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Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, LPR, Minsk, Odessa, Rusia, Slavyansk, Ucrania

Cinco años de guerra en Donbass

Artículo Original: Colonel Cassad

Hace cinco años se declaró la “operación antiterrorista (ATO)” en Donbass, que en realidad fue una fase de transición entre la violenta confrontación ante las protestas y la guerra civil en Ucrania. Y se trata de una guerra civil porque la gran mayoría de personas que tomaron las armas a ambos lados eran ciudadanos de Ucrania, en nuestro lado ayudados por voluntarios de Rusia y el voentorg [literalmente comercio militar, el tráfico de armas permitido implícitamente por Rusia para que las milicias de Donbass pudieran armarse-Ed] y en el lado de la junta de Kiev, por mercenarios occidentales, organizaciones fascistas europeas e instructores de países de la OTAN.

Slavyansk, tomado por el grupo de Strelkov, se convirtió en el primer punto en el que la junta de Kiev aplicó la fuerza y, hasta septiembre de 2014, trató de destruir Donbass con acciones activas ofensivas, soñando con la repetición de la operación Oluja que destruyó la Krajina. De hecho, ATO fue una declaración de guerra por parte de la junta en el poder en Kiev a los rebeldes de Donetsk y Lugansk, donde las Repúblicas Populares declararon no reconocer el golpe de Estado y que no se subordinarían a Kiev.

Fue precisamente el hecho de que ciertas regiones de Ucrania no reconocieron el golpe de Estado apoyado por Estados Unidos que se había producido en Kiev lo que llevó a la guerra civil, con la deserción de Crimea y Donbass. Se puede decir sin miedo a equivocarse que, de no ser por Euromaidan, Crimea y Donbass habrían seguido siendo parte de Ucrania con Yanukovich y, posiblemente, también con su sustituto, fuera quien fuera que, a raíz de la crisis política, hubiera llegado al poder por medio de unas elecciones anticipadas que podrían haberse realizado en 2014.

Pero como a algunos no les interesaba ese escenario, optaron por derrocar a Yanukovich y centrarse en hacerse con toda Ucrania y eliminar toda influencia rusa (algo que ahora están haciendo con éxito en las zonas controladas por Ucrania). No hay duda de que en Crimea y Donbass estaría pasando lo mismo [eliminación del ruso como lengua en la escuela, prohibición de libros y películas rusas, etc.] que en el resto de Ucrania de no haber hecho lo que hicieron.

Rusia respondió con la operación de Crimea, donde apoyó las actuaciones de la población. Entonces comenzó también el proyecto Novorossia, al que se echó el freno a finales de abril de 2014, que llevó al reconocimiento ruso de la junta (que pareció un error entonces y lo sigue pareciendo ahora), la cancelación del permiso del Senado a enviar tropas a Ucrania y de toda actuación relacionada con la oposición a la junta en otras zonas del Sureste de Ucrania. Esto no impidió que se realizara el escenario del “viento del norte” ni que se mantuviera abierto en canal del voentorg, pero no fue más que asistencia limitada en lugar de lo que se había esperado en la primavera de 2014.

En abril empezó la guerra (aunque en Slavyansk ya se había derramado sangre y Bolotov había tomado el SBU una semana antes), que se convirtió en un punto de no retorno a pesar de que, en mayo de 2014, aún se mantenía la ilusión de que después de unos disparos todo se tranquilizaría y sería como con Yuschenko. Las masacres en Odessa y Mariupol [9 de mayo] claramente mostraron que la antigua Ucrania ya no existía y que no iba a volver. Ucranianos fueron asesinados en las calles de Kiev y quemados vivos en Odessa. Después de eso, la intensificación de la guerra civil era inevitable y llevó al sangriento verano de 2014, cuando el Ejército Ucraniano sufrió una dura derrota pese a varios éxitos iniciales [fundamentalmente recuperar Mariupol antes de que pudiera armarse su defensa y la captura de Slavyansk-Kramatorsk en Donetsk y Lisichansk-Popasnaya en Lugansk].

