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Donbass, Minsk, Rusia, Ucrania, Zelensky

¿Por qué no ha cambiado nada?

Artículo Original: Andrey Manchuk

La extrema derecha sigue manejando la situación en el país. La demolición de un monumento al Mariscal Georgy Zhukov, que tuvo lugar en Járkov a cargo de los “activistas” del Corpus Nacional evidentemente era una acción política con un objetivo específico. De hecho, se trata de otra lucha más en la larga y épica batalla entre dos de las principales figuras políticas de Járkov: el ministro del Interior Arsen Avakov y Gennady Kernes, alcalde de Járkov, que han sido incapaces de compartir de forma pacífica la que fuera la primera capital de Ucrania.

El famoso Gepa [como se conoce a Kernes], que ha contado en los últimos años con el patronazgo de Petro Poroshenko principalmente porque el expresidente le veía como un contrapeso al ambicioso y desleal ministro del Interior, que siempre ha considerado que Járkov es de su patrimonio, decidió darse un homenaje político junto al alcalde de Odessa Trujanov con el apoyo del recién regresado Kolomoisky. Celebraban en Járkov el congreso del partido del alcalde, contra el que se dirigían los ataques nacionalistas.

El ataque contra el monumento supone un descrédito para Kernes, que en los últimos meses había prometido a sus potenciales votantes que devolvería el nombre de Zhukov a la descomunizada avenida, con la evidente esperanza de que la victoria electoral de Zelensky trajera algunos cambios en la política ideológica del Estado. Con el derribo del busto al mariscal soviético, los nacionalistas estaban entregando al alcalde un mensaje de Avakov: la situación no ha cambiado y la ultraderecha sigue teniendo carta blanca para la violencia callejera y para infringir abiertamente la legislación ucraniana.

Esta es la principal conclusión del controvertido incidente de Járkov, que no afecta a Kernes sino al recién investido presidente. El 73% del electorado ucraniano que apoyó a Zelensky en la segunda ronda de las elecciones esperaba de él pasos reales para cambiar la situación en el país. Entre otras cosas, ingenuamente habían creído que el nuevo presidente acabaría con la impunidad de la extrema derecha y pararía la descomunización al menos para que millones de personas pudieran tener la oportunidad de honrar la venerada memoria de la Gran Guerra Patria protegidos por los derechos constitucionales del Estado. Sin embargo, tras jurar el cargo, Zelensky no ha realizado cambios significativos. Los nazis siguen demoliendo monumentos y atacando a sus oponentes y la policía permanece sin hacer nada. No es ningún secreto que gran parte de los miembros del Corpus Nacional que participaron en el derribo del monumento a Zhukov eran actuales o pasados miembros de las tropas del Ministerio del Interior con los correspondientes certificados en el bolsillo.

Esto no es ninguna sorpresa. Al fin y al cabo, aunque Arsen Avakov jugó un papel en la elección de Zelensky, en parte con el uso del Corpus Nacional para ello, repetidamente afirmó que la política estatal del nuevo Gobierno no iba a cambiar la línea ideológica marcada hace cinco años a consecuencia de Euromaidan.

Y así ha sido. Los más odiosos criminales de extrema derecha siguen libres y se ven totalmente impunes, aunque hayan matado a alguien como el nacionalista de Odessa Serhiy Sternenko o los nazis que asesinaron a Oles Buzina, miembros del C14, organización que ahora colabora con éxito con el alcalde de Kiev Vitaly Klitschko. Los presos políticos siguen en prisión y la situación en Donbass solo ha cambiado a peor, con un aumento de la intensidad de la lucha y de los bombardeos en las últimas semanas [tendencia habitual antes de la firma de un nuevo alto el fuego, que se prevé para las próximas semanas-Ed].

Las relaciones con Rusia siguen en el agujero al que las condenó Petro Poroshenko y todo lo que ha hecho en este sentido Zelensky, que había prometido revivir el proceso de Minsk, ha sido volver a nombrar a quien ya representó al anterior Gobierno, Leonid Kuchma, que no consiguió resultado alguno. Tampoco ha habido ningún paso, aunque fuera mínimo, para revisar la ofensiva y discriminatoria ley sobre el uso de la lengua, con la que la mayoría no está de acuerdo, y el odioso “ministro de la verdad” Volodymyr Vyatrovich sigue manteniendo su puesto. Nadie duda de que todo esto afecta a la popularidad del partido del presidente, “Servidor del pueblo”, que ha bajado en las encuestas del 44% al 40% en solo dos semanas, con lo que la población deja claro que esperaba otras políticas de Zelensky.

El ataque al monumento a Zhukov [uno de los principales héroes de la Segunda Guerra Mundial-Ed] demuestra que el “partido de la guerra” se ha asentado con fuerza en la administración del nuevo presidente. Los nacionalistas no se defienden, atacan, en el sentido más literal de la palabra. No hay duda de que en el futuro próximo el Corpus Nacional continuará atacando monumentos y esta nueva ola de ataques a la historia afectará a otros héroes de la guerra que han sobrevivido hasta ahora a la descomunización y vandalismo. Tampoco hay duda de que Volodymyr Zelensky, de quien se rumorea que plantea poner a Avakov a cargo del Gobierno, apoyará con su silencio estas acciones no impedirá el vandalismo de la derecha.

Políticos como Gennady Kernes o Gennady Trujanov utilizarán esta situación para aumentar sus índices de popularidad. Los frustrados votantes de Zelensky que no confíen en Boyko por haber sido miembro del Partido de las Regiones [de Yanukovich] buscarán otras caras a las que votar en las próximas elecciones. El alcalde de Járkov, que abiertamente participó en la celebración del 9 de mayo y que promete rehabilitar el nombre de Zhukov, recibirá muy probablemente el apoyo de mucha gente. Por su parte, el experimentado inversor político que es Kolomoisky probablemente vea oportunidades en apoyar los proyectos de los alcaldes de Odessa y Járkov. Kernes ha prometido restaurar el destruido monumento a Zhukov y no hay duda de que será uno de los beneficiados por el vandalismo de la extrema derecha.

En cuanto a los ucranianos comunes, otra vez están desengañados con esta nueva versión del buen rey que, según esperaban, iba a castigar a quienes habían saqueado el país, iba a negarse a pagar deudas, iba a bajar los precios de los servicios básicos, iba a acabar la guerra e iba a restablecer las relaciones con Rusia. Zelensky no ha hecho nada de eso y no se ha convertido en el idealizado personaje televisivo del presidente Goloborodko sino que se presenta como una versión algo más amable de Petro Poroshenko, contra el que el país votó en abril. No hay duda de que unas de las principales razones de la caída de la popularidad de Zelensky está relacionada con la memoria histórica. Cada busto de líderes militares soviéticos o partisano que derribe la ultraderecha hará caer la popularidad de Zelensky, que no puede y no quiere parar esos ataques. Al final, toda esa población que ansiaba un cambio se dará cuenta de que, en realidad, nada ha cambiado.

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