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Héroes de la diplomacia ucraniana

Artículo Original: Dmitry Artyomov / Strategic Culture Foundation
Tomado de Slavyangrad.org / Traducido por Alexander Fedotov

klimkin_powersKlim Chugunkin y otros héroes de la diplomacia independiente

Cada vez que se produce otra salida de tono anti-rusa en Kiev surgen las mismas preguntas: ¿qué tipo de diplomáticos trabajan en el Ministerio de Asuntos Exteriores? ¿Qué Ministerio de Asuntos Exteriores apoyaría públicamente acciones pacíficas como lanzar cócteles Molotov, bengalas y piedras contra un edifico de la misión diplomática rusa? ¿Quiénes son esos representantes de organizaciones internacionales que publican completos sinsentidos y mienten ante los ojos de todo el mundo? ¿Qué tipo de activistas por los derechos humanos exigirían la inmediata liberación de criminales de guerra?

Hace tiempo que el Ministerio de Asuntos Exteriores de Ucrania se ha dado prestado a ser el furioso director de políticas rusófobas y pro-estadounidenses. Pero esta política también es anti-ucraniana. Y muchos de sus ejecutores son agentes directos de la influencia de estados extranjeros. Occidente ha cultivado durante años, hay que darle crédito por ello, la vena rusófoba del edificio de la plaza Mijailovska (donde se encuentra el Ministerio de Asuntos Exteriores Independiente [apodo de Ucrania del término ucraniano Незалежна] en el antiguo edificio del Partido Comunista y del Comité Central del Komsomol de Ucrania). Tengamos en cuenta, por ejemplo, la biografía del actual ministro. Entre sus subordinados se le conoce por el apodo Klim Chugunkin[1], término que se ha extendido ampliamente por las redes sociales.

Recordemos al personaje del “Corazón de perro” de Bulgakov que era bajito, debilucho, con un hígado agrandado (por el alcohol)… Para un experimento, sus glándulas pituitarias y seminales fueron trasplantadas a un perro llamado Sharik y…así se creó un monstruo. ¿Qué tiene esto que ver con el notorio y nacionalista rusófobo ministro de Asuntos Exteriores ucraniano? Las respuestas se encuentran en su biografía.

Fue un aplicado estudiante de Kursk que antaño se enroló en una universidad de élite: en el departamento de Aerofísica e Investigación Espacial del Instituto de Física y Tecnología de Moscú para estudiar Física y Matemática Aplicada. Se graduó en la universidad el mismo año que se disolvió la Unión Soviética y fue enviado a Kiev, al Instituto E. O. Paton de Soldadura Eléctrica, una institución científica entonces cerrada involucrada en la implementación de varios programas de defensa. Algunas evidencias apuntan a que los servicios secretos de Moscú advirtieron a sus homólogos de Kiev: ‘ojo con el becario. Se sospecha que en su último año en la universidad fue reclutado por la CIA’.

En la era de la destrucción total, del colapso de la economía y en un momento en el que los generales de la inteligencia occidental se convirtieron en asesores de las autoridades rusas y ucranianas, nadie prestó atención a un pez tan pequeño como Pasha [diminutivo de Pavlo] Klimkin. El escándalo estalló un par de años después, cuando el jefe del Instituto y presidente de la Academia de Ciencias de Ucrania, Boris Paton, descubrió, para su sorpresa, que alguien estaba robando los resultados de los proyectos en desarrollo y estaba vendiéndolos a Occidente. Concretamente, la novedosa tecnología para soldar en el vacío -que la cosmonauta soviética Svetlana Savitskaya probó por primera vez en el espacio- y otros proyectos similares. Y esos proyectos comenzaron a ser patentados…por ciudadanos americanos en Estados Unidos.

No se encontró entonces a los culpables directos, aunque se determinó un círculo de sospechosos. Uno de los primeros en la lista era el joven físico con talento ‘de Moscú’ Pasha Klimkin. Milagrosamente, en lugar de en la cárcel, Klimkin apareció en el Ministerio de Asuntos Exteriores, eso sí, en un puesto de bajo nivel. Lo llevó allí el jefe del Departamento de Información Yuriy Sergeyev. Se olvidó rápidamente a Klimkin, que pronto partió a la embajada de Ucrania en Alemania para encargarse de los problemas técnicos y científicos. Dicen que allí desaparecía del trabajo semanas o incluso un mes completo. Los asesores alemanes de la embajada lo cubrieron afirmando que este posible miembro del personal estaba siendo entrenado para asuntos especiales. Solo podemos especular sobre cuál fue ese entrenamiento, pero los diplomáticos occidentales pronto comenzaron a recomendar a sus socios ucranianos que cuidaran a este prometedor joven con madera de diplomático.

