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Promesa olvidada

Artículo Original: Denis Grigoriuk

Donetsk_Bosse_01En la novela de Remarque “El cielo no tiene favoritos” hay un diálogo que dice así:

Tenía la sensación de ser de los que iban a vivir para siempre. Y así se comportaron todos. Desearon tanto el dinero que se olvidaron de vivir. 

-Pero durante la guerra todos prometieron que si sobrevivían, no cometerían el mismo error. Pero esas cosas se olvidan rápidamente.

Ahora, en el verano de 2016, recuerdo enero de 2015. Un invierno precioso. Donetsk estaba cubierto de blanco. Pero hacia finales de mes, la nieve se derritió mezclada con la sangre. Una provocación en el centro de la ciudad, en una parada del transporte público mató a más de diez civiles el 22 de enero de 2015. Es difícil saber lo que las personas experimentan durante un ataque de mortero. Los muertos no pueden hablar y los supervivientes no siempre quieren recordar ese momento.

Poco después de la tragedia, una vecina que sobrevivió de milagro me relató cómo ocurrió todo.

“Trabajo en el mercado del río. Por la mañana, como siempre, fui en el autobús al trabajo a las ocho de la mañana. En el autobús me encontré con una amiga que trabaja en la zona de la Escuela Militar (a una parada del lugar del ataque). Llegamos a la parada y juntas fuimos al supermercado Appetit. A mi izquierda venía mi amiga y a mi derecha, una mujer con abrigo blanco. De repente hubo una gran explosión. Recuerdo vagamente que caí al suelo. Aparentemente, respondí por instinto y enseguida me encontré cerca de la casa donde está la tienda. Me arrastré hacia la casa. Había bastante gente. Pregunté por mi amiga. La gente decía que estaba muerta. No me lo podía creer. Pero se levantó”, contaba, sin esconder sus emociones, la mujer.

Al parecer, la gente hablaba de la otra chica. “El abrigo blanco de la chica se había puesto rojo escarlata”, continuó. “Grité a mi amiga, que se echara al suelo. No me escuchó. Las explosiones no paraban. Había intervalos de un minuto. Intentamos encontrar algún sitio en el que ponernos a cubierto. No había ni sótanos ni refugios. Habría cristales rotos por todas partes. La gente gritaba. Cuando las explosiones decayeron todos se quedaron esperando a que llegara la milicia. Con los soldados llegaron también ambulancias y muchos periodistas. No entendía lo que estaba pasando. No respondía a nada de lo que pasaba. Había muchos cuerpos en la parada de autobús y en un autobús agujereado. Los teléfonos no dejaban de sonar. Llamaban los familiares, que aún no sabían que sus seres queridos ya estaban muertos.

Unos días después vi a mi amiga en la tele. Tenía heridas de metralla en la mano. Estaba en traumatología. Viva. Todo lo ocurrido se mezcla en mi cabeza. En medio de todo recuerdo una bomba, un hombre sin manos, una chica malerida en la parada del autobús. Cuerpos destrozados, cadáveres en un coche, el desagradable olor de heces mezclado con el de los cuerpos se quedará en mi subconsciente para siempre. Por suerte, sobreviví.

Ese domingo me encontré bajo el fuego de los Grad. Podría haber muerto o haber resultado herida. Pero todo salió bien. Pude haber cogido otro autobús, salir antes o salir después y no tener ni un solo rasguño. Cualquier cosa era posible. Pero dios me salvó y no me quedó ni un rasguño. En la imagen que tengo en la cabeza estamos las tres: una herida, otra muerta y yo sana y salva. Solo el sonido parece distinto. Me dan escalofríos. El pánico me impide moverme”, afirmó esta ciudadana de Donetsk.

DNR_06Pocos días después, yo estaba en ese mismo lugar, entre la multitud. Hacía mucho frío, pero nadie se marchó. Al contrario, más personas seguían llegando. La nieve no dejaba de caer. Pero residentes de Donetsk llegados de todas las zonas de la ciudad se reunieron para rendir un homenaje.

El mundo no se preocupó por la tragedia de Donetsk ni por nosotros. Estuvimos allí unidos. El duelo era general. Los hombres apenas podían contener las lágrimas. Todos inclinaron la cabeza y rezaron. La vida cambió entonces para cada uno de nosotros. Ya llevábamos un año viviendo en guerra, pero aquel ataque fue una ducha de sangre que despertó a la ciudad del letargo en el que había estado en ese tiempo. Parecía que la vida ya nunca sería como antes y que no sucumbiríamos a la tentación de pretender vivir en paz.

Recuerdo lo ocurrido en 2014-2015 para no olvidar lo que la vida nos ha enseñado de la guerra. En aquel momento todo parecía diferente. Había que vivir el aquí y ahora. Nadie pensaba en dinero, en ropa, en coches, pisos, vacaciones en el extranjero o joyas. Todas las preocupaciones materiales se quedaron en mayo y junio de 2014. La ciudad resistió. Pese a la tragedia de aquellos meses, había un lado positivo. La guerra había expuesto la realidad. Viviamos aquí y ahora, sin pensar en lo material, y con una genuina sensación de sinceridad que impresionaba.

Ahora el número de personas en Donetsk prácticamente ha vuelto a niveles anteriores a la guerra. Algunos de esos residentes de Donetsk que han regresado a casa no se sienten cómodos. No a todos les gusta cómo es Donetsk ahora. Se quejan de que la ciudad ha cambiado, no es como era antes. Se ha perdido algo. ¿Quizá el lujo exagerado en el que se bañaba Donetsk durante el reinado de la oligarquía ucraniana? Se pueden escuchar quejas sobre lo imposible de la vida, la ausencia de tiendas de marca. El toque de queda impide pasar las noches en las discotecas, o los precios de la tecnología.

Todo esto supone un obstáculo para los amantes de la vida fácil. Su lema es “nacidos para disfrutar. Si no, ¿para qué vivir?”. Al escuchar sus razonamientos, me gustaría citar a Remarque: “Respira hondo, disfruta de las montañas, da gracias a dios por haberte salvado y piensa que personas mucho mejores que tú tuvieron que morir para ello”.

¿Recuerdan dónde empezamos? “Tenía la sensación de ser de los que iban a vivir para siempre. Y así se comportaron. Pidieron tanto dinero que se olvidaron de vivir.

-Pero durante la guerra todos prometieron que si sobrevivían, no cometerían el mismo error. Pero esas cosas se olvidan rápidamente.

-¿Tú lo has olvidado?

-A veces lo olvidas. Pero no puedes escapar…”

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Comentarios

Un comentario en “Promesa olvidada

  1. ¡ Excelente !, @NZANSO. Gracias por facilitarnos la lectura de artículos como este de Denis Grigoriuk. Para los que no navegamos en demasía por las webs de cultura e idioma ruso, acceder a textos como el facilitado en esta ocasión es todo un lujo. Agradecimiento y reconocimiento a vuestra labor; ¡ sigue siendo un placer pasarse por las páginas de SLAVYANGRAD.es !.

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    Publicado por Ahiur | 09/08/2016, 11:39

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