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“Ahora soy un vagabundo”

Artículo Original: Liza Reznikova / Antifashist

dnr-020417-05La noche del 30 de marzo el distrito de Petrovsky de Donetsk fue duramente golpeado por el fuego de artillería del Ejército Ucraniano. Dieciocho edificios quedaron parcial o totalmente destrozados. Una vivienda se quemó por completo.

El número 10 de la calle Revyakin. Una casa bonita, bien cuidada. A lo lejos parece que no está tan mal, aunque se ha quemado el tejado. Al llegar al jardín se presenta ante mis ojos una terrible imagen. En realidad, el tabique que da a la calle es lo único que ha quedado de la casa. Una sola pared. Todo lo demás ha quedado destruido por el fuego. Completamente. No han quedado más que las humeantes ruinas.

Entre las ruinas de la casa está su dueño. El hombre está en estado de shock. Casi no puede responder a las preguntas, con la mirada perdida en el vacío y repitiendo ocasionalmente: “ahora soy un vagabundo. Soy un vagabundo”. La imagen es desoladora.

dnr-020417-01 (1)Entramos en lo que una vez fuera un bonito hogar. Los bomberos han abandonado el lugar hace una hora. De las ruinas aún sale humo, que va directamente a los ojos. Sobre nosotros, el gris cielo de marzo. Está lloviendo. No hay tejado, se ha quemado completamente, dejando tan solo parte del esqueleto. La lluvia cae en los charcos de agua que han dejado los bomberos.

“Han estado intentado apagarlo durante casi cinco horas”, cuenta el dueño. “Probablemente era munición incendiaria. Los bomberos intentaban apagarlo con agua, pero eso creaba más llamas. Había cinco o seis camiones de bomberos, ya no me acuerdo. Me llamo Leonid Eliseevich”.

Le pregunto a Leonid Eliseevich qué ha pasado esta terrible noche. “Estaba cansado, muy cansado. Llegué a casa e inmediatamente me fui a dormir. A los quince minutos cayó la primera bomba, que dio en el porche. A eso le siguió la segunda. Entonces estalló el incendio. Cogí el teléfono y llamé a los bomberos y en pantalón corto y chanclas corrí a la calle. Todo lo que llevo puesto ahora me lo han traído los vecinos. Me he quedado sin nada…”

dnr-020417-06Esa frase, “me he quedado sin nada”, resuena entre tanto dolor y angustia, tanto pesar. Pero en la frase hay algo más que dolor por la casa. “Leonid Eliseevich, ha dicho que estaba cansado. ¿Qué había estado haciendo?”

“Mi hermano ha muerto. Lo he enterrado hoy”. ¿Hoy?

“Sí, hoy. Ocurrió por la noche. Éramos cinco hermanos en la familia. Ahora solo quedábamos mi hermano y yo. Yo cumpliré 70 años en agosto; él tenía 73. Estaba sano, no tenía nada. y entonces vino a casa, se sintió mal, cayó en el asfalto y se golpeó la cabeza. Ha pasado dos meses en el hospital y ahí ha muerto”. Los ojos de Leonid Eliseevich se llenan de lágrimas. Se gira, para un momento. Luego continúa su historia.

“Así que he estado ocupado con el funeral. Quería que lo enterráramos junto a mi madre. Hacen falta tantos papeles para permitirlo. Luego el ataúd, las flores. El funeral. Todo estaba preparado. Pero todos sus amigos y conocidos querían despedirse. Algunos tienen teléfono, otros no. Así que tuve que ir a andando. Todo el día de un lado a otro. Así que me fui a la cama. Y esto es lo que hay”.

Leonid Eliseevich pasó la noche en la calle. Con el teléfono en la mano. Eso es todo lo que queda de sus cosas. El fuego se lo ha llevado todo: los electrodomésticos, los muebles, los platos, las alfombras, todo lo que había conseguido trabajando toda su vida.

La vida de Leonid ha sido complicada. Pocos años antes del colapso de las Unión Soviética murió su mujer. Solo tenía 28 años. Trabajaba de comadrona. No estaba enferma, pero, de repente, sus riñones dejaron de funcionar. Leonid Eliseevich se quedó solo, con un niño pequeño en sus brazos. Nunca se volvió a casar, era hombre de una sola mujer. Se volcó en la educación de su hijo, que se graduó en la universidad con dos carreras. Iba a hacer un posgrado, pero tuvieron que defenderse cuando comenzó la guerra. Después de lo ocurrido el 2 de mayo, Leonid Eliseevich y su hijo comprendieron que no podrían quedarse en casa después de que tantas personas murieran quemadas vivas. Ambos se alistaron en las milicias. Sin embargo, pronto enviaron a Leonid a casa. Le rechazaron por su edad, le dijeron que le llamarían si las cosas se ponían mal. Volvió a casa y cogió todo el dinero que había guardado para la vejez y se lo llevó a la milicia. Decidió ayudar donando todo lo que había ahorrado. Y su hijo se quedó allí. Aún sirve en la milicia.

Leonid Eliseevich continúa su historia. Le miro y me preguntó cuántos obstáculos le ha puesto la vida a este hombre valiente. Las dificultades que ha vivido. Y ahora se ha quedado sin nada, en el sentido literal de la palabra. Se ha quemado todo lo que tenía, todos sus documentos, todo su dinero. Miro a Leonid Eliseevich y comprendo que no se puede ser indiferente a sus penurias. No deben caer en el olvido.

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