Con el advenimiento de Yuschenko [presidente de Ucrania entre 2005 y 2010], la carrera de Klimkin ascendió definitivamente. Fue nombrado director del Departamento Europeo en el ministerio. Cuando Yanukovich [presidente de Ucrania entre 2010 y 2014] llegó a Bankova [calle de Kiev en la que se encuentra la administración presidencial] y con la recomendación del embajador de Estados Unidos en Kiev, inmediatamente ascendió a Pasha al cargo de…viceministro de Asuntos Exteriores responsable de todos los contactos con Occidente. Klimkin es uno de los coautores del Acuerdo de Asociación de Ucrania y la Unión Europea. Para ser precisos, uno de los correos que entregaron dichos documentos, preparados por Washington y Bruselas, a Yanukovich.

Entre aquellos que se alimentaban de dinero estadounidense, Pasha encontró a Natalia Galibarenko. Tras un tiempo, fue enviada con una beca a Bruselas, donde pasó varios meses; desde allí regresó a Kiev a la administración de Yuschenko para coordinar la dirección de la política euro-atlántica. Y de forma repentina, esta morena de 35 años se convirtió en viceministra del Ministerio de Asuntos Exteriores. Por supuesto, a las órdenes del ministro Klimkin. Algunos de los medios más importantes del mundo resaltaron la inteligencia y el excepcional talento diplomático de esta mujer. Fue ella quien recibió el encargo de convertirse en embajadora en el Reino Unido y quien apareció con un vestido amarillo y azul y un sombrero ridículo para presentar sus credenciales ante la reina. Esas imágenes circularon por todas partes tanto en la prensa como en la red. Según los testimonies de numerosos invitados que participaron en el acto, la nueva jefa de la embajada ucraniana en Londres se comportó de manera vulgar durante la recepción con la reina, gritando improperios sobre su propio Gobierno.

En cualquier caso, no se puede comparar a estos jóvenes profesionales con la vieja guardia de la diplomacia ucraniana. Y menos aún a Yuriy Anatolyevich Sergeyev, que hasta hace poco era el Representante Permanente de Ucrania en las Naciones Unidas. Los burdos discursos y las mentiras de este caballero, sus intentos de silenciar a otros representantes durante las discusiones se han convertido en la seña de identidad de la actual diplomacia Independiente. En un formulario de solicitud, este “patriota-nacionalista” –como él mismo se describe- escribió de su puño y letra en la columna ‘Idiomas’: “inglés, ruso, francés”. Para un hombre de apellido ruso y que nació en la República Socialista Soviética de Armenia, suena perfecto. Pero a Sergeyev, como a otros traidores de Kiev, no le gusta que nadie indague en su biografía y haga preguntas incómodas como: ¿En qué facultad de la Universidad Superior del Ejército Frunze de Kiev (más conocida como la Escuela Principal del Directorado de Inteligencia del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de la Unión Soviética) se graduó Yuriy Sergeyev? O ¿cuándo se unió Sergeyev a las filas del Partido Comunista? Suena interesante, ¿verdad?

Sergeyev ha pasado gran parte de su vida adulta en el Ministerio de Asuntos Exteriores, desarrollando activamente la cooperación con la Federación Rusa, y era buen amigo de Grigoy Karasin [viceministro de Exteriores ruso] cuando ambos estaban a la cabeza de los departamentos de información en sus respectivos ministerios. Kuchma [presidente de Ucrania entre 1994 y 2005] descubrió a Sergeyev en su momento. Primero lo nombró viceministro primero de Asuntos Exteriores y después, jefe del Departamento de Política Exterior de la Administración Presidencial. En aquel momento, Sergeyev no consideraba el ruso un idioma extranjero. Al contrario, en presentaciones y entrevistas insistía en que [rusos y ucranianos] somos una nación que vive en dos países hermanos.

Al contrario que otros muchos de sus colegas, Yuriy Sergeyev no aceptó sobornos para dar trabajo a los hijos de los oligarcas en el Ministerio de Asuntos Exteriores, el Instituto de Relaciones Internacionales o la Academia Diplomática y no robó del consulado ucraniano el dinero de tasas… No, se le consideraba una persona callada y tranquila, el típico representante de su profesión. De repente, el hombre estalló. ¡Y dónde si no en las Naciones Unidas! Ya entonces, parte de la prensa escribió que los agresivos discursos rusófobos del representante ucraniano parecían escritos por el Departamento de Estado y entregados a domicilio en la gris mansión de la misión permanente de Ucrania, situada a escasa distancia del East River. También se dijo que el señor Serhij (en el estilo ucraniano, como los americanos escriben su apellido), que tiene un gran conocimiento del ruso como idioma extranjero, tiene una pensión estadounidense y se le ha asignado el uso de por vida de una casa de vacaciones en Long Island, Nueva York. Escribieron que se había empezado a ver regularmente a su esposa Natalia en las exposiciones de muebles de moda entre las avenidas 31 y 39 en Nueva Jersey. Lo escribieron y no se equivocaban. Pero el señor Serhij no está pensando en retirarse.

