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Lo irreversible de las consecuencias

Artículo Original: Colonel Cassad

blokada-donbassa-natsgvardija-gotovit-silovoj-razgon-aktivistov_rect_edb30f3a4c3018c9b23482b8855047bbHoy [miércoles 12 de abril] se celebra en Minsk una nueva ronda de negociaciones en el marco del acuerdo de Minsk, en la que las partes una vez más tratarán de llegar a un acuerdo sobre la reducción de la intensidad de la batalla, alto el fuego y retirada de armamento pesado [Sin sorpresas, el Grupo de Contacto acordó un nuevo alto el fuego que entra en vigor el 13 de abril, a pesar de que hay un alto el fuego desde principios de mes. Una vez más, las partes se comprometen a un alto el fuego completo-Ed]. Las expectativas no son especialmente buenas, teniendo en cuenta que Ucrania acostumbra a infringir los puntos militares de los acuerdos de Minsk, ya que congelar el conflicto haría aumentar las luchas internas de Ucrania y las tensiones socioeconómicas.

Es más interesante la cuestión de la exigencia de Kiev de “devolver las empresas de Donbass” a sus antiguos dueños. Tras el bloqueo de Donbass iniciado por Semenchenko y Parasiuk, una parte importante de empresas ucranianas situadas en la RPD y la RPL y que hasta la primavera de 2017 pagaban impuestos a Kiev pasaron a estar bajo control externo. Kiev exige que esas empresas sean devueltas a sus anteriores dueños, aunque haya sido ella misma la que ha provocado esta actuación de la RPD y la RPL. Hay que recordar que Kiev ha tratado, con la mayor de las persistencias, de hacer todo lo posible, no para acercar sino para alejar a Donbass de ella.

El intento de acabar con la oposición de los habitantes de la RPD y la RPL al golpe de Estado que se había producido en Kiev dio lugar a la rebelión armada en Lugansk (el 5 de abril el grupo de Bolotov tomó el edificio del SBU en Lugansk), Donetsk (el 7 de abril se proclamó la RPD), Slavyansk (el 12 de abril, el destacamento de Strelkov tomó la comisaría de policía de Slavyansk) y otras ciudades que iban a formar parte de las Repúblicas Populares. Estos pasos fueron la respuesta a la negativa de Kiev a escuchar lo que decía Donbass. Hasta abril de 2014, Donbass habló sin las armas. Pero Kiev no aceptó reunirse, no aceptó la elección del gobernador popular, Pavel Gubarev. Kiev optó por la guerra y la supresión violenta. Las consecuencias de aquella elección quedaron claras en los campos de batalla de Ilovaisk y Debaltsevo.

La transición de la guerra a la fase de guerra posicional dio a Kiev la idea de que, si no se puede destruir la RPD y la RPL por la vía militar, es necesario hacerlo por la vía económica. Donbass estaba profundamente integrado en la economía ucraniana y los estrategas de Kiev pensaron que, al establecer un bloqueo económico, el resultado sería inevitable. ¿Pero qué pasó en realidad? El bloqueo económico, impuesto en el otoño de 2014, dio lugar a que, el año siguiente, la RPD y la RPL pasaron a utilizar el rublo, ya que Ucrania había conseguido que la grivna desapareciera de la zona. Es decir, una vez más, en lugar de intentar recuperar Donbass, Ucrania ha hecho todo lo posible por seguir alejándose. Y cuánto más fuerte ha empujado Ucrania a Donbass, más se ha acercado este a Rusia, que obviamente no dejó sin apoyo a la RPD y la RPL.

La guerra ha dejado clara la crítica dependencia de Ucrania del carbón de Donbass, lo que dio lugar a la ambigua situación en la que, mientras la propaganda ucraniana seguía gritando “agresión rusa”, “separatistas”, “mal mundo ruso”, Ucrania seguía viéndose obligada a adquirir carbón de esos mismos separatistas. Además, cuando el famoso batallón Tornado -compuesto por criminales, ladrones, asesinos y violadores- intentó hacerse con el negocio del carbón, los antiguos “héroes de Ucrania” rápidamente se convirtieron en renegados, con lo que se demostró que el régimen de Kiev está dispuesto a hacer la vista gorda ente cualquier crimen siempre que no interfiera en los negocios serios.

En el caso del renovado “bloqueo del carbón” de Donbass, que comenzó en febrero de 2017, se observa una historia similar. Los iniciadores del bloqueo fueron declarados “agentes del Kremlin” mientras la propaganda ucraniana sigue gritando “agresión rusa”, así que Poroshenko se vio obligado a explicar oficialmente al “patriótico” público por qué era necesario comprar carbón de la RPD de la RPL. Finalmente, el bloqueo llevó a que, en la práctica, la RPD y la RPL dieran un paso más hacia Rusia, introduciendo un control externo sobre las empresas que hasta entonces habían pagado impuestos a Kiev evitando así a las Repúblicas. ¿De quién es la culpa? ¿Quién violó el statu quo existente al que Ucrania quiere volver ahora?

Como suele ocurrir, los actos de la RPD y la RPL fueron una respuesta a los actos de Kiev, que destruyeron el orden establecido, lo que resultó en cambios relativos al control de las antiguas empresas ucranianas que se encontraban en el territorio de las Repúblicas Populares, como DTEK, propiedad de Rinat Ajmetov. La actual exigencia de Kiev de que esas empresas sean devueltas no se corresponde con la actual realidad política en la que el propio Poroshenko se vio obligado a liderar el proceso del bloqueo del carbón para acabar así con los mensajes populistas de Semenchenko y Parasiuk. Y hay que recordar también que fue Poroshenko quien firmó el decreto del bloqueo de Donbass en 2014, que afectó principalmente a las vidas de los residentes de Donbass y tuvo escasa repercusión en la capacidad de la RPD y la RPL de continuar la lucha por su libertad.

Para conseguir recuperar algo, es necesario abandonar la política de bloqueo y genocidio contra Donbass, algo que Kiev no parece dispuesto a hacer, ya que sería admitir los crímenes contra la población de Donbass que ha cometido en los tres últimos años. Así que las declaraciones y las exigencias de la representación ucraniana en Minsk no están dirigida a buscar una solución aceptable y a acabar la guerra sino a hacer cargar con la responsabilidad de sus errores a las Repúblicas Populares, que tan solo han tomado las medidas básicas necesarias para su supervivencia económica, esa que Kiev y sus defensores occidentales intentan negarles.

Pero al final, tras tres años de guerra y de bloqueo que han demostrado que las Repúblicas son capaces de aguantar esa presión, los actos han dejado claro que nadie ha hecho más por la separación de Ucrania que la propia Ucrania, que por sí mismos empujó a la región a un aislamiento primero político-militar y después económico que transformó a las “repúblicas separatistas” en proyectos de Estado no reconocido. Y como se ha demostrado en otras ocasiones, ahí donde los gobiernos actúan de la forma que lo están haciendo ahora los gobernantes ucranianos, las posibilidades de recuperar el territorio tienden a cero.

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