Lo ocurrido en Slavyansk y las acciones de los grupos armados en la zona Slavyansk-Kramatorsk jugaron un papel importante en la creación de las dos Repúblicas Populares como estados no reconocidos. Durante tres meses soportaron ante las mejores unidades del Ejército Ucraniano enviadas a Donbass y repelieron varios intentos de asaltar la ciudad. Eso hizo ganar tiempo a la rebelión de Donbass para desarrollarse, extenderse a gran parte de la zona y permitió la llegada de una gran cantidad de voluntarios de Rusia, que contribuyeron a dar forma a las milicias que se enfrentarían al Ejército Ucraniano con ayuda del “viento del norte”, que inclinó la balanza del lado de la RPD y la RPL. Los planes de destrucción militar rápida de las Repúblicas fueron derrotados en septiembre de ese año, aunque la junta ya había perdido en abril-junio, cuando intentó acabar con la milicia en Slavyansk-Kramatorsk. Las tropas que salieron del sitio de Slavyansk jugaron más adelante un papel importante en las batallas defensivas de julio y agosto y quienes lucharon en el grupo de Strelkov (ya entonces había luchas internas entre los comandantes y padres fundadores) se hicieron muy conocidos por la épica de Slavyansk.

Por una parte, en esa épica de Slavyansk hay un elemento de amargura y frustración porque la gran Novorossia no se consiguió y el proyecto fue descartado. Y el fascismo en Ucrania no ha desaparecido en estos cinco años. Al contrario, se ha hecho más evidente, incluso para aquellos que se negaban a verlo y lo calificaban como un mito de la propaganda. Sin embargo, sin Slavyansk la RPD y la RPL no estarían en el mapa político del mundo. Muchos de los antiguos y actuales comandantes del ejército de la RPD llegaron de Slavyansk y la historia de su defensa es inseparable de la creación del ejército y la estructura de Estado de la RPD.

En resumen, el inicio de la defensa de Slavyansk y la declaración de guerra de la junta de Kiev se convirtieron en el inicio de la fase caliente de la guerra civil en Ucrania, en la que Rusia apoyaba a las milicias y Estados Unidos a la junta de Kiev y sus batallones punitivos. La guerra continúa hoy con ataques diarios, escarceos y actividades de sabotaje. La guerra dura ya cinco años y no está claro cuándo va a acabar. Se ha institucionalizado, se ha estructurado y se ha convertido en la anormal norma que afecta las vidas de millones de personas. Pero es importante recordar que nació del golpe de Estado en Kiev, que llevó a la guerra civil. Sin una renuncia al golpe de Estado y a sus organizadores, sin una desnazificación y desbanderización no es posible hablar de ningún tipo de reconciliación. Los mismos motivos que empujaron a muchos a cruzar media Rusia camino de Slavyansk para unirse a un pequeño grupo siguen existiendo ahora. No hay reconciliación posible con el fascismo ucraniano. Esto es tan obvio hoy como lo era hace cinco años cuando se empezó a organizar la resistencia en los alrededores de Slavyansk. Ya escribí sobre ello en febrero:

“Hay que comprender que la crisis no iba a desaparecer y que fuera quien fuera que se convirtiera en presidente en 2015 – Yanukovich, Timoshenko, Yatseniuk o Klitschko-, el fascismo que enseñó los dientes en Kiev en el invierno de 2014 no iba a desaparecer, se ha convertido en un factor de la realidad ucraniana que antes o después llevaría a la guerra y a la destrucción. Cuanto antes se dé cuenta de ello la población, menor será el precio que tendrá que pagar por la destrucción del fascismo ucraniano”.

Así que son ridículos los intentos de volver a la situación de 2013, negociar con Poroshenko, luchar por los acuerdos de Minsk, reanudar relaciones con Ajmetov y demás. La naturaleza del régimen instalado en Ucrania gracias al golpe de Estado y los objetivos de los patrocinadores de este golpe no han dado motivo alguno para creer que les interese la coexistencia pacífica. Han sido cinco años de fascismo ucraniano, con todas sus tendencias operativas y sectarias, tambores de guerra y persecución de disidentes. Es imposible derrotarlo con persuasión o apelación a la lógica o la razón. Solo empieza a entender cuando se le enseñan los dientes, algo que ocurrió por primera vez en Slavyansk. Hubo otros golpes de diferente intensidad y con diferentes consecuencias, pero Slavyansk se convirtió en un símbolo del principio de la resistencia que continúa hoy. Hay que recordar a esa gente que empezó la batalla y a aquellos que continúan luchando hoy.

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