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Cuando la incitación al odio se convierte en la norma

Artículo Original: Andrey Manchuk

El Gobierno ucraniano no hace nada contra la incitación al odio, con lo que priva al país de esperanzas de paz. Durante las vacaciones, los patriotas ucranianos han incrementado la lucha contra el legado culinario soviético y han explicado que la ensalada Olivier te convierte en un vatnik [nacionalista ruso] que se traga la propaganda del Kremlin. Como alternativa a la comida del enemigo, aparentemente hay que servir la comida ideológicamente correcta que ya ha aparecido en los mercados ucranianos y que da la razón a John Maynard Keynes, que teorizó que la demanda siempre da lugar a la oferta.

Alexander Gramarchuk, activista nacionalista de Vinnitsa y antiguo participante de “ATO”, introdujo para el Año Nuevo la producción de carne en lata con canibalistas nombres adecuados a los gustos patrióticos: “Separs en salsa agria”, “Separs en aceite”, “Regimiento inmortal”, “Pollo ortodoxo”, “Memoria de los abuelos” y “Separs de Lugansk” (“envejecido”). En este caso, en el logotipo de las latas aparece una cruz gamada sobre el fondo de una bandera roja, obviamente para dar aún más hambre a los consumidores nacional-conscientes.

Gramarchuk está promocionando activamente su marca de carne enlatada con nombres humanos en las redes sociales, especialmente porque la administración de Facebook no ve ninguna violación de las normas morales ni estándares éticos. Miles de nacionalistas publicarán felizmente en sus perfiles imágenes sobre los “separ” con crema y mantequilla, posts a los que acompañarán con ingeniosas bromas sobre el tema del canibalismo. Y cientos de miles de personas en los territorios fuera de control de Kiev verán esta locura y sacarán obvias conclusiones sobre las perspectivas de reunificación con esta Ucrania europea y democrática.

Cualquier sociedad normal reaccionaría inmediatamente a tales provocaciones para evitar la incitación al odio. Es más, el marco legal existente en Ucrania permite al Estado presentar cargos contra quienes vendan estos productos. Gramarchuk es consciente de sus responsabilidades, ya que ha participado activamente en política y se ha llegado a presentar a las elecciones locales por el partido del expresidente Petro Poroshenko, “Solidaridad Europea”. Sin embargo, los poco conscientes sovoks sabotearon miserablemente al veterano de “ATO” y solo le dieron el 4% del voto. Entonces decidió dedicarse a la restauración.

Las autoridades han optado por ignorar completamente el polémico tema de la “carne de separs en lata”, aunque ya ha aparecido, no solo en la prensa ucraniana, sino también en la internacional, y ha sorprendido por su salvajismo. Al fin y al cabo, hacer como que se come la carne de sus compatriotas tal y como pretende Gramarchuk debe de ser un paso a Europa directamente desde el paleolítico, cuando las tribus de cazadores recolectores consideraban normal comer carne de sus similares. Pero este comportamiento no parece combinar muy bien con los valores europeos modernos, esos que la ideología oficial de la Ucrania post-Maidan dice seguir.

“Hay reglas para todo, todo tipo de ay, ay, ay, no es ético hacer eso. ¿Qué? ¡Nada! ¿Se ha molestado alguien en denunciar a la policía a este guerrero de la luz? ¿Alguien lo ha denunciado ante un tribunal por incitar al odio? No, no y no. Porque nadie cree que se fuera a tener en cuenta. ¿Pero han reaccionado las autoridades ucranianas? La respuesta también es no. ¿Por qué? Porque hace tiempo que el Estado ha olvidado el marco legal. Está dominado por una derecha fuerte, el partido de la guerra y Nazis para los que este tipo de juegos es la norma. El eslogan “Zelensky vendrá y pondrá las cosas en orden” suena ahora como una forma de reírse a la cara de quienes le votaron en las elecciones. El equipo Ze no va a cambiar nada. Al contrario, las cosas siguen empeorando”, escribió la bloguera Elena Bloja.

Es verdad que los “separ” en lata no representan nada fundamentalmente nuevo. Los ejemplos del verdaderamente patriótico canibalismo han sido parte de una sistemática política de deshumanización de todo el que se opone al nacionalismo ucraniano. Ya antes de Maidan, el infame Kryivka de Lviv ofrecía “moskalis fritos”, algo que, tras 2014, se convirtió en una tendencia de moda.

“No es un caso aislado. En realidad, podemos hablar de una tendencia de deshumanización que ha aumentado fuertemente desde 2014. Ese año, cerca de la Casa de los Sindicatos de Odessa, donde el 2 de mayo docenas de personas fueron quemadas vivas, se colocó una barbacoa que se reía de la memoria de aquellos a los que los nacionalistas ucranianos llamaban “colorados quemados”. Después, la administración de la pizzería New York Street Pizza, en el centro de Chernivtsi, colocó en la puerta un cartel con un cerdo pintado con los colores de la bandera rusa y tachado. En Kiev, artistas nacionalistas organizaron la exposición “Cuidado con los rusos”, en la que los actores que representaban a personas rusas estaban sentados en jaulas y hacían como si atacaran a los visitantes. Los niños de una escuela de Nikolaev también recibieron comida con nombres más que cínicos: “compota con la sangre de bebés rusos” o “galletas tanques hacia Moscú”. Es más, según los alumnos, los nombres fueron sugeridos por los profesores”, escribió el publicista Dmitry Kovalevich.

“En la feria, en una mesa la que chicas con camisas bordadas y flores en el pelo vendían “tartas de queso Moskal”, “pastel Bandera”, “Dulces Lyashko en Donbass” y se regalaba “sangres de bebés rusos” (compota de cerezas)”, escribió con emoción al describir una feria el canal de televisión ucraniano Inshe.tv.

Pero la situación en la sociedad ha cambiado. Ahora esos “separs en aceite” parecen un reto directo a Volodymyr Zelensky, que patéticamente apeló en su discurso de Año Nuevo a la unidad del pueblo ucraniano y ofreció que no hubiera división entre vatniks y banderistas. El miembro del ejército de Poroshenko Gramarchuk abiertamente ha provocado al jefe de Estado, le ha entregado carne humana y, si el presidente se traga este insulto a Donbass, dejará en evidencia toda su retórica ante la población del sudeste del país. Y se enterrarán así todas las esperanzas de paz y unidad.

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