Según representantes oficiales del Ministerio de Asuntos Exteriores de Ucrania, se iba a ofrecer a Sergeyev el puesto de viceministro primero. Ya asumió ese cargo en el Gobierno de Kuchma. Pero Yuriy Anatolyevich hizo uno de sus típicos giros. Llegó a Kiev solo para tres días. En ese tiempo, consiguió presentar una petición de jubilación. Acaba de cumplir 60 años. Se reunió con su viejo amigo Leonid Danilovich [Kuchma], como informó la web oficial del Fondo Kuchma. Y volvió a Nueva York. Desde allí comenzó a acusar públicamente a Klimkin y compañía de incompetencia, de subestimar sus talentos –los de Sergeyev-, de mantenerle al margen durante semanas, de no ofrecerle ningún puesto, ni siquiera en la enseñanza.

Ni siquiera el Ministerio de Asuntos Exteriores de Kiev se esperaba tal arrogancia de Sergeyev. Así que comenzaron a dar excusas para que Sergeyev no fuera recibido en ninguna recepción. Hicieron pública una fotocopia de su pasaporte diplomático en el que se veía que solo habían pasado tres días desde su entrada y salida de Ucrania. Además, se reveló que dos meses antes de su dimisión del puesto de embajador de Ucrania ante Naciones Unidas debido a su jubilación, Serhij había firmado un contrato con la Universidad de Yale. Ahora es profesor en esta famosa fábrica de la clase gobernante estadounidense. Como si estuviera riéndose de sus recientes logros, Sergeyev-Serhij escribió en Twitter que tenía una celebración: su primera clase a estudiantes de Yale.

La traición es una cualidad innata para muchos políticos y diplomáticos ucranianos, que cambian con facilidad de principios, jefes, partidos políticos, banderas, etc. Muchos miembros de la primera ola de la diplomacia ucraniana se graduaron en la etapa Soviética en las universidades cerradas de los sistemas de la KGB y del Ministerio de Defensa de la URSS. Por ejemplo, Valentyn Nalivaychenko, Embajador Extraordinario y Plenipotenciario, viceministro de Asuntos Exteriores, después jefe del SBU con la junta y uno de los fundadores del Praviy Sektor, estudió en el Instituto Yuriy Andropov de la KGB. Es sabido que fue reclutado por la CIA durante sus años en la embajada ucraniana en Estados Unidos. Y ahora los estadounidenses le consideran uno de los posibles candidatos para el asiento de Poroshenko, que ya ha aburrido a todo el mundo.

El rusófobo Boris Tarasyuk trabajó como instructor en el Departamento de Relaciones Internacionales del Comité Central del Partido Comunista. Fue ministro de Asuntos Exteriores en la presidencia de Yuschenko y ahora es diputado del parlamento por el partido de Yulia Timoshenko.

Vladimir Ogryzko fue secretario del Partido y tuvo un cargo en el Ministerio de Asuntos Exteriores de la Unión Soviética, también rusófobo, fue ministro de Ucrania. Entró en la historia de la Ucrania moderna con el concepto de la “diplomacia de Ogryzko” para exigir que se declarara persona non-grata a Viktor Chernomyrdin cuando fue nombrado embajador de la Federación Rusa en Kiev.

Vladimir Elchenko, que sustituyó a Yuriy Sergeyev en la ONU, tampoco es menos interesante. En la mejor tradición de Kiev, comenzó su trabajo en Nueva York con declaraciones anti-rusas, exigencias de libertad para Savchenko y la exigencia de tropas de la ONU en Donbass. Elchenko es hijo ideológico de un antiguo secretario del Partido Comunista de Ucrania; se graduó en el prestigioso Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú. La tesis de último año de carrera de Vladimir Yurevich en la universidad en Moscú llevaba por título “El papel de las oficinas del Partido en la organización de las actuales actividades de las oficinas consulares de la Unión Soviética en el extranjero”. En 2015, Vladimir Elchenko, entonces embajador de Independiente en la Federación Rusa, junto al entonces ministro de Exteriores Andrey Deshchitsa, participó activamente en el primer ataque contra la embajada rusa en Kiev. Se recuerda bien a ambos ya que en pareja profirieron ante las cámaras obscenidades contra el presidente de Rusia.

Esos son los, por así decirlo, diplomáticos que soportan en Ucrania la política exterior de sus dueños estadounidenses. Habría que pensar si es sorprendente que apoyaran los disturbios en la embajada de Kiev con su presencia.

[1] Klim Chugunkin es un personaje de la novella de Mijail Bulgakov Corazón de Perro. Se utiliza es nombre como sinónimo de un personaje que es un ladrón, mentiroso y traicionero. También se usa, por muchos motivos, como apodo de Pavlo Klimkin, ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania. Uno de ellos es la similitud en los apellidos del diplomático y el personaje.

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