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Alto el fuego, Bombardeos, Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, Gorlovka, Informes militares, Minsk, Parte de guerra

Guerra de trincheras y pocos cambios

Artículo Original: Colonel Cassad

La situación en Donbass a 1 de agosto de 2016.

A principios de agosto de 2016, la situación militar general en Donbass no ha sufrido cambios significativos comparado con meses anteriores. En el frente, continúa la guerra de trincheras de intensidad media acompañada de bombardeos y enfrentamientos diarios en varias zonas (como es habitual, la actividad militar es mayor en la RPD que en la RPL) con episódicos momentos de intensificación cuando, por diferentes motivos, las escarceos locales derivan en el uso adicional de artillería, lo que inmediatamente hace aumentar el número de muertos y heridos. Esta incesante actividad no ha dado frutos: la línea del frente no ha cambiado y las constantes incursiones en la zona “neutral” sirve como forma soltar tensiones.

En este contexto, a principios de agosto no estamos más cerca de la implementación de los acuerdos de Minsk: no se ha completado el intercambio de prisioneros (en un año y medio, ni siquiera este punto ha sido posible), no se han designado las fórmulas para retirar armamento de calibre inferior a 100mm y no se ha conseguido el alto el fuego en gran parte del frente, a pesar de que el subgrupo de Minsk trató, el pasado mes de junio, de recuperar la práctica de treguas locales. Continúa la parálisis en los temas políticos asociados a las elecciones, la frontera, la amnistía, el papel de la OSCE, etc.

Los informes del frente se han convertido en monótonos y repetitivos y consisten fundamentalmente en noticias sobre ataques, en las que cada parte culpa al otro bando, y acusaciones de movimientos de tropas (tanto en el frente como movimientos en la retaguardia). Ocasionalmente, en picos asociados a la intensificación de la batalla a nivel táctico, se produce alguna explosión local, como ocurrió con el fracasado ataque del Ejército Ucraniano en el arco de Svetlodarsk. Y con todo ello llegan los rutinarios informes que afirman que no ha habido pérdidas en combate o se admiten bajas a causa de minas. La fragmentada información sobre las bajas que se han producido se encuentra con la implacable censura militar.

A juzgar por las quejas del bando ucraniano, junio y julio han sido sangrientos para el Ejército Ucraniano, con las ya habituales tendencias de alto número de bajas y fracasos a nivel táctico en sus intentos de atacar localidades del frente (habitualmente justificados como respuestas a ataques). Han sufrido los efectos Donetsk, Gorlovka, Dokouchaevsk, Yasinovataya y otras localidades del frente. El fuego de contrabatería es limitado y no puede parar completamente estos ataques. Como antes, el problema solo se soluciona alejando físicamente las posiciones del Ejército Ucraniano de las ciudades habitualmente bombardeadas.

Por supuesto, el tema recurrente es la amenaza de un ataque del Ejército Ucraniano, que en teoría ayudaría a la junta a obstaculizar el lento proceso de construcción de las estructuras de Estado no reconocido en Donbass, ya que no hay otra forma aparente de lograr ese objetivo. El problema para la junta es que, a medida que se acerquen las elecciones en Estados Unidos, las posibilidades de aventuras militares en Donbass se verán reducidas y, además, los preparativos militares del Ejército Ucraniano no pasan desapercibidas a la inteligencia de la RPD y la RPL, por no hablar de los servicios secretos rusos. Así que, además de las fuerzas armadas de la RPD y la RPL, que podrían responder a un hipotético ataque ucraniano, la Federación Rusa mantiene una cantidad considerable de tropas en la zona de la frontera, una red de seguridad en caso de que la junta trate de cambiar la situación por la fuerza. Ucrania, con sus habituales lamentos sobre la “agresión rusa”, sigue culpando a la Rusia y a las Repúblicas Populares por las tropas rusas que simplemente están en la frontera [en territorio ruso] y las tropas regulares de las Repúblicas. Pero hace tiempo que esas tediosas acusaciones ya no importan.

Teniendo en cuenta las elecciones en Estados Unidos y las favorables condiciones meteorológicas, en teoría la junta podría intentar realizar una ofensiva local para capturar Dokouchaevsk, Slavyanoserbsk o alguna otra localidad de la RPD o la RPL y después volver a la guerra de trincheras. El problema de ese plan es que en una rápida escalada hacia acciones de combate de alta intensidad, es probable que la batalla no estuviera localizada, lo que supondría riesgos adicionales para la junta. Así que es probable que, en este periodo anterior a las elecciones de Estados Unidos, sigamos viendo una guerra de trincheras de intensidad media con periódicos empeoramientos.

