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Afganistán, Análisis, Análisis político, Caucaso, China, Donbass, Ejército Ucraniano, El Murid, Estado Islámico, Estados Unidos, Países Bálticos, Política, Política exterior, Rusia, Ucrania

Diferentes enfoques

Artículo Original: El Murid

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 “…Estados Unidos no está dispuesto a ir a la guerra por Ucrania, afirmó el jefe de prensa de la Casa Blanca, Joshua Ernest a los periodistas el martes 26 de mayo. Clarificó también la postura de