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The Hour: delación y persecución al estilo del nacionalismo ucraniano

Los viejos marxistas nunca mueren. Sólo se mueven a otro planeta en el que forman a jóvenes marxistas”.

Myron B. Kuropas, Life on Planet Marx, The Ukrainian Weekly, 2001

sabotageEn 2001, el Ukrainian Weely publicaba un artículo del publicista anticomunista Myron B. Kuropas, Life on Planet Marx [Vida en el Planeta Marx]. En una clara línea macartista, el artículo se dedicaba a enumerar a todos y cada uno de aquellos enemigos marxistas en Estados Unidos que aún no habían “sido relegados al basurero de la historia”. Un grupo de personas que, según Kuropas, incluía desde George Lukacs hasta aquellos a los que calificaba como “los muchos facilitadores del marxismo” acostumbrados “a vivir en la opulencia y la seguridad capitalista”, entre ellos ciertos corresponsales de la prensa occidental.

Entre el listado de este “cuerpo de prensa especial” aparecía un personaje poco conocido fuera de Estados Unidos, el escritor Albert Kahn, al que Kuropas seguía presentando como “agente soviético”. Para Kuropas, el principal delito de Kahn era haber escrito “The Secret War Against America“, un best-seller durante la Segunda Guerra Mundial que “flageló cruelmente” a algunas de las organizaciones nacionales ucraniano-americanas como la ODWU [Organización para el Renacimiento de Ucrania] y la UNA [Asociación Nacional Ucraniana].

No era la primera vez que Kuropas, o el medio en el que publicaba, The Ukrainian Weekly, o Svoboda en su denominación ucraniana inicial, denunciaba a Kahn. El ataque contra él venía de lejos y reflejaba una inequívoca voluntad de persecución. Ya en su edición del 5 de junio de 1943, el medio ucraniano se felicitaba de la retractación de algunas acusaciones contra Svoboda y la UNA que habían realizado Kahn y su principal colaborador, Michael Sayers. El periódico ucraniano recordaba el papel de Kahn como editor del Boletín informativo The Hour, señalando que este Boletín había venido durante los años anteriores “difamando a “Svoboda”, sus editores y miembros de la Asociación Nacional Ucraniana”.

Terminada la guerra, en marzo de 1949, Svoboda se sentía con fuerzas suficientes para pasar al contraataque y discurrir por la senda que iba a convertir a Estados Unidos en el centro mundial de la caza de brujas anticomunista. Denunciaba entonces la participación de Albert Kahn en el Congreso Mundial de Intelectuales celebrado en 1948 en Breslau (Polonia). El boletín ucraniano presentaba a Kahn como “notorio apologista soviético y difamador del nombre ucraniano en los Estados Unidos”. En abril de ese mismo año, Svoboda continuaba su campaña, llamando a Kahn “apologista del tiránico poder de la Rusia Soviética”.

No es una conjetura pensar que esta actividad anticomunista ucraniana tuvo impacto en situar a personajes como Albert Kahn y Michael Sayers en las listas negras de los Estados Unidos, incluso antes de que McCarthy institucionalizara la cruzada ideológica contra el comunismo.

Pero era más lo que la ultraderecha ucraniana pretendía: una liquidación completa de la presencia en la vida intelectual y social de sus enemigos. En 1955, el Ukrainian Weekly volvía a cargar contra Kahn, señalando que tuvo que acogerse a la Quinta Enmienda para no responder a la acusación de adscripción a la ideología comunista en el caso Matusow. La acusación trataba de limitar el impacto del libro de Harvey Matusow, False Witness, publicado por Kahn y Angus Cameron, otra de las víctimas de las listas negras. En aquel libro, Matusow reconocía que había sido utilizado por el FBI para aportar falsa información contra miembros del Partido Comunista de los EEUU.

En 1985, Myron Kuropas iniciaba su campaña personal en el Ukrainian Weekly contra “los estalinistas Michael Sayers y Albert Kahn”. El motivo en este caso era la publicación ese año de “American Swastika” de Charles Higham, un libro que recogía muchas de las tesis de Sayers y Kahn sobre el movimiento nacionalista ucraniano en EEUU. En su artículo, Kuropas llegaba a acusar de difamación a la OSI (Office of Special Investigations) y atacaba a quien había sido su director, Allan Ryan, por afirmar que la Displaced Persons Act de 1948 había constituido una vía masiva de acceso a los EEUU de antiguos nazis y colaboracionistas.

La batalla interminable culminaba sin embargo a finales de siglo. En un artículo de junio de 1999, Kuropas profundizaba en la práctica de la delación al estilo del nacionalismo ultraderechista ucraniano. Después de insistir en que, guiados por el NKVD, “agentes soviéticos iniciaron una campaña de difamación en la década de 1940, un esfuerzo que culminó con que la OUN y la ODWU fueran acusadas de subversión nazi”, Kuropas citaba documentos del FBI para acusar de nuevo a sus eternos enemigos en los EEUU: la Liga Anti-Difamación (Anti-Defamation League, ADL), el órgano de prensa de los comunistas ucranianos, Ukrayinski Schodenni Visti, la Asociación de Trabajadores Ucranianos (Ukrainian Workingman’s Association) y por supuesto The Hour. Kuropas no podía perdonar que este boletín de noticias, editado por Albert Kahn, describiera “a los nacionalistas ucranianos como antisemitas, saboteadores y terroristas que cuentan con el apoyo nazi”.

A pesar de haber fallecido veinte años antes, el 15 de septiembre de 1979, Kuropas se esañaba en el artículo contra Kahn. “Estaba seguro de que era un estalinista, pero no podía probar de forma concluyente que trabajara para los soviéticos”, decía antes de apelar al libro sobre el espionaje soviético en América de John Earl Haynes y Harvey Klehr. Según Kuropas, el papel de Kahn se habría visto confirmado en el proyecto Venona de búsqueda de espías soviéticos en EEUU al que dedicaban su libro Haynes y Klehr. Según esta interpretación, meramente especulativa, Kahn era un “traidor” más, como otros miembros del CPUSA (Partido Comunistra de EEUU), que habría utilizado el apodo de “Fighter” (Combatiente) en su relación con el NKVD.

La razón de la interminable persecución que Svoboda/The Ukrainian Weekly desarrolló, tras el final de la guerra, contra Kahn no era otra que el éxito de la campaña que, junto a Sayers, había desarrollado The Hour contra las organizaciones derechistas ucranianas durante el conflicto. Uno de los hitos de la campaña antinazi y anticolaboracionista fue la expulsión de Estados Unidos de Ivan Buchko, antiguo Obispo auxiliar del Metropolitano Andrei Sheptytsky en Lviv. Buchko salió de aquel país en noviembre de 1941 en dirección a Portugal y España.

Buchko fue uno de los principales impulsores en EEUU de las actividades de organizaciones que, como la ODWU, no eran simples organizaciones anticomunistas. Durante la Segunda Guerra Mundial, la ODWU fue la principal referencia en EEUU de la OUN, un grupo político que durante buena parte del conflicto actuó en alianza con la Alemania de Hitler. El éxito de The Hour en la denuncia anti-nazi desesperó a un nacionalismo ucraniano que iba a buscar su revancha en el nuevo clima de la Guerra Fría.

Sayers y Kahn.

Uno de los primeros defensores de la República española en EEUU, Albert Eugene Kahn recorrió aquel país a mediados de los años 30 en busca de fondos para enviar ayuda médica a España, un periplo durante el que pudo conocer de primera mano las consecuencias que tuvo la Gran Depresión en la sociedad americana. Pagó caro su posterior afiliación comunista y su lucha contra el nazismo en aquel país y no llegó a contar con la suerte de la que sí disfrutaron los acreditados colaboradores del nazismo que se instalaron en Norteamérica. A finales de los años 40, Kahn entró en las listas negras que le impidieron seguir publicando en los principales medios de comunicación, un hecho que marcaría el resto de su trayectoria profesional.

Todavía en 1958 Kahn fue llamado ante el Senate Internal Security Subcommittee para responder ante acusaciones de espionaje. Allí lanzó un reto a los Senadores: que repitieran en público, y sin acogerse a su inmunidad parlamentaria, las acusaciones de espionaje contra él. Nadie asumió aquel reto y Kahn nunca fue condenado por espionaje. Una evidencia que el Ukrainian Weekly nunca llegaría a reconocer en sus páginas.

La historia del irlandés Michael Sayers, colaborador de Kahn en The Hour, es paralela. Hijo de judíos lituanos, se casó con Mentana Galleani, hija del anarquista italiano Luigi Galleani, entre cuyos seguidores llegaron a encontrarse Sacco y Vanzetti. Antiguo compañero de George Orwell y gran promesa de la literatura de la Inglaterra de entreguerras, Sayers decidió viajar a EEUU para entrar en el mundo del teatro, antes de conocer a Kahn y promover The Hour. En ese país conocería tras la guerra el mismo destino que Kahn, el de aquellos a los que el Estado y la sociedad decidieron relegar al ostracismo político e intelectual.

Tras exiliarse en Francia, Sayers colaboró en guiones para series televisivas o películas como Zorba el Griego y Hair. En 1980 pudo renovar su pasaporte estadounidense y volvió a Nueva York, ciudad en la que murió en 2010.

En su obituario en el diario británico The Independent, Gordon Bowker afirma que Sayers nunca pudo superar haber sido puesto en la lista negra de los malditos. En lo que es un evidente homenaje al perdedor, Bowker concluye: “Sayers tenía una aguda inteligencia política y hablaba de su persecución en los Estados Unidos con realismo y resignación. Era un hombre amable, y de humor afable que, como muchos escritores de talento de su generación, pagó el precio por tener las opiniones equivocadas en el momento equivocado y en el lugar equivocado, con una carrera que nunca se recuperó lo bastante de aquel revés”.

No cabe duda que, con Sayers y Kahn, el revanchismo del sector más reaccionario del nacionalismo ucraniano había conseguido una victoria. Tan grande como indigna. Porque, sean cuales sean sus ideas, nadie admirará jamás al delator implacable que, asegurada la victoria, no pretende otra cosa que destruir por completo las vidas ajenas.

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Comentarios

Un comentario en “The Hour: delación y persecución al estilo del nacionalismo ucraniano

  1. Todo este maquiavelismo político me supera, pero el hecho de que muchos nazis o pro-nazis terminarán convirtiéndose en MacArtistas en la supuesta, referente y ejemplar democracia de Occidente, me provoca sarpullido. Seguiremos leyéndoos para enterarnos de detalles como éste. Tendré que enterarme más de las biografías de los autores de ” La Gran Conspiración Contra Rusia “.

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    Publicado por ahiur | 05/12/2016, 12:18

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