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2 de mayo, Donbass, Donetsk, DPR, Intercambio prisioneros, LPR, Rusia, Ucrania

Esperado intercambio de prisioneros entre Rusia y Ucrania

Tal y como se esperaba desde hacía varias semanas, Rusia y Ucrania realizaron el pasado sábado el gran intercambio de prisioneros que llevaba un tiempo negociándose. Tras una falsa alarma el viernes anterior, cuando la prensa de Kiev dio por hecho que era entonces cuando iba a realizarse, el intercambio de produjo finalmente el 7 de septiembre, cuando dos aviones oficiales de Rusia y Ucrania volaron entre Kiev y Moscú transportando cada uno a 35 personas. Aunque no se trata del primer intercambio de prisioneros entre Rusia y Ucrania desde que comenzó la crisis diplomática entre los dos países y la guerra en Donbass, sí es el más importante, tanto por el número de presos liberados como por el alto perfil de algunos de ellos.

Utilizando el adjetivo “histórico”, la prensa internacional ha mostrado las imágenes del intercambio, centrándose principalmente en las imágenes de Kiev, sin añadir ningún análisis del contexto y sin profundizar en absoluto en la situación. Es más, gran parte de la prensa internacional se ha conformado con afirmar que Ucrania había entregado a 35 ciudadanos rusos, una muestra más de la falta de rigor que los medios han mostrado en su cobertura de la crisis ucraniana y de la guerra en Donbass. Aunque evidentemente es más sencillo asumir que Ucrania únicamente entregó ciudadanos rusos a Rusia que explicar por qué ciudadanos ucranianos optaron por ser entregados al “país agresor” (en un acto que, por parte del Estado ucraniano es, en realidad, una forma de destierro), el avión ruso trasladó a Moscú a catorce ciudadanos rusos -algunos de ellos, procedentes de Crimea, con doble nacionalidad y originariamente ciudadanos de Ucrania-, un ciudadano moldavo y 20 ciudadanos de Ucrania. De los 35 prisioneros liberados y enviados a Rusia, tres son mujeres, todas ellas de nacionalidad ucraniana.

Ha pasado desapercibida para la prensa occidental la entrega de Vladimir Tsemaj, capturado hace unas semanas por los servicios especiales de Ucrania en su vivienda en Snezhnoe, RPD, y acusado de haber participado en el derribo del Boeing de Malaysian Airlines en el verano de 2014. El acusado había sido puesto en libertad bajo fianza, con lo que se daba por hecho que había sido introducido en las listas de intercambio. Aunque parece evidente que, de tener alguna mínima prueba de su participación en los hechos, Ucrania no lo habría entregado a Rusia, las autoridades holandesas han protestado por esa entrega.

Tal y como se esperaba en las últimas semanas y como era previsible desde que fueron detenidos, Rusia entregó a Ucrania a los 24 marineros capturados el pasado noviembre en el estrecho de Kerch, enviados por su entonces comandante en jefe Petro Poroshenko en un aparente intento de crear un incidente diplomático. Tras cuatro años de guerra y miles de muertos en Donbass, ese incidente, la captura de dos pequeños barcos de la Marina ucraniana en aguas rusas, debía justificar la introducción del estado de excepción en Ucrania, con el que Poroshenko buscaba mejorar sus opciones de reelección o retrasar las elecciones. El rechazo del Parlamento a aprobar las medidas de Poroshenko solo hizo posible un estado de excepción limitado y que explícitamente prohibía el retraso de las elecciones, con lo que el entonces presidente quedó aún más debilitado y los 24 soldados capturados fueron enviados a una prisión de Moscú, donde han pasado estos meses. Aun así, el expresidente Poroshenko y su entorno han querido concederse parte del crédito por la liberación de los presos, a pesar de que esa contribución haya sido inexistente.

La prensa internacional, que desde hace varios años ha perdido interés por la situación en Donbass, se ha centrado en Oleh Sentsov, cuya estancia en prisión en Rusia ha estado en todo momento acompañada por una campaña de propaganda similar a la que se realizó para exigir la puesta en libertad de Nadia Savchenko (acusada de dirigir el fuego contra dos periodistas rusos en un puesto de control en Lugansk, por lo que fue condenada en Rusia y posteriormente puesta en libertad en un intercambio de prisioneros. Ahora está acusada de intentar dar un golpe de Estado en Ucrania). Además de la prensa, también autoridades europeas, como Donald Tusk o el presidente del Parlamento Europeo, se han congratulado por la puesta en libertad del ganador del premio Sajarov. Sentsov fue condenado a 20 años de prisión en Rusia acusado de portar explosivos y preparar atentados terroristas.

