombra de una sonrisa a través de la barba fina y rubia que le cubre las mejillas. “Después de treinta y dos días en los que hemos estado sin cesar bajo el fuego de la artillería”. Román tiene 28 años, pero parece más joven, a pesar de las ojeras de cansancio grabadas en su rostro o el traje de camuflaje que viste, y el Kalashnikov que cuelga del hombro.

Roman no sabe cuánto tiempo va a durar el silencio, tampoco sabe cuánto tiempo más durará la guerra. “Queremos la paz pero en nuestro pedazo de tierra. Reunirse con Ucrania ya no es posible. El Ejército de Ucrania ha disparado contra su propio pueblo. Sólo queda resistir hasta el final”. Es de la Resistencia de lo que habla Roman. “En contra de los nazis de por ahí…”. Señala con su brazo la línea del frente. “Por ahí, está el Batallón Azov de la Guardia Nacional de Ucrania. Llevan la esvástica en su uniforme. ¿Cómo es posible que Europa les apoye?”.

Azov, Aidar, Donbass-Dnepr, Dnepr-1, Dnepr-2, son los batallones compuestos por voluntarios de extrema derecha integrados en las fuerzas regulares de Ucrania y financiados, a la par que el grupo neofascista Pravij Sektor [Sector Derecha], por el oligarca Igor Kolomoisky, el riquísimo y potente gobernador de la región de Dnepropetrovsk, que, además del ucraniano, tiene también pasaporte chipriota e israelí. Roman sonríe de nuevo mientras nos saluda con el puño levantado. “¡No Pasarán!”. Es el saludo de los republicanos de la guerra de España, que, entre los cosacos, ha encontrado nueva vida, volviendo por desgracia a tener sentido y a hacerse habitual. “¡No Pasarán!” repite Roman, como si quisiera tranquilizarnos también a nosotros.

“люди”, escrito en grandes letras con pintura blanca, una palabra que en ruso significa “GENTE”, se repite a menudo pintado en casas y escuelas. Es un aviso de que hay civiles, no combatientes, un intento de protegerse contra el fuego de los bombardeos. La palabra la vemos de nuevo en la pared de una casa quemada mientras dejamos Pervomaisk para continuar nuestro viaje por la destrucción en dirección a Novosvetlovka, por la carretera que conduce al viejo aeropuerto.

20141228_fq-vauro-lugansk00люди, la gente. Es a las personas a las que esta guerra parece castigar sin parar. Hemos dejado Lugansk, atravesado Stakhanov, Pervomaisk, y en todas partes hemos visto escuelas, hospitales, fábricas, centrales eléctricas, puntos de bombeo de agua destruidos. De manera sistemática se ven afectadas todas las estructuras que resultan vitales para la población de pueblos y ciudades. No es posible no ver en ello un diseño planificado de limpieza étnica. La voluntad de forzar a la “Gente” que vive y sobrevive a abandonar esta región y refugiarse en Rusia, como muchos ya se han visto obligados a hacer, convirtiendo todo lo que les rodea en tierra quemada.

Tierra Quemada es el pueblo de Novosvetlovka. Quemaron casi todas las sencillas cabañas que lo conformaban. Destruidas las tuberías de agua, la casa de la cultura, la iglesia, la escuela. Sobre las ruinas de esta última, cerca de los restos de un autobús escolar amarillo acribillado a balazos, aún se mantiene en pie un gran cartel, con retratos de niños y niñas felices bajo la leyenda “Los de la escuela son los años más hermosos”, una leyenda que suena dramáticamente irónica en este entorno.

También el hospital ha quedado reducido a un montón de escombros. El subdirector Vladimir Nikolai Svarievski intenta recomponerse. Parece avergonzado, como si fuera el responsable de esta devastación. Pero entonces se da por vencido y sus ojos se llenan de lágrimas, su boca de palabras que dan cuenta del horror que parece no querer terminar nunca. “Aquí llegaron los milicianos del batallón Aidar. Saqueos, tiroteos, fosas comunes, cadáveres profanados y desfigurados”.

Pocos son los habitantes que se han quedado en Novosvetlovka. Hay una persona mayor. “Me refugié en un sótano. Cuatro días escondido en la oscuridad, sin comida ni agua”. Un grupo de niños pequeños que esperan, al lado de un tanque incendiado, el autobús que les llevará a una escuela a diez kilómetros de aquí. “Nuestra escuela era más bonita, más grande…”, dice uno de ellos. Y hay manadas de perros. “Son muy peligrosos, cuidado”, advierte el anciano. El hambre. El estruendo de las explosiones les ha devuelto al estado salvaje. Se han convertido en bestias. Atacan a las personas. Bestias.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Reportes del frente archivados.

Registro

Follow SLAVYANGRAD.es on WordPress.com

Ingresa tu correo electrónico para seguir este Blog y recibir notificaciones de nuevas noticias.

Únete a otros 38.554 seguidores

Estadísticas del Blog

  • 1,114,919 hits
A %d blogueros les gusta esto: