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Avakov, Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, Prensa, Slavyansk, Ucrania

Un caso en el que sí se ha hecho justicia

Ni inocencia ni honor

El Tribunal de Primera Instancia de la ciudad italiana de Pavía ha condenado a 24 años de cárcel al militar ucraniano Vitaly Markiv por el asesinato del fotoperiodista Andrea Rocchelli. Es el acto final de un juicio que ha durado más de un año. La sentencia se emitió después de más de cinco horas de deliberación por parte del tribunal.

Rocchelli, vecino de Pavía, murió el 24 de mayo de 2014 en las afueras de la localidad de Andreyevka, a unos pocos kilómetros de la ciudad de Slavyansk, primer punto de conflicto en la guerra de Donbass. El periodista italiano se encontraba en la zona para realizar un trabajo fotográfico sobre las consecuencias del conflicto entre el ejército ucraniano y las fuerzas opuestas al golpe de Maidan.

Según la acusación, Markiv formaba parte de una subdivisión de fuerzas del ejército ucraniano que controlaba el monte Karachun, desde cuya cima se abrió fuego de mortero contra el grupo de Rocchelli del que formaba parte el fotógrafo francés William Roguelon. En la emboscada también falleció el acompañante y traductor del grupo, el periodista ruso Andrei Mironov a quien Roguelon se refería como “nuestro fixer”. El francés, como el taxista que les transportaba, consiguió sobrevivir.

La defensa de Markiv, liderada por el político de Forza Italia Raffaelle della Valle, insistía en su inocencia. Su principal argumento es que el lugar desde donde se realizó el bombardeo estaba alejado de la colina Karachoun y que la unidad de Markiv no disponía de armas pesadas. Otro argumento presentado es que los periodistas se encontraban en la zona de combates sin portar signos distintivos y que fallecieron víctimas del fuego cruzado.

Sin embargo, el Tribunal de Pavía consideró probado que la muerte de Rocchelli fue un asesinato intencional y que Markiv facilitó la información sobre la presencia de periodistas al ejército ucraniano. Según el fiscal, Markiv estaba al mando de la milicia que disparó a Rocchelli desde la colina del Karachoun. Además del testimonio de Roguelon, resultaron claves las fotos del periodista italiano que pudieron ser recuperadas. Milicianos de la RPD se encargaron de recoger todas las propiedades, y también los cuerpos, de Rocchelli y Mironov.

En su sentencia, el tribunal italiano admite la tesis de la fiscalía según la cual no se trató de una muerte por error en un fuego cruzado sino una acción criminal premeditada. Tras parar en la entrada de Adveyevka a fotografiar a un convoy ferroviario destruido por la milicia que obstruía además la carretera y que, haciendo de frontera improvisada entre las partes, impedía el posible avance de las fuerzas ucranianas, un vecino de la localidad les señala la peligrosidad del lugar y la necesidad de huir. Poco después empieza un ataque que, además de ráfagas de Kalashnikov contra el vehículo en el que viajaban Rocchelli, Mironov y Roguelon vino seguido de un bombardeo repetido con 40-60 golpes de mortero que duró más de media hora.

El ataque se concentra de forma específica en el barranco en el que se refugian el fotógrafo y el intérprete. En su descripción de los hechos, Roguelon señala que uno de los obuses cayó encima de Rocchelli y Mironov. Antes de conseguir escapar, recogido posteriormente por miembros de las milicias rebeldes, el fotógrafo francés observó que sus compañeros yacían en el suelo, entonces sin él saber si habían fallecido o no. (La entrevista en la que Roguelon describe los hechos, el mismo día en que ocurrieron puede verse aquí).

Según el testimonio gráfico de los milicianos que recuperaron los cuerpos de Rocchelli y Mironov, el proyectil que acabó con su vida fue lanzado por un mortero de 82 mm. El ejército ucraniano, junto a los miembros de los batallones voluntarios que le acompañaban en la zona (en particular el llamado Batallón Kulchitsky, formado por participantes en los eventos de Maidan), disponían en Karachun de morteros, de 82 y 120 mm, y de algún cañón. Con ellos realizarían los primeros bombardeos de la guerra contra la población civil de Slavyansk. También contaban con la presencia de francotiradores y de unidades de reconocimiento.

En opinión de los milicianos, en un ataque masivo y preciso de obuses de mortero de 82 mm, las posibilidades de sobrevivir son prácticamente nulas. En su opinión, se trató de un ataque explícito y consciente a la prensa. Los mayores ataques ucranianos coincidían entonces, de hecho, con el acercamiento de miembros de la prensa a las zonas de mayor conflicto.