Pese a la gravedad de los cargos de los que se le acusaba, tanto Ucrania como sus socios occidentales y la prensa han mantenido siempre que se trataba de un caso fabricado y no han dejado de exigir la puesta en libertad de Sentsov.

Menos presencia ha tenido, por el contrario, el caso de Kiril Vishinsky, que tras pasar un año y tres meses en varias prisiones de Ucrania, es uno de los once ciudadanos rusos (Vishinsky tiene también nacionalidad ucraniana) que llegaron el sábado a Moscú. El director de RIA Novosti en Ucrania estaba acusado de traición y de librar una “guerra informativa contra Ucrania”. A pesar de que su caso, evidentemente político, no ha tenido la trascendencia que se podría esperar del encarcelamiento de un periodista por la línea editorial del medio que dirige, Vishinsky, eufórico, mostraba su agradecimiento a su llegada a Rusia. “Sé cómo todos vosotros os preocupasteis por mí y os lo agradezco. Sentía que no estaba solo, sentía que tenía a gente que se acordaba de mí, que se preocupaba por mí. No porque yo sea Kiril Vishinsky sino porque soy un periodista”, afirmó Vishinsky a la salida del avión. El periodista mostró también su disponibilidad a regresar a Kiev para continuar el juicio y probar su inocencia. Aunque la OSCE manifestó su preocupación por la situación de Vishinsky, los quince meses que ha pasado en prisión este periodista sin más motivo que la realización de su trabajo han pasado prácticamente desapercibidos para activistas y organizaciones pro-derechos humanos.

Lo mismo ha ocurrido con el caso de Evgeny Mefedov, que tras cinco años en prisión en Odessa fue puesto en libertad hace unas semanas, cuando se conocía ya que iba a participar en el intercambio. Tampoco Mefedov ha merecido el interés de organizaciones por los derechos humanos, a pesar de la evidente perversión de la justicia que ha sufrido en estos años. Acusado sin prueba alguna de los enfrentamientos que se produjeron la mañana del 2 de mayo de 2014 en Odessa, Mefedov fue encarcelado en mayo de ese año y permaneció en prisión preventiva hasta la finalización del juicio en septiembre de 2017. En ese tiempo, los jueces dictaron en dos ocasiones que debía ser puesto en libertad bajo fianza, algo que no se produjo gracias a la presión de la extrema derecha. Todos los acusados por aquel caso fueron declarados inocentes en septiembre de 2017. Sin embargo, dos de ellos, Mefedov y Dolzhenkov, fueron inmediatamente detenidos en la misma sala en la que habían sido declarados inocentes, acusados por un nuevo caso. Desde entonces, las autoridades ucranianas han tratado de condenar a los acusados por separatismo, sin más prueba que su participación en un acto en el que se colocaron flores ante el monumento a los liberadores de Nikolaev.

Como en ocasiones anteriores, el intercambio no ha estado exento de problemas. Si en el anterior gran intercambio de prisioneros entre Kiev y Donetsk y Lugansk todos los ciudadanos rusos fueron apartados en el último momento por Irina Gerashenko, en esta ocasión se conoce al menos el caso de un preso que debía ser intercambiado y finalmente fue enviado de vuelta a la prisión de Odessa. El abogado Valentin Rybin, que hacía varias semanas había confirmado que varios de sus clientes, incluido Evgeny Mefedov, iban a participar en el intercambio, denunciaba a mitad del día que el avión ruso había partido sin uno de sus clientes, que debía haber sido entregado a las autoridades rusas y que finalmente no lo fue. Se trata de la segunda vez que este preso es apartado en el último momento de las listas de intercambio.

El día finalizó con una conversación telefónica entre Vladimir Putin y Volodymyr Zelensky en la que los presidentes de Rusia y Ucrania se congratularon por el exitoso intercambio y mostraron su optimismo y su voluntad de continuar negociando en busca de la resolución del conflicto. También la OSCE calificó el intercambio como un primer paso hacia la reconciliación entre los dos países. Ese optimismo encontró también eco en la cobertura de los hechos que ha dado la prensa internacional, que no dudó en calificar el intercambio como histórico y un primer paso hacia un posible final de la guerra en Donbass.

Las negociaciones han dado sus frutos y la consecuencia ha sido una oleada de optimismo, un optimismo desmedido que quedará en nada si Kiev sigue negándose a negociar el final de la guerra con la parte a la que se enfrenta, es decir, con Donetsk y Lugansk, y sigue insistiendo en tratar únicamente con Moscú, intentando así perpetuar la falsa idea de que Ucrania se enfrenta en Donbass, no a la RPD y la RPL sino a Rusia.

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