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Juego político a costa del sufrimiento de la población

0_118e87_f2bbbbfa_origUn año y medio después de firmar, tras la negociación entre los jefes de Estado y de Gobierno de Alemania, Francia, Rusia y Ucrania, una hoja de ruta que debía ser el camino a una solución política al conflicto de Donbass, las negociaciones continúan estancadas en los mismos puntos que ya hicieron fracasar el primer acuerdo de Minsk de septiembre de 2014.

Presionado en ambos casos por las derrotas militares –en Ilovaysk en septiembre de 2014 y en Debaltsevo en 2015-, el presidente ucraniano se vio obligado a firmar un acuerdo que desde entonces sigue intentando reescribir. Los partes de guerra de ambos lados de la línea de separación, confimados por la prensa y la población local, recuerdan a diario que el alto el fuego que exigía el acuerdo como punto de partida al proceso político jamás se ha cumplido completamente. Los informes de la OSCE recuerdan también que la retirada de armamento pesado al que se comprometieron tanto las milicias como el Ejército Ucraniano, primero en febrero y más adelante en mayo, tampoco se ha completado.

Menos visibles para el público occidental, aunque igual de importantes para la población, los puntos políticos y económicos del acuerdo son en realidad los que mejor representan el estancamiento en el que se encuentran los acuerdos de Minsk. Pese a las declaraciones de altos cargos del Gobierno ucraniano, que han comprendido que la medida solo supuso una pérdida del control económico de la zona, Ucrania aún no ha levantado el bloqueo económico impuesto en noviembre de 2014. Kiev tampoco ha reanudado los pagos de salarios y pensiones a la población de Donbass, suspendidos semanas después del inicio de la guerra. Sin embargo, es la negativa ucraniana a aprobar la legislación necesaria para hacer avanzar el proceso político lo que más claramente demuestra la falta de voluntad por cumplir con los acuerdos firmados según los términos en los que fueron planteados. 

En su intento por negar cualquier tipo de reconocimiento a las Repúblicas Populares, fue un expresidente sin cargo oficial alguno quien firmó, en representación de Ucrania, el acuerdo de Minsk. Alexander Zajarchenko e Igor Plotnitsky, que no participaron en las negociaciones que dieron lugar al acuerdo del 12 de febrero de 2015, firmaron el documento a título personal, no como representantes de la RPD y la RPL. Desde entonces, Kiev ha repetido sin cesar, no solo que jamás negociará con representantes como Zajarchenko o Potnitsky, sino que impedirá su participación en las futuras elecciones locales y que no son aptos para recibir amnistía.

Es a ellos, Zajarchenko y Plotnitsky, a los que se refieren las últimas declaraciones ucranianas. Tras argumentar que la celebración de elecciones es imposible en las actuales condiciones por la falta de seguridad, o argumentar que Ucrania no dispone de los fondos necesarios para costear el proceso, Kiev vuelve a insistir ahora en que es necesario anular los resultados de las elecciones celebradas en Donetsk y Lugansk el 2 de noviembre de 2014. Así lo afirmó Irina Gerashenko, voz autorizada no solo por su puesto como vicepresidenta primera del Parlamento sino también por ser parte de la delegación ucraniana en Minsk como representante de Kiev en el subgrupo para asuntos humanitarios del Grupo de Contacto.

Hace unas semanas, Gerashenko ya afirmó que las futuras elecciones locales en Donbass no contarían con “ningún Givi o Motorola” en las papeletas e insistió en que no es en el Grupo de Contacto donde se elaboran las leyes. Las conversaciones de Minsk, único foro en el que están presentes las dos partes en conflicto, se limitan a las “modalidades” de las elecciones locales.

Más allá de la negativa ucraniana a negociar directamente con los representantes de la RPD y la RPL, con quienes se comprometió a coordinar el trabajo legislativo, Kiev exige más compromisos a Donbass antes de cumplir, solo de forma parcial, los acuerdos. “Estamos discutiendo la ley para las elecciones locales (en ciertas áreas de Donbass), pero ¿qué pasa con todos esos camaradas que se llaman a sí mismos presidentes y diputados según las pseudo-elecciones de 2014? Es por eso que Ucrania insiste en que se anulen estas pseudoelecciones que no reconocimos, no reconocemos y nunca reconoceremos”, afirmó esta semana Irina Gerashenko.

Con sus actos, Ucrania busca retrasar el proceso político hasta ahogar a las Repúblicas Populares en busca de concesiones. Y se reafirma en la idea de que la descentralización administrativa a la que se comprometió en Minsk nada tiene que ver con un sistema federal o con autonomía política a las regiones. La reticencia ucraniana a celebrar elecciones locales en Donetsk y Lugansk, que sería el primer paso para el retorno de esas regiones a Ucrania, se fundamenta en el temor al probable rechazo de la población, durante dos años víctima de los bombardeos de las tropas de Kiev, a los partidos ucranianos.

Dispuesto a dilatar indefinidamente el proceso, Kiev continúa utilizando las amenazas, tanto políticas como militares, para evitar así cumplir con lo pactado en Minsk en febrero de 2015. En vísperas de una nueva ronda de conversaciones, que deben celebrarse el viernes, Ucrania no solo ha intensificado los bombardeos de zonas cercanas a Donetsk (fundamentalmente Yasinovataya), sino que relanza también su ofensiva política.

Además de las declaraciones de Gerashenko, Yehven Marchuk, representante de Ucrania en el Grupo de Contacto, afirmó que las elecciones locales son imposibles hasta cinco años después de la finalización del conflicto. Apelando a la desmemoria de la población de Donbass, Marchuk argumenta que es necesario dejar pasar el tiempo para que con él desaparezca el odio. La solución propuesta por Marchuk para ese periodo de transición es la introducción de una administración interina auspiciada por alguna organización internacional. No parece casualidad que esta misma semana, el representante permanente de Ucrania en Naciones Unidas haya declarado que prepara una solicitud para la introducción de tropas internacionales en Donbass.

Cualquier solución parece estar justificada para impedir dar voz a la población de Donbass. Mientras tanto, la agenda para la próxima reunión del Grupo de Contacto en Minsk es similar a la de ocasiones anteriores: ley de amnistía, “modalidades” de elecciones locales y temas de seguridad.

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