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Andrei Stenin: Intentaba sonreír más…

Fotografía de Lena Danya

“Intentaba sonreír más porque estaba paralizado por el miedo”

Artículo original de TV-Zvezda.ru

Fotografía de cabecera de Lena Danya

El corresponsal del periódico ruso KP Alexander Kots ha publicado una serie de extractos del diario del fotoperiodista de la agencia “Rossiya Segodnya” fallecido cuando cubría la guerra en Donbass. Compañeros periodistas encontraron su cuerpo en un vehículo calcinado cerca de Dmitrovka. 


PALABRAS DE UN CAMARADA

En 2011, la web de RIA News publicó su potente crónica desde la zona de combate de Libia. En aquel momento, el fotógrafo Andrei Stenin ya era sobradamente conocido en un pequeño círculo de reporteros de guerra. Pero pocos conocían que algún talento tenía escribiendo.

– ¿Por qué dejaste de garabatear?—le pregunté.

– La fotografía es más sincera…

Pero cada vez que nos encontrábamos en situaciones de tensión, volvía a coger el bolígrafo. En su blog escribía con bondadosa ironía sobre cosas que daba miedo mirar. A su muerte, Andrei dejó gigas de fotografías sinceras. Y cientos de líneas, una visión genuina sobre la guerra.

Alexander KOTS (“KP”)


SOBRE LA PROFESIÓN

Cada vez tengo más claro que hay que filmar la guerra. Me he perdido la mitad de la historia mientras cambiaba el objetivo de la cámara. ¿Y qué pasa con el ruido de las bombas? Y las carreras apresuradas vestidos con chalecos antibalas. No son nada fotogénicos, aunque están ahí el 90% del tiempo.

Cuando nada te molesta, puedes dar un paseo y sacar fotos, nada parecido a cuando corremos como locos en el yihad-móvil de Motorola entre los disparos de los tanques. En realidad, solo puedes empezar a pensar en la velocidad de obturación, apertura, composición y demás cuando llegas a algún sótano. Pero ahí está oscuro y no hay ninguna historia que grabar.

¿Cómo puedes filmar la lluvia de bombas incendiarias? No lo fotografié. Y los chicos con cámaras grabaron un gran video. Y eso que fue durante el día.

Lo más importante en nuestra profesión es hacer la foto de  bomba y entregar las fotos al consejo editorial antes de que la explosión y la onda expansiva lleguen al resto del mundo.

LAS SEÑALES

Cuando es  “whe-ew”—“bang”— te ha sobrevolado una mina o una bomba y explota detrás de ti. Y cuando es “bang”—“whe-ew”—la mina ha explotado cerca, ha saltado metralla mientras tú estás escondido fumando un cigarro. Y cuando no oyes nada, es que todo ha acabado para ti.

Otro signo reciente: si por accidente golpeas tu cámara o cámara de vídeo con el pie, deberías tocarla como si le pidieras perdón. Si no, se romperá en el peor momento posible.

LOS RIESGOS

Llegamos a una piscifactoría. El día anterior, la milicia había tomado un con elegancia y vigor un puesto de control de carretera. Tanques, morteros, morteros, tanques. Nada de eso tiene interés ni marca la diferencia.

Lo primero que vamos en un blindado ardiendo en un foso. ¡A grabar! Encantados, los hombres de televisión saltan y disparan con sus cámaras. Un chaleco antibalas, ¿pero esto qué es? Soy yo, que un chico cobarde, poniéndome el uniforme como me enseñaron mis padres. Solo entonces empiezo a caminar por ahí dándole al botón y ganándome el sustento como buenamente puedo. Filmo cada bote de tomates, la sartén tiroteada, una caja de munición desde varios ángulos, tiendas de campaña a la moda, iconos. Algunas trincheras. Lo entiendo, tenemos poco tiempo.

Y todo ese tiempo, las estrellas de la tele han estado mirando fijamente al blindado, al que todavía le sale algo de humo.

