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Donbass, Ejército Ucraniano, Extrema Derecha, Fascismo, Guardia Nacional, Nacionalismo, Ucrania

La solución a todos los problemas

Artículo Original: Andrey Manchuk

El Consejo Municipal de Kiev ha apoyado la iniciativa del partido de extrema derecha Svoboda y ha aprobado una resolución según la cual los colegios de la capital comenzarán el día cantando el himno de Ucrania. Lo cantarán antes del comienzo de las clases tanto alumnos como profesores. Se otorga el control de esta decisión a la Comisión Permanente de Educación, Familia, Ciencia y Deportes, responsable de la distribución del presupuesto en la esfera educativa. Así que podemos estar seguros de que las instituciones educativas de la capital realizarán en rito pese a que esa imposición forzada no está escrita en ninguna ley ucraniana. En realidad, contradice varios artículos de la Constitución de Ucrania. Por no mencionar el derecho a la opinión, dignidad y libertad.

De hecho, la obligación de cantar el himno ya existe en los colegios de Kiev, por ejemplo en el número 275, que lleva el nombre de un miembro de “ATO” que murió en Donbass. La práctica ha desmostado que es inútil resistirse, ya que cualquier intento de protesta es considerado un insulto a los sentimientos patrióticos, con las consecuencias que ello conlleva no solo para los niños sino también para sus padres, sometidos a serias conversaciones. Es difícil evadir las obligaciones patrióticas y los escolares ucranianos se han visto obligados a participar en numerosos actos militaristas por séptimo año consecutivo. Y quienes intentan apartarse suelen ser objeto de presión y acoso.

Comentando la polémica decisión de la Administración Municipal de Kiev, el diputado Maxim Buyansky lo comparó con los actos oficiales de la etapa soviética. Así que los ucranianos que luchan contra los sovok aplican un estereotipo de las prácticas sovok, esas que demonizan de forma hipócrita. Sin embargo, yo, que estudié en una escuela soviética de Kiev, recuerdo que cantábamos canciones alegres antes de clase durante el calentamiento del deporte y nunca cantamos el himno de Mijalkov, ni el de El Reguistán, ni el de Alexandrov por la mañana. Tampoco el animado himno de la República Socialista Soviética de Ucrania, cuya letra hablaba de la “bonita y fuerte” Ucrania. Puede que eso causara cierta sorpresa y objeción de parte de la ciudadanía.

Los nacionalistas modernos introducen en el país prácticas totalitarias que no existían en tiempos soviéticos. Y como la sociedad está dispuesta a acertarlo sin reacción, pueden ir más allá: hasta las marchas de antorchas tantas veces comentadas. Es más, hace tiempo que las marchas nacionalistas atraen a los escolares de la capital, para los que están abiertos también los campamentos “infantiles” militaristas en los que se les enseña una ideología xenófoba e inhumana y habilidades con las armas. Nada de eso recuerda a la Unión Soviética sino a un país de Centroeuropa a mediados del siglo XX en el que esos rituales eran activamente practicados en las escuelas. Su atmósfera se explica perfectamente en el famoso libro de Lion Feuchtwanger “Los hermanos Opperman”, que narra la historia de un escolar presionado hasta el suicidio por la brutal persecución de los Nazis.

Sin embargo, hay un rayo de esperanza. La obligada interpretación del himno de Ucrania alienará del nacionalismo a muchos adolescentes, que tienen la tendencia a sentir la falsedad hipócrita y a odiar lo que se les impone desde arriba. Los propios patriotas ucranianos son conscientes de ello. “Ya he leído varias reseñas sobre la obligación de cantar el himno de Ucrania. Pero nadie quiere hablar de la sustancia. El actual himno de Ucrania contiene actitudes derrotistas, arcaicas, pasivas e inútiles, destroza la pasión moderna y es dañino, especialmente para la conciencia de los escolares. Cuando se canta en algunas vacaciones, se puede ignorar. Pero cuando lo canten los niños de Kiev, que no son estúpidos, pensarán sobre ello. Que canten, puede que comprendan lo inútil y sin sentido de ese himno”, escribió el publicista Serhiy Datsiuk.

Desarrollar un pensamiento crítico puede llevar a los escolares ucranianos a más descubrimientos sorprendentes y puede que aprendan hechos de los que no se les ha hablado en el colegio desde hace mucho tiempo. Pueden sorprenderse, por ejemplo, al saber que el autor del himno de Ucrania era el estudiante de la Universidad de San Petersburgo Pavel Chubisky, partidario de las ideas socialistas demonizadas y prohibidas por la actual Ucrania. Los gendarmes de la Sección Tercera escribieron sobre los miembros de su círculo: “actúan con la intención de promover el socialismo y el comunismo entre la gente y, según algunos, aspiran a afectar negativamente la conciencia de la juventud”. En otras palabras, Chubinsky nunca fue un nacionalista, abogaba por relaciones de igualdad entre las naciones y después del exilio vivió muchos años en Rusia, donde se hizo famoso por su investigación etnográfica de los pueblos de Pomor y Karelia.

El autor del himno de Ucrania hizo méritos para acabar en la lista negra de filósofos, escritores y científicos sometidos a la represiva ley de descomunización según la autorizada conclusión del Instituto de la Memoria Nacional. Es más, la lista incluye ya a otra conocida Narodnik rusa, Vera Zasulich, que cantó la canción ucraniana Ще не вмерла antes de atentar contra el alcalde de San Petersburgo Trepov. Como saben, más adelante fue una de las primeras marxistas rusas, tradujo los trabajos de Marx y Engels, mantuvo correspondencia con Lenin, participó en las actividades del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso y colaboró en la redacción de Iskra. No hay ninguna contradicción en ello: al fin y al cabo, en tiempos de Chubinsky y Zasulich, el futuro himno ucraniano era una canción de jóvenes estudiantes sin ninguna connotación chovinista. Han tenido que pasar muchos años para que los herederos ideológicos de Mijonovsky y Dontsov puedan apropiarse de él.

Pero falta mucho para que se consiga llegar a comprender esas cosas. El Gobierno ucraniano diligentemente impone sobre la sociedad una línea oficial. Así, el Parlamento ha organizado un grupo de trabajo dirigido por el presidente Razumkov para preparar y adoptar una propuesta sobre el nuevo escudo para Ucrania y para legislar el uso y protección de los símbolos del Estado. El país sufre una seria crisis y una guerra y las autoridades son incapaces de solucionar los más inmediatos problemas socioeconómicos que afectan a los ciudadanos. En lugar de eso, el Parlamento comenzará a diseñar un nuevo escudo, que probablemente pronto cuelgue de todos los colegios ucranianos. Y después tendrán que protegerlo de los propios niños, hartos de cantar constantemente el himno.

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