De forma llamativa, el Tribunal de Pavía rechazó tomar en consideración las circunstancias atenuantes generales planteada por el fiscal Andrea Zanoncelli que solicitaba 17 años de cárcel y amplió la condena a Markiv en siete años más. Además, el Tribunal también acordó enviar a la oficina del fiscal en Roma una solicitud, hecha por la oficina del fiscal, para abrir una investigación sobre Bogdan Matkivskyi oficial de la Guardia Nacional de Ucrania, al mando de la unidad de Markiv, considerado igualmente involucrado en el asesinato de Rocchelli. Matkivskiyi es actualmente diputado del Bloque Petro Poroshenko.

Las asociaciones periodísticas que se habían personado en el juicio como partes civiles, la Federación Nacional de la Prensa Italiana y la Asociación Lombarda de Periodistas consideran que la sentencia hace justicia: “La nuestra es una contribución a la verdad sobre la muerte de quienes perdieron la vida para garantizar el derecho y el deber de informar e informarse“, señalan sus dos representantes, la abogada Margherita Pisapia y el abogado Giuliano Pisapia. En el caso Rocchelli, precisan que han conformado una parte civil en este proceso “para aportar nuestra contribución, sin prejuicios, al esclarecimiento de la verdad” en la trágica muerte de “un valioso periodista fotográfico que perdió la vida para garantizar, incluso en aquellos lugares donde prevalece la violencia sobre la paz y la libertad , el derecho y el deber de informar y estar informado“.

Para los padres del periodista, Rino Rocchelli y Elisa Signori, el momento sigue siendo duro: “Para nosotros aún es un momento difícil. Pero esta sentencia hace justicia a Andrea y a todos los periodistas que arriesgan sus vidas para contar la verdad“. Agradecen sin embargo el trabajo de investigación realizado en los últimos años por la fiscalía y por la policía, así como la iniciativa de aquella parte de la prensa que ha seguido con gran atención todo el desarrollo del proceso.

La audiencia final contó con la presencia de un numeroso grupo de periodistas y con equipos de televisión italianos, ucranianos y de otros países. Como era de esperar, también asistieron ciudadanos ucranianos cercanos al actual régimen de Kiev. El numeroso grupo de simpatizantes de Markiv, presentes en la audiencia final, creó momentos de tensión durante la lectura de la sentencia. El condenado se dirigió a sus compatriotas presentes en la sala al grito de “¡Gloria a Ucrania!”, grito que contó con la esperable respuesta de “¡Gloria a los héroes!”. El tumulto se extendió a los aledaños de la Sala dell’Annunciata donde la multitud de ciudadanos ucranianos asistentes al juicio, pidieron con lágrimas y a gritos “libertad para Markiv“.

Markiv, de 29 años, miembro de la Guardia Nacional de Ucrania, de la que formaba parte el Batallón Kulchitsky, se desplazó a Ucrania en 2013 para participar en el levantamiento de Maidan y posteriormente se unió a uno de los batallones de voluntarios que llevaron la guerra a Donbass. Residente en Italia desde 2002, y con doble nacionalidad italiana y ucraniana, fue detenido en 2017 al volver a Italia a través del aeropuerto de Bolonia. Estaba bajo custodia desde el 30 de junio de ese año.

Antes de conocer la sentencia final, Markiv trató de reivindicar tanto su inocencia como su honor con estas palabras: “Soy inocente y confío en la justicia italiana. Soy un soldado que siempre ha servido con honor a mi país”. Pero el tribunal italiano de Pavía no ha mostrado duda alguna ante las evidencias presentadas sobre los hechos ocurridos en Andreyevka. Y son hechos que sólo suponen condena y deshonor. No sólo para el soldado Markiv, o para la Guardia Nacional de Ucrania, también para el régimen al defienden.

En Ucrania, la indignación nacionalista no ha tardado en manifestarse. Una manifestación reunió a unas 300 personas frente a la embajada italiana en Kiev. Acompañados de cajas vacías de pizza, exigían la puesta en libertad del héroe. Desde las autoridades, el presidente Zelensky ha dado orden de trabajar en busca de la “repatriación” del soldado, mientras que el ministro del Interior, Arsen Avakov, ha manifestado que Rocchelli fue víctima de la “agresión rusa” y promete recurrir. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en Ucrania, no puede bombardear la Sala dell’Annunciata en la que delibera la Audiencia de Pavía ni enviar a sus batallones punitivos a hacer frente a sus jueces.

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