“Mi amigo Syoma Pegov. Que no os confunda la otografía. A los quince minutos, esta zona fue bombardeada. Murieron soldados y civiles. Do not be daunted by the blessedness of this picture. Fifteen minutes later, this place was shelled. Fighters were killed—simple and good guys. Respect red microphone. Respect our work.” Photo by Andrey Stenin.

“Mi amigo Syoma Pegov. Que no os confunda la felicidad de la fotografía. A los quince minutos, esta zona fue bombardeada. Murieron soldados y civiles. Buena gente. Respeto al micrófono rojo. Respeto a nuestro trabajo” . Fotografía de Andrei Stenin.

“This is my friend Syoma Pegov. Do not be daunted by the blessedness of this picture. Fifteen minutes later, this place was shelled. Fighters were killed—simple and good guys. Respect red microphone. Respect our work.” Photo by Andrey Stenin.

De repente, empieza un alboroto en las afueras. Algo retumba en el bosque. ¡La maldita música de la guerra! Cohetes o minas, disparados un par de veces, así de fuerte. Me escondo en un hoyo, como un cachorro. Los chicos de la tele corren como cucarachas escapando de una zapatilla. ¡De ninguna manera!, me digo a mí mismo. No espero conseguir ningún premio. Corremos al coche y luego ya veremos.

Nos arrastramos por el barro. Arrancan los motores, válvulas, aceite. La próxima estación de servicio está muy lejos. Los ganadores de premios corren en cabeza. Intentamos alcanzarles y recoger a los pobres desgraciados. ¡Seguramente no! Corren a toda velocidad, imposible alcanzarles. Sin armadura, luces, manos abajo. Uno de ellos se tropieza con un alambre del ejército ucraniano y acaba con la cara negra. Es tremendamente gracioso, pero para nosotros no tiene ninguna gracia.

EL DÍA A DÍA

Por la mañana, desaliñados, los residentes del lugar acuden con cubos a un estanque cubierto de plantas que antes hacía de piscina. Cocinan patatas que comen con bacon. Semen Pegov lava sus camisas y pantalones exquisitos en un cubo de zinc y con un trozo de jabón. De vez en cuando viene algún visitante extranjero, esos reporteros y sus armaduras recién estrenadas, y entonces, todo el pueblo sale a ver esa maravilla.

Por las tardes hay ruidosas peleas por las mujeres. Los corresponsales, con sus ropas grasientas, se pasean por el patio al estilo Nozdryov (personaje de “Almas muertas”, de Nikolai Gogol) y discuten con los descuidados empleados del lugar. La sopa de repollo hierve en la olla. En las casas, la gente lee posts de Facebook a la luz de las velas. Mikhail Fomichev escribe poemas a regañadientes. Las golondrinas cantan. Los transportistas discuten dónde conseguir grano, gasolina, etc.

LA TRAICIÓN

Desde luego, los más concienzudos son los más capaces de traición. Esos fotoperiodistas, que se creen que les ha contratado los landsknechts (mercenarios), son suficientemente de fiar: tocan tierra y saben cuál es la zona común, no tienen falsas ilusiones, saben que todos estamos hechos de lo mismo.

Pero los ideólogos son los verdaderamente peligrosos. Están en las nubes y valoran los premios más que la vida humana.

Durante la guerra en Osetia, un colega nos acusó de comer carne enlatada en frente de los hambrientos habitantes de Gori (Georgia). Era muy escrupuloso. No preguntó cuándo habíamos comido por última vez y, por supuesto, él mismo decidió cuánta hambre tenían los residentes de Gori.

El otro compañero se negó a acoger a un chico que realmente estaba en peligro. Una pena.

Pensó, a quién le importa…

SOBRE UN COLEGA CAÍDO

Ayer murió ese reportero italiano. Le conocí una vez en Libia. Esto es lo que escribí hace tres  años:

“Dos fotógrafos se arrastraban como insectos hacia la colina, tratando de grabar a los ametralladores. Ni siquiera dispararon, porque les estaban disparando desde un tanque. “No es mi guerra”, me dijo un italiano. “¿Qué coño estamos haciendo aquí?”, bromeé. Ese día, yo intentaba sonreír más porque estaba paralizado por el miedo.

