Entrada actual
Bombardeos, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, Minsk, Ucrania, Uncategorized

Con la mirada perdida frente a las paredes del sótano

Articulo Original: Anna Revyakina

Mi infancia transcurrió en Dokuchaevsk, una pequeña localidad cercana a Donetsk donde la frase que dice que el honor debe protegerse desde la juventud sigue siendo relevante. En las grandes ciudades puedes perderte, hacerte invisible, cambiar de nombre y ocupación, pero en los pueblos todos los habitantes se conocen e incluso están unidos por lazos casi familiares. Todas esas pequeñas localidades están hechas según un mismo patrón: una iglesia, un hotel, un restaurante, un mercado, un parque, un palacio de cultura, etc.

Dokuchaevsk es una ciudad clara como el agua, perfectamente transparente, sencilla, sin grandes complicaciones. Dokuchaevsk es una ciudad plana, con casas de un solo piso, increíblemente acogedora. Mi padre es natural de Dokuchaevsk, mis abuelos vivieron allí más de medio siglo después de la guerra, cultivaron la tierra, limpiaron la huerta, repararon la valla, repararon la casa. De niña recuerdo andar en bici saludando calle a calle por todas partes. Conozco cada curva y aún recuerdo los nombres de muchas de las calles y de algunos residentes que ponían sus nombres en placas clavadas a la valla frente a las casas. Muchos recuerdos de paz y felicidad de mi infancia están ligados a Dokuchaevsk. Incluso mi primer amor de juventud me encontró allí.

Cuando en el verano de 2014 la guerra, y con ella los bombardeos, llego a Dokuchaevsk, mi abuelo, que a sus 96 años ya había vivido dos guerras, nos preguntó a mi madre y a mí: “¿Quién lucha contra quién? ¿Me lo podéis explicar?”. Un milagro salvó la casa de mi abuelo de un impacto directo, pero una bomba cayó en el jardín, rompió todos los cristales y destruyó la puerta.

La mujer con la que mi abuelo pasó sus últimos años de vida reaccionó con valentía al bombardeo e hizo todo como debía: se tumbó en el suelo junto a la pared lejos de las ventanas y se cubrió la cabeza. El abuelo no quiso hacer nada de eso, siguió con su día como si no estuviera pasando nada, haciendo como si escuchara los bombardeos. Incluso reía diciendo: “Nadezhda, levántate, vas a coger un catarro”. Mi tía Nadezhda se quejaba: “le he dicho que se tumbe. Y no se tumba. Se queda ahí todo el tiempo, como un héroe”. No podía ir al sótano, estaba demasiado lejos y no estaba preparado.

El abuelo murió en noviembre de 2015 y, con la mente clara hasta el último día, no volvió a preguntar quién luchaba contra quién, pero tampoco se echó al suelo. Qué extraña, trágica e increíblemente larga vida tuvo. Nació un año después de la revolución, vivió dos guerras y murió un año y medio después del inicio de “ATO”. Lo enterramos en el cementerio de Dokuchaevsk, que sigue constantemente bajo el fuego. En Dokuchaevsk ni los vivos ni los muertos están en paz. La línea del frente se encuentra a pocos kilómetros, de hecho, Dokuchaevsk es la línea del frente. El frente, eso que tantas veces escuché en boca de mi abuelo de niña.

A quince kilómetros de Dokuchaevsk se encuentra la localidad de Novotroitskoe, desde donde la noche del 27 al 28 de abril dispararon contra la ciudad de mi infancia y asesinaron a dos civiles. Recuerdo el lugar, sus limpias calles, unas pocas tiendas, una conservera en la que trabajaba una familiar lejana. La visitábamos habitualmente. Solía darnos enormes tarros de pepinillos y nosotros le llevábamos patatas cocidas de la huerta de mi abuelo. Ahora en Novotroitskoe trabaja la artillería contra Dokuchaevsk.

Desde la semana pasada, Dokuchaevsk ha pasado a la enseñanza por correspondencia y se recomienda a los residentes que hagan acopio de provisiones y preparen lugares seguros a la espera de un empeoramiento. Los niños se envían mensajes: “nosotros estamos en el sótano, ¿y vosotros?”. Durante los bombardeos, los ojos de los niños se quedan muertos, vidriosos, para los adultos no hay nada peor en el mundo que ver esos ojos.

Es la quinta primavera de esta masacre sin sentido y sin piedad. Han pasado casi tres años de la muerte del abuelo, desde que la tierra cubrió su tumba. Según las leyes de la memoria y el respeto a los muertos, va siendo hora de construir una lápida, pero es imposible. El cementerio, que en los últimos cuatro años ha recibido un gran número de nuevas tumbas, víctimas directas o indirectas de la guerra, se encuentra en la línea de fuego. Todo está cubierto de restos de los ataques: monumentos destruidos, árboles caídos. El padre Nikita, que lleva la iglesia de Dokuchaevsk, insiste: “todavía no. Las lápidas tienen que esperar”. Seguiré esperando, el abuelo seguirá esperando. ¿Cuándo terminará la guerra? Mientras pienso en las palabras para la lápida del abuelo, solo puedo imaginar los ojos de esos niños, que por quinto año consecutivo pasan la etapa más feliz de la vida humana con la mirada perdida frente a las paredes del sótano y respirando la humedad del aire.

Anuncios

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

Reportes del frente archivados.

Registro

Follow SLAVYANGRAD.es on WordPress.com

Ingresa tu correo electrónico para seguir este Blog y recibir notificaciones de nuevas noticias.

Únete a otros 39.297 seguidores

Estadísticas del Blog

  • 1.234.964 hits
Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: