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Lucha política por Debaltsevo: un nuevo intento de dilatar las negociaciones

Artículo Original: Vzglyad

Una vez más, Ucrania plantea un ultimátum y exige, como condición para la aplicación de los acuerdos de Minsk, recuperar el control de uno de los puntos estratégicos de Donbass: Debaltsevo. La exigencia de entregar dicha localidad, que se convirtió en símbolo de la derrota del Ejército Ucraniano, roza la forma más extrema de cinismo. Bajo la tapadera de una serie de exigencias obviamente inaceptables, Kiev intenta solucionar otros problemas.

1760645Durante la última reunión del Grupo de Contacto Trilateral, que continúa el trabajo según la llamada hoja de ruta para la solución del conflicto en Donbass, Ucrania volvió a plantear exigencias poco realistas que, de hecho, consiguieron interrumpir el proceso de negociación. Concretamente, Ucrania exigió “desmilitarizar Debaltsevo”.

“Durante el trabajo del subgrupo de seguridad, Ucrania volvió a plantear la cuestión de la vuelta a la línea de demarcación del 19 de septiembre de 2014, según la cual Debaltsevo estaría bajo control de Ucrania. La aplicación del acuerdo de retirada de tropas y equipamiento puede ocurrir tras la desmilitarización de Debaltsevo”, escribió en Facebook Daria Olifer, secretaria de prensa de Leonid Kuchma, representante de Ucrania en las conversaciones de Minsk.

Petro Poroshenko ya había afirmado en ocasiones anteriores que “la desmilitarización de Debaltsevo” debía incluirse en la fórmula de retirada de tropas del frente. Se trata de la misma fracasada idea que intentó imponer en la última cumbre del Cuarteto de Normandía, aunque los acuerdos de Minsk no dicen una sola palabra de que haya que aplicarse a Debaltsevo ninguna fórmula especial.

Incluso el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Sergey Lavrov, se vio obligado a admitir que “aún no ha sido posible un acuerdo para la hoja de ruta”. Aunque personalmente se ha declarado dispuesto a ir a Berlín el 29 de noviembre para una reunión de los representantes del Cuarteto de Normandía aunque sea para “reunirse por reunirse”, Lavrov no ve grandes expectativas a esos contactos. De hecho, no hay progreso a la hora de elaborar una hoja de ruta, ya que la tozudez de Kiev anula todos los esfuerzos. Pero eso era evidente desde el primer momento que se pronunciaron las palabras “hoja de ruta” por primera vez. Kiev es predecible en su peculiaridad a la hora de tratar las normas internacionales en las actuales circunstancias. En este caso, Kiev insiste en que el acuerdo de alto el fuego en la zona de Debaltsevo debe tener como referencia el 19 de septiembre de 2014, cuando el Ejército Ucraniano controlaba firmemente la ciudad y sus alrededores.

Kiev hace referencia al viejo memorándum de septiembre de 2014 (Minsk-1), que no determinaba ninguna división o área de responsabilidad. En aquel momento ni siquiera existía un frente claro en algunas zonas. Especialmente tras las batallas del verano y otoño de 2014, cuando Ucrania realizó varias acciones con las que la anterior configuración del frente quedó variada. Además, Minsk-2 anuló el anterior acuerdo (Minsk-1), por lo que la referencia de Kiev a una configuración anterior del frente no puede tomarse en serio en términos legales. Solo se puede tener en cuenta la configuración real del frente, que Kiev y personalmente Petro Poroshenko se buscaron con la derrota en la bolsa de Debaltsevo. Volver atrás no funciona.

La lucha finalizó con la derrota del Ejército Ucraniano, la eliminación de la bolsa, la pérdida de varios miles de soldados y la retirada del centro de la ciudad al otro lado del río en la primera mitad de febrero de 2015 y se completó con las dificilísimas negociaciones en Minsk en las que participaron Vladimir Putin, Angela Merkel, François Hollande y Petro Poroshenko.

Poroshenko se las arreglaba entonces para prolongar la discusión, que se convirtió en una maratón de prácticamente 24 horas, a la espera de confirmación, por parte de su Estado Mayor, de noticias positivas en la bolsa de Debaltsevo. Concretamente, Poroshenko recibía regularmente informes del entonces ministro de Defensa Poltorak, del jefe del Estado Mayor de la Defensa Muzhenko, por lo que el presidente pedía un receso para “hablar por teléfono”. Es probable que los militares le alentaran. Si no, es imposible explicar la actitud de Poroshenko.

Después de la captura de la localidad de Logvinovo por parte de las milicias, la resistencia ucraniana en la bolsa de Debaltsevo ya era inútil, pero el Ejército Ucraniano trató de romper el cerco. Eso ocurrió el 12 de febrero, es decir, tras la firma de los acuerdos de Minsk. Finalmente, el Ejército Ucraniano intentó huir de la ciudad, aunque muchos soldados fueron capturados. Tras el 17 de febrero, cuando las milicias tomaron el control completo de la ciudad y parte de las tropas ucranianas lograban abandonar la ciudad, en parte bajo presión de Moscú. Las tropas ucranianas estaban desmoralizadas, agotadas y prácticamente sin munición.

En Kiev se intentó convertir la catástrofe de Debaltsevo en una victoria, alegando públicamente que 2.500 soldados habían huido del cerco. Según la RPD, fue una completa derrota, pero fue suficiente para Ucrania para declarar una victoria. En términos políticos, Kiev se había negado a reconocer que la RPD controlaba Debaltsevo ya que supuestamente “no se correspondía con los acuerdos de Minsk”. Donetsk, por su parte, afirma que Debaltsevo estaba situado en medio de territorio de la RPD y no podía aislarse como “zona especial” por motivos geográficos. Por no mencionar el hecho de que no hay retroactividad en las operaciones de combate. No se puede volver atrás.

Aunque lo hace de vez en cuando, no es habitual que Kiev se acuerde de Debaltsevo. Pero el año pasado, planteó por primera vez el ultimátum de la entrega del control de la ciudad a la parte ucraniana y después [cuando la primera propuesta no prosperó] exigió la desmilitarización.

El planteamiento de exigencias que no aparecían en los acuerdos y que son inaceptables es una táctica habitual para dilatar las negociaciones. En el caso de Debaltsevo, está además rodeada de altas dosis de cinismo. Este verano, Alexander Zajarchenko, líder de la RPD, respondió a la invitación a “devolver Debaltsevo” prometiendo llegar a Kiev. Es simplemente imposible esperar que Donetsk renuncie voluntariamente a parte de su territorio, que tanta sangre le ha costado conseguir. En ese momento quedó claro que era una cosa lo que las autoridades de Kiev exigían y lo que pretendían conseguir.

Las diferentes ideas de organizaciones internacionales como la OSCE para crear diferentes “zonas de seguridad” se perciben en Kiev como una oportunidad para introducir organizaciones europeas en Donbass. En caso de desmilitarización de Debaltsevo (si es que se consiguiera eso sin más), se podría ofrecer introducir intermediarios, observadores internacionales a los que se permitiera ir armados, al menos con armas ligeras para defenderse. Antes o después, esas armas dispararían y algún policía belga pagaría con su vida los actos de la parte ucraniana, creando, no un casus belli, sino arrastrando a fuerzas europeas a esta guerra.

En este contexto, las otras exigencias ucranianas para la hoja de ruta han quedado olvidadas. No hay listas de prisioneros de guerra, aún no se ha abierto el puesto de control en Zolotoye y las negociaciones para solucionar los problemas de suministro de agua a Lugansk se han retrasado [Kiev amenaza con cortar el suministro el 1 de diciembre-Ed], pero eso no es nada comparado con la nula voluntad de Kiev de comportarse adecuadamente.

Rusia continúa con la inercia de usar términos como “acuerdos de Minsk” o “formato Normandía”, aunque incluso Lavrov ha comentado con sarcasmo estas “opciones diplomáticas”. Dichas fórmulas verbales siguen vivas solo porque de momento no se ha inventado otras nuevas. Sin embargo, el bando ucraniano se mueve en esa dirección, ya que es evidente que tras su toma de posesión, el nuevo presidente de Estados Unidos cambiará a los principales interlocutores: Departamento de Estado y embajada.

Durante un tiempo, esta maquinaria seguirá caminando por inercia, aunque no más de seis meses. Y en este tiempo, Debaltsevo no será devuelto a Ucrania ni se introducirán cascos azules europeos en Donbass. Podría parecer extraño que Ucrania siga insistiendo con tácticas para dilatar las negociaciones, pero lo último que hay que hacer es buscar cuál es la lógica.

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