Iniciar un ataque en estos momentos es arriesgado para ambos bandos desde el punto de vista militar, aunque es preciso considerar que las necesidades políticas podrían empujar a la junta a una aventura militar para enterrar el proceso de Minsk y culpar al empeoramiento en la guerra de la decadente situación socioeconómica en el país y mantener a Rusia con la imagen de enemigo externo. Es evidente que en estos momentos Rusia, inmersa en grandes operaciones militares en Siria, está interesada en congelar la batalla o al menos reducir al máximo su intensidad. En el contexto de la sangrienta batalla que se libra en Siria, lo que ocurre ahora mismo en Donbass prácticamente parece una imagen estática, aunque esa idea es engañosa: bajo la monótona guerra de trincheras existe una gran tensión interna que puede dar lugar a operaciones locales.

Desde mi punto de vista, las posibilidades de una derrota militar de la RPD/RPL en una operación militar a gran escala del Ejército Ucraniano son escasas, aunque eso no niega que existan problemas tácticos, ya que las fuerzas ucranianas se han reforzado desde Ilovaysk o Debaltsevo y, en la RPD/RPL persisten los problemas a nivel organizativo. Las posibilidades de que la guerra acabe este año también tienden a cero y el futuro curso de los acontecimientos dependerá del nuevo marco en las relaciones entre el Kremlin y la nueva administración de la Casa Blanca.

En lo que respecta a la construcción de estructuras de Estado en las repúblicas, continúa el trabajo de formación de los mecanismos que gradualmente van llenando el vacío legal asociado a lo incierto del estatus actual. Las repúblicas continúan entregando pasaportes, se ha creado legislación para las notarías, etc.

La situación socioeconómica de las Repúblicas sigue siendo compleja debido a los bajos salarios y el aumento en el coste de la vida a causa de una serie de factores asociados a las aduanas y la especulación, que en ocasiones parten incluso de las oficinas de las autoridades. El impacto económico del fraude en la vida de las Repúblicas también es elevado, pese a que ha descendido de forma significativa comparado con el caos de 2015. Como era de esperar, la desoligarquización anunciada por Zajarchenko ha sido limitada y, aunque algunas empresas ucranianas han sido apartadas por las autoridades locales, la nacionalización de grandes propiedades, periódicamente anunciada por distintos oficiales, se realiza con cautela y a medias. Algunas empresas de la RPD siguen pagando impuestos a Kiev con la excusa de que los oligarcas propietarios continúan pagando los salarios de los trabajadores, por lo que de no hacerlo, la fábrica cerraría y los trabajadores serían despedidos.

No existe una vida política propia real en las Repúblicas y las actuales autoridades de la RPD y la RPL apuestan abiertamente por Moscú, lo que se reflejará en las próximas elecciones, si es que se celebran. Como hasta ahora, pese a las críticas a Zajarchenko y Plotnitsky, su futuro político está directamente ligado a los acuerdos de Minsk, en los que aparece su firma, por lo que mientras el proceso de Minsk continúe, seguirán en sus puestos. En caso de fracaso de Minsk habría otras opciones. En ese caso, la posición de Zajarchenko es objetivamente más favorable que la de Plotnitsky.

En resumen, las Repúblicas siguen siendo rehenes de un conflicto entre Rusia y Estados Unidos, por lo que su futuro depende de cómo y cuándo se resolverán esas contradicciones ruso-estadounidenses en las que la lucha por Ucrania y Donbass es un conflicto importante, pero no el único.

Los retos a los que se enfrentan la RPD y la RPL están claros: mantener un alto nivel de preparación para la batalla en sus fuerzas armadas, continuar con el proceso de consolidación de estructuras de Estado, mejorar la situación socioeconómica de los ciudadanos, reducir la dependencia económica de Ucrania y de los oligarcas locales y reducir la economía sumergida de las Repúblicas.

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Comentarios

Un comentario en “Guerra de trincheras y pocos cambios

  1. Muchas gracias por tu enorme trabajo y por traducir esta entrada de Cassad, hay muchas cosas que se pierden con la traducción automática. Te ruego otra vez que pongas en este sitio un enlace a mi blog, para compartir mis análisis militares de la guerra. Un saludo.

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    Publicado por Zhukov | 03/08/2016, 07:57

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