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El principal objetivo: mantener bajo control a la población

Artículo Original: Andrey Manchuk / Ukraina.ru

Toda la política del Gobierno busca, de una manera u otra, mantener bajo control a la población afectada por las reformas.

Los expertos internacionales afirman que, desde Euromaidan, en Ucrania ha aumentado progresivamente el número de personas en pobreza severa. Así lo confirmó la directora del Banco Mundial en Ucrania, Bielorrusia y Moldavia, Satu Kahkonen. Según su información, a día de hoy vive bajo el umbral de la pobreza el 25% de la población. En 2014, la cifra era del 15%.

Sin embargo, Kahkonen está convencida de que, para combatir la pobreza, hay que invertir aún más en las impopulares reformas y, con un discurso completamente transparente, exigió a Kiev que permita la venta de tierra: la última propiedad que robar a los ucranianos. Todo ello a pesar de que en los últimos cuatro años y medio las autoridades ucranianas no han cesado de reformar el país según los planes de la organización de Kahkonen. Y el resultado lógico de esas políticas ha sido el aumento de la pobreza.

Los medios ucranianos citan habitualmente esos datos del Banco Mundial, pero no causan sensación. Los datos de pobreza están subestimados, ya que el año pasado, el representante del Programa de Desarrollo de Naciones Unidas en Ucrania, Neal Walker, afirmó que alrededor del 60% de la población del país se encontraba bajo el umbral de la pobreza. Por su parte, Olga Balakireva, directora del Instituto Sociológico Ucraniano A. Yaremenko, calificó la situación como deprimente. Según sus datos, si se establece el umbral de la pobreza en unos ingresos familiares de 2700 grivnas [86€] por persona, el 70% de la población de Ucrania puede calificarse como pobre.

Balakireva explicó que, según los estudios del Instituto, el 11% de los ucranianos se declara muy pobre y el 32,5% se declaran por debajo de la media. Estas quejas sobre la pobreza se muestran claramente en los indicadores que revelan las privaciones que sufren los ciudadanos. Por ejemplo, el 65% de los ucranianos se ha visto obligado a reducir gastos de alimentación; el 57% en vacaciones; el 52% en gastos y facturas de servicios básicos; el 51% en medicamentos; el 50% en ocio y comunicación; el 49% en transporte. Es más, los datos de transporte deberán ser actualizados a consecuencia del próximo aumento de precios del transporte en la capital, ya que, tras el aumento, tendrá que reducir gastos en transporte la gran mayoría de residentes de Kiev.

Sin embargo, los desastrosos datos no acaban ahí y los expertos ucranianos realizan afirmaciones incluso más categóricas. Por ejemplo, según Vitalina Budaliuk, del Instituto de Sociología, debe considerarse pobre a cualquier familia que emplea más del 62% de sus ingresos totales en cubrir las necesidades básicas. Es decir, el 90% de la población.

“En toda la etapa post-soviética, Ucrania ha sido un país de desigualdad y contrastes. Sin embargo, hasta ahora las autoridades habían conseguido, de alguna manera, frenar el proceso de empobrecimiento masivo de la población utilizando los últimos vestigios de la infraestructura social soviética: pensiones y prestaciones sociales garantizadas por el Estado, educación y sanidad gratuita y relativamente bajas tarifas de servicios básicos y transporte. Ahora, en cambio, se puede decir que Ucrania es un país de pobreza masiva y de dos velocidades: el 99% es pobre y el 1% es extremadamente rico y la brecha entre ellos no hace más que aumentar”, explica.

Sin embargo, los fríos datos de los sociólogos simplemente resumen lo que cualquier ucraniano sabe sin necesidad de encuestas. El aumento de la pobreza es visible en los innumerables mercados callejeros que se han hecho con las calles y las plazas de las grandes ciudades, las docenas de tiendas de empeño y de crédito que se han abierto en cada gran avenida de la capital o la emigración, que expulsa del país a quienes no tienen nada para vivir en casa. Ese éxodo masivo de migrantes que han inundado Rusia y la Unión Europea gradualmente crea en Ucrania la poco recomendable reputación de ser el país europeo de la pobreza.

“Es triste, pero la pobreza de los ucranianos puede convertirse en la principal característica del país. Pronto, el mundo verá las palabras Ucrania y pobreza como sinónimos”, afirma el analista Andrey Golovachev. Sin embargo, con acierto apunta que la pobreza masiva no es necesariamente una condición para que se produzcan protestas masivas de la población perjudicada.

“Al contrario de lo que se piensa, no hay relación directa entre el empobrecimiento de la población y la probabilidad de que se produzcan protestas. Es un error común. Quienes buscan movimiento no esperan a los datos para tomar sedes regionales, quemar neumáticos, agredir a gobernadores y enviar equipamiento militar para acabar con la rebelión. El empobrecimiento masivo de la población no es tan peligroso para las autoridades como se suele pensar. La pobreza lleva a otras formas menos revolucionarias de protestar: apatía social, aumento del crimen, de la prostitución, alcoholismo, emigración, descenso de la natalidad, ruptura de las estructuras familiares, etc. Todo eso ya ha ocurrido en Ucrania. pero para que el odio se transforme en protestas, disturbios o una revolución es preciso que exista una fuerza con capacidad de organización. La dinamita social necesita un detonador”, explica el experto.

El papel del Gobierno ucraniano se limita a privar a las masas afectadas del componente de organización y medios para solucionar este castigo político. En teoría no es por motivos políticos. Se acosa a la oposición bajo otros pretextos, habitualmente acusándoles de separatismo y de trabajar en secreto para el Kremlin ya sea por organizar actos como la marcha del 9 de mayo [Día de la Victoria] o por afirmar que los niños tienen derecho a recibir la educación en su lengua materna.

Las élites políticas ucranianas comprenden el potencial explosivo de la ciudadanía empobrecida y tienen como objetivo prioritario suprimir de forma preventiva esas posibles protestas impidiendo que se generalicen determinados lemas e impidiendo que haya un liderazgo capaz. Una sociedad aplastada y atemorizada es incapaz de pensar en intentar librar una lucha decisiva por sus derechos. La dignidad es incompatible con el humillante estado de la población empobrecida que hace cola para comprar billetes de metro antes de que vuelvan a subir los precios.

Este terror -y es la palabra adecuada-, que puede tomar una forma más o menos riguroso, permite continuar con la política de reformas antisociales bajo la protección del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional y dejar en sus manos el control sobre el país. Ese es el precio del constante aumento de la pobreza al que se refieren constantemente sociólogos y expertos.

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