Corrimos. Luego volvimos. Después volvimos a correr. Los combatientes actuaban de la misma manera. La guerra es agotadora. Miraba cómo el sol se metía en el horizonte. No podía sacar fotos por la noche, así que eso me daría el derecho de salir corriendo de una vez por todas”.

SLAVYANSK

Slavyansk perdió su alma sin agua ni suministro eléctrico. Acabamos rodeados de piojos y enfermedades. Al principio nos bañábamos en la piscina, pero con tantos cuerpos sin lavar, acabó infestada de algas, sapos y culebras.

Todos juraban y perjuraban que habían visto personalmente a los equipos reparando las instalaciones eléctricas o a los cazadores de cocodrilos con sus redes. No perdíamos la esperanza, pero mientras nos lavábamos los pies con Borzhomi (agua mineral) y limpiábamos los retretes con crema.

Hoy, Slavyansk es la zona cero. De vez en cuando, un micrófono rojo cruza las calles oscuras. Y luego, nada. Vacío.

Nos salvó un milagro. Fue un asombro y una suerte. Fuimos los últimos en salir.


Poco antes de su trágica muerte, Kiev había acusado al fotoperiodista de Moscú de torturar y asesinar a un prisionero de guerra ucraniano. Pero el soldado en cuestión sigue vivo.

Fotografía de Andrei Stenin

Fotografía de Andrei Stenin

El 31 de Julio, cerca de Donetsk, Andrei estaba por delante del resto durante la patrulla con la milicia. Después del combate, se quedó con Andrey Panasyuk, un paracaidista ucraniano, que había pisado una mina. El soldado estaba en el suelo, retorcido de dolor: la metralla le había herido en la espalda y le había cortado un pie. Andrei tomó una serie de fotografiáis del soldado y las envió a su editor. Resultaron ser las últimas fotografías que tomaría. Al verlas en internet, los oficiales de seguridad ucranianos se apresuraron a anunciar que Andrei Stenin estaba involucrado en “la tortura y asesinato de un soldado ucraniano”. Además, una de las fotografías llevó a los comandantes de Panasyuk a pensar que había sido asesinado tras el interrogatorio.

Unos días después, apareció un vídeo en el que se mostraba a Panasyuk cuando le cosían la pierna. Resultó que Panasyuk, brutalmente torturado por la milicia, estaba vivo y recuperándose. Buscando a Andrei, los periodistas rusos visitaron al soldado en el hospital. Él era, después de todo, el último que había visto a Stenin con vida. Existía la posibilidad de que Andrei hubiera sido capturado por culpa de esas fotos. Esa teoría también fue investigada.

María, la madre del soldado, afirmó que se había enterado de las lesiones de su hijo por accidente: estaba viendo un vídeo del interrogatorio de su hijo en internet y así se enteró de que estaba vivo. Panasyuk fue intercambiado por milicianos y ella lo encontró en un hospital. Los periodistas rusos sugirieron a Panasyuk que escribiera una carta a la madre de Andrei. El paracaidista escribió unas líneas.

92e06b06abd7b1b7291021d7a92f72bd“A la madre de Andrei Stenin del soldado Andrei Panasyuk. Quiero hablarle de su hijo. Aunque apenas recuerdo el momento en que me hirieron, su hijo ni me pegó ni me torturó. Solo estaba haciendo su trabajo como fotógrafo. Siento lo que ha pasado. Creo que algún día habrá paz”.

Andrei Stenin 22/12/1980—06/08/2014.

Andrei Stenin 22/12/1980—06/08/2014.


El equipo de SLAVYANGRAD.es envía sus condolencias a las familias de Andrei Stenin, Andrei Mironov, Anton Voloshin, Igor Kornelyuk, Anatoly Klyan y Andrea Rocchelli, todos ellos fallecidos mientras cubrían el conflicto.

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