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Ayuda humanitaria, Batallon Aidar, Crímenes de guerra, Guerra Civil, LPR, Lugansk, Ucrania

Los crímenes del batallón Aidar

Reportaje Original de Lur Gil, desde Lugansk, para Berria / Fotografía: Lur Gil/Ibai Trebiño
Traducción del Euskera de Nahia Sanzo

El ejército ucraniano tomó Novosvetlovka por sorpresa, sin dar tiempo a que la población pudiera huir. El batallón Aidar los utilizó como escudo humano.

novosvetlovka

La población de Novosvetlovka (Lugansk) no podrá olvidar fácilmente el infierno sufrido a finales de agosto. Allí se produjeron algunos de los combates más duros del verano después de que el batallón Aidar tomara la ciudad.

La ciudad continúa hoy completamente destrozada. Viviendas, el hospital, la escuela, la iglesia, las carreteras… todo ello está en ruinas y apenas se ve a nadie por las calles, en las junto a las casas aún permanecen los tanques. El Gobierno de Lugansk ha denunciado los crímenes cometidos por el ultranacionalista batallón Aidar en esta localidad y Amnistía Internacional también ha denunciado excesos por parte de este batallón al que acusa de detenciones ilegales, secuestros, violaciones, torturas, fusilamientos o de utilizar escudos humanos.

La llamada operación antiterrorista del presidente Petro Poroshenko logró recuperar grandes zonas antes bajo control de los rebeldes del este del país. A mediados de agosto, el ejército ucraniano logró rodear Lugansk y bombardeó la ciudad durante todo el mes. Aun así,  las milicias lograron defenderla.

El 13 de agosto, Kiev lanzó una operación que trataba de alejar a los pro-rusos de la frontera. Con el objetivo de bloquear la carretera que une a Lugansk con Rusia, el ejército de Kiev tomó Kriastsevatoe y Novosvetlovka y consiguió, por sorpresa, cerrar ese tramo de la carretera. La milicia no tuvo tiempo de movilizarse ni la población tuvo tiempo de huir de sus casas; muchos solo pudieron refugiarse en los sótanos de sus casas.

El batallón Aidar entró en la ciudad bombardeándola y pasó a utilizar los edificios públicos y las viviendas como protección mientras la población dormía. Se colocaron los tanques entre los edificios residenciales y quienes se encontraban allí en aquel momento afirman que se obligó a la población a levantar barricadas y a cavar trincheras. Los demás no tuvieron más opción que encerrarse en sus casas, en medio de la batalla entre el ejército ucraniano y las milicias de Lugansk.

La batalla allí se alargó durante quince días y dejó al menos a 126 civiles muertos de los escasos 5000 de población. Por allí debía pasar el 15 de agosto el primer convoy de ayuda humanitaria ruso, pero Ucrania seguía manteniendo bloqueada la carretera, por lo que se vio obligado a quedarse estacionado en la frontera. Al día siguiente, Cruz Roja anunció el acuerdo de paso y las condiciones de seguridad y el convoy pudo llegar a Lugansk el 22 de agosto, aunque no pudo pasar por la carretera de Novosvetlovka.

La huida del ejército

A partir del 21 de agosto, las milicias comenzaron a avanzar y recuperaron una parte importante de la ciudad, antes en manos del ejército ucraniano. La milicia no pudo usar excesiva artillería, ya que sabía que se utilizaba a la población como escudo humano, y tuvo que tomar los edificios controlados por el batallón Aidar al asalto. En la primera línea del frente, muchos miembros del ejército ucraniano se rindieron en el proceso, con lo que provocó que el frente quedara desestructurado.

Muchos soldados bajo órdenes de Kiev murieron en la batalla, muchos de ellos tiroteados por miembros del batallón Aidar. Muchos soldados del bando de Kiev luchan obligados, aunque hay también muchos voluntarios. Los generales los envían a primera línea del frente con independencia de si son o no voluntarios. La segunda línea del frente está habitualmente formada por la Guardia Nacional y la tercera por el ultranacionalista Sector Derecho, a quien se ha acusado de disparar, acusándoles de traición, a los soldados de primera línea que intentaban rendirse o desertar.

En Novosvetlovka también se han producido acusaciones similares. En los últimos tiempos, también han aumentado las deserciones dentro del ejército. Según las autoridades rusas, han sido muchos los que han huido de sus unidades y han cruzado la frontera. También han aumentado los suicidios entre las tropas que luchan en la guerra.

El batallón Aidar huyó de Novosvetlovka ante el avance de las milicias. La población denunció entonces los saqueos cometidos por el batallón: “al huir, nos robaron los coches, entraron en nuestras casas, se llevaron nuestras cosas y huyeron”, dice un residente local. Abandonaron los tanques en la ciudad, pero los quemaron antes de huir para asegurarse de que las milicias no podrían volver a utilizarlos. Quemaron también los campos preparados para la cosecha, donde quedaron minas antipersona. Un niño de la zona aún continúa en el hospital de Krasnodon porque le explotó una mina en una mano.

El infierno no terminó, para la población, con la huida del ejército ucraniano. Como cuentan ellos mismos, “los dos días siguientes fueron los más duros”. Cuando se retiraron las tropas de tierra comenzó el bombardeo, que ha dejado como consecuencia la destrucción total del pueblo. En el ataque no murió ningún miliciano, tan solo hubo víctimas civiles. Residentes denuncian que se utilizó mortero, cohetes Uragan y Grad sobre la población. Gran parte de las víctimas fueron causadas por la metralla, de la que aún quedan signos en los edificios.

El 30 de agosto, el Gobierno ucraniano culpó a las milicias de los destrozos en Novosvetlovka en un “ataque con ayuda de armamento ruso”. La población, por el contrario, no cree la versión oficial y culpa al presidente Poroshenko de los ataques contra la ciudad.

La confesión de miembros del batallón

Las acusaciones por lo ocurrido en Novosvetlovka no son las únicas contra el batallón Aidar. Rusia les culpa de dar fuego al campamento de opositores del Gobierno en Odessa el 2 de mayo, que dejó al menos 48 muertos y más de 200 heridos o de la muerte de dos periodistas rusos en la ciudad de Schastye. En Lugansk, la población afirma que el batallón Aidar practicaba detenciones ilegales. La miliciana Oxana Kiriluk, por ejemplo, afirma que la detuvieron tres hombres vestidos de milicianos que eran, en realidad, miembros del batallón Aidar. Más adelante, afirma que sufrió torturas.

El 15 de agosto, la milicia lazó un ataque sobre las posiciones del batallón Aidar en el norte de la ciudad. La milicia afirma haber destruido entre 15 y 30 tanques y que murieron al menos 40 soldados. Tres miembros del batallón Aidar, heridos graves, fueron detenidos. Desde entonces, han recibido tratamiento en el hospital local y el pasado martes fueron entregados al ejército ucraniano.

En una charla con una serie de medios, entre ellos BERRIA, uno de los miembros del batallón Aidar admitió que se producen crímenes de guerra, pero dijo no haber visto ninguno. “Quienes hagan esas cosas merecen ser fusilados”. También se siente engañado por el Gobierno y por la operación antiterrorista: “nos dicen que los rebeldes son terroristas, que pegan a las mujeres y a los niños. Al venir aquí veo las mentiras del Gobierno. Han empezado esta operación antiterrorista para provocar la lucha entre hermanos, para dividir a los eslavos”.

La  actitud con respecto a los rebeldes del este se ha endurecido recientemente en Kiev. Desde el inicio de la guerra, Kiev ha conseguido una unidad contra Rusia sobre el eje nacionalista. Muchos no esconden su ideología nacionalista e incluso luchan bajo simbología nazi. Tienen como héroe y como símbolo al nacionalista ucraniano Stepan Bandera, que luchó con Hitler y contra la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial. Bandera es también la principal inspiración del partido ultraderechista Svoboda. Muchos otros tienen como lema “la unión de la nación ucraniana” y luchan por ello en el este. Así lo expresa otro de los presos del batallón Aidar: “Soy nacionalista ucraniano y quiero seguir siendo nacionalista ucraniano. Quiero una Ucrania unida y por eso estoy luchando”.

Además del batallón Aidar, se acusa a otros muchos batallones de cometer crímenes de guerra. Junto con Aidar, los batallones Azov y Donbass con los que más acusaciones acumulan. Se les acusa de utilizar bombas de racimo prohibidas por las convenciones internacionales y las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk exigen a la OSCE y a la Unión Europea que deje de alinearse con Kiev e investigue las acusaciones.

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