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Alto el fuego, Ayuda humanitaria, Bombardeos, Ejército Ucraniano, LPR, Pervomaisk

Detrás de esa puerta

Original: Yevdokia “Dunya” Sheremetyeva / Little Hiroshima

468578_600En casi un año de visitas a Donbass, esta es la historia más terrible que me he encontrado. Hay otras muchas historias no menos trágicas, pero hay algo especialmente triste sobre esta. Puede que sea porque Viktor la cuenta con frialdad, impasible. Estábamos ahí, de pie, con las estúpidas bolsas y yo no sabía qué decir.

Este es Viktor Rusanov. Vive en Pervomaisk, en el barrio de Zelenkhoz.

-El 15 de noviembre [de 2014-Ed], salí por la puerta del porche y de repente escuché dos explosiones.

–Grads?
–No, dos bombas de mortero.

El bombardeo lo destrozó todo. El cobertizo, todo alrededor, el jardín, arrancó el tejado. Viktor señala con la mano. Se da la vuelta y señala los escombros.

–Entré al jardín y vi la puerta tirada por el suelo. El frigorífico estaba al otro lado del jardín. Miré y vi ahí a mi mujer, decapitada.

Le miro. ¿Lágrimas? No, Viktor simplemente se da la vuelta. Ni una lágrima. Señala hacia el lugar en el que encontró a su mujer. Y entonces se da la vuelta rápidamente.

–Había una pila de escombros al lado de la casa. Más tarde encontré a mi hijo ahí. Le había arrancado la pierna. Estaba al otro lado. El perro también murió en el acto.

Ahora Viktor solo tiene a su hija. Ella también vive en Pervomaisk. Vive a cuatro kilómetros de la frontera, en la autopista de las bombas.

–¿Hay muchos bombardeos?
–Últimamente ha estado tranquilo. Pero en agosto era una bomba tras otra.

El hijo de Viktor tenía 36 años. La casa sobrevivió, aunque está descascarillada. Cuando nos marchamos, Viktor no nos acompañó a la puerta. Solo se quedó ahí, en silencio.

No sé cuántas veces habrá contado esa misma historia. No sé cuáles son sus sentimientos o sus emociones. Pero sé que hubo un día y una hora en su vida. Y en ese momento parte de su vida se acabó. Y cada hora, cada instante pasa por el mismo lugar en el que estaba su mujer. Una vida que desapareció en un momento. Estaba de pie a nuestro lado, pero no estaba ahí con nosotros. Como si solo quedara una parte de él. Todos estábamos en ese porche, estábamos ahí en vez de sus seres queridos, a los que había perdido detrás de esa puerta.

Aunque estoy escribiendo esto, no entiendo nada de lo que estoy escribiendo. Y todos vosotros, que estáis leyendo esto, podéis llorar todas las lágrimas inútiles y aun así tampoco podréis entenderlo. Podéis gritar a voces qué es verdad y qué no lo es. Podéis exigir vídeos, pruebas. Todo. Pero ninguno de nosotros, yo incluida, entiende nada de lo que es ver decapitada a su mujer, ante la que había salido por esa puerta solo cinco minutos antes. Ninguno de nosotros sabe lo que es encontrar a un hijo hecho trizas entre los escombros.

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  1. Pingback: Detrás de esa puerta | Desde el otro lado - 12/11/2015

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