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Victimismo ucraniano

Artículo Original: Yuri Gorodnenko / Svobodnaya Pressa

kuchma kravchuk yuschenkoLos políticos ucranianos son conocidos por su ansiedad y por su inconsistencia. Pero a pesar de sus anteriores chanchullos, no deja de sorprender que sigan repitiendo lo mismo una y otra vez. Uno de los más brillantes representantes de este fenómeno es el “arquitecto de la independencia” Leonid Kravchuk, que recientemente ha criticado las declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores de Alemania Frank-Walter Steinmeier sobre la necesidad de celebrar elecciones locales en la RPD y la RPL. Según Kravchuk, el retraso en la solución al conflicto en el este del país es, por supuesto, culpa de Moscú.

La tendencia a culpar a otro es una tendencia recurrente en el discurso de Leonid Kravchuk. Solo hace falta mirar a su retórica en los últimos dos años:

Diciembre de 2013: Kravchuk aconseja a Viktor Yanukovich que responsabilizara a sus subordinados de su fracaso en la firma del acuerdo de asociación con la Unión Europea.

Febrero de 2014: Leonid Makarovich apoya el violento golpe de Estado e inmediatamente encuentra a un nuevo “culpable”: los “sepataristas” de Donbass y de Crimea, que intentan “destruir” el país.

Noviembre de 2014: Kravchuk acusa de agresión a Moscú, exige que se interrumpan las negociaciones y llama activamente a la guerra.

Septiembre de 2015: Acusa de agresividad y chovinismo a todo el pueblo ruso, que durante siglos “no dejó vivir a Ucrania”.

Noviembre de 2015. Kravchuk hace un descrubrimiento: es posible culpar a Occidente, que actúa según “los intereses de Moscú”. Los líderes occidentales no están dispuestos a asistir a Kiev y “le persiguen como si fuera un partido de fútbol”: “Alemania por un lado, Francia por otro y Estados Unidos en la portería”.

Si se analiza la historia en profundidad, es posible encontrar similitudes con la forma de actuar de Leonid Kravchuk a principios de la década de los 90 del siglo pasado. En 1991, en su campaña en favor de la independencia, Kravchuk no dejó de insistir en la idea de que Ucrania debía ser autosuficiente y depender únicamente de sus propias fuerzas. Pero, unos meses más tarde, cuando las ineptas políticas dieron lugar al colapso económico y al empobrecimiento, comenzó a culpar de todos los problemas a las “políticas imperialistas” de Rusia.

Otro de los “padres de la independencia” actuó de forma similar. Para convencer a los habitantes del sudeste del país de que apoyaran la independencia, el líder del nacionalista “movimiento nacional” (Народний Рух), Viacheslav Chornovil, propuso en 1991, la idea de la federalización. Pero, cuando en la primavera del año 1992, los residentes en Crimea exigieron que se cumplieran las promesas, por ejemplo la creación de una Federación, el político respondió acusándoles de intentar colapsar el país y los calificó de “elementos fascistas”. A partir de entonces, todos los problemas iban a ser culpa de lo que se denominaría la “quinta columna pro-rusa”, término referido principalmente al sureste del país.

Con el advenimiento de Leonid Kuchma, que en su programa había declarado su intención de otorgar al ruso el estatus de segundo idioma oficial, paralizar la violenta ucranización y desarrollar la cooperación con Rusia, apareció la esperanza de que desaparecería la tendencia del juego de culpabilizar a otros. Pero durante el mandato del segundo presidente se formó el sistema oligárquico, con lo que el hábito de culpar a fuerzas y circunstancias externas incluso se intensificó.

El siguiente jefe de Estado, Viktor Yuschenko, trató de inculcar a la población la idea de la “singularidad de la nación ucraniana” y animó a los ucranianos a liberarse. Pero no explicaba cómo. Y cuando el colapso económico se aceleró, desvió toda la culpa a su aliada Yulia Timoshenko y al presidente ruso. Se argumentó que la principal causa de la crisis era el contrato de gas que se había firmado.

Y lo peor de todo es que la repetición de esta estrategia durante dos décadas y media ha conseguido que la población sea víctima de ese estereotipo. Como resultado se ha creado una sociedad dispuesta a buscar atajos y a mirar al exterior en busca de culpables para todos sus problemas.

Un claro ejemplo es la revolución naranja. La mayor parte de sus defensores no reconocieron, y siguen sin reconocer, sus errores. Ni siquiera se plantearon revisarlos cuando experimentaron la decepción de las políticas de Yuschenko-Timoshenko. Siguieron convencidos de que nada había sido un error, no se habían equivocado. Solo habían sido traicionados, engañados por sus líderes.

Pero negarse a aceptar los errores siempre tiene consecuencias negativas.

Se ha formado un complejo que la psicología llamaría victimismo. Se desvía la responsabilidad de los errores a otras personas, países o circunstancias. Así que, desde el punto de vista de aquellos que lo padecen, buscan a otros para que solucionen cualquier problema que aparezca. Negar los errores demuestra un profundo descontento cuando alguien comienza a evaluar sus errores. Cuanto más escucha las críticas, más se paraliza. Apartado por su complejo, el síndrome de abstinencia le aleja definitivamente de la realidad. Las emociones negativas se acumulan y se comienza a considerar culpabilizar a todo el mundo exterior.

Pero lo más triste es que la élite ucraniana apoya este estado de la sociedad. Es más, busca que sea así, ya que le beneficia que los ciudadanos comunes ucranianos no busquen las causas de las dificultades en el país. El resultado es la completa eliminación de la posibilidad de la autocrítica y la erradicación del deseo de comprenderse a sí mismos.

Pero esa situación solo es temporal. Antes o después, la sociedad explotará y llegará una nueva oleada de políticos ucranianos.

El “comité regional americano” (los verdaderos dueños de Ucrania) cuenta con ello. Así que hoy en día, los ucranianos no pueden encontrar sus propias respuestas a la situación del país. Para implementar esta estrategia, se ha instalado en los puestos clave a protegidos de otros países. Hoy, en el Gobierno están representados varios continentes: hay ciudadanos de Estados Unidos, de la Unión Europea y los países post-soviéticos. En el gabinete habrá un miembro del lejano oriente, un japonés. Y solo faltará África.

Pero al actuar de esta manera, los pálidos hermanos estadounidenses cometen un error estratégico. Al acostumbrar a la víctima a la idea de su propia incapacidad, ni se les ocurre que sea capaz de desviar su atención del enemigo externo al enemigo interno. Y en ese caso, dado que una y otra vez se ha repetido que el poder está en Estados Unidos, las acusaciones acabarán por dirigirse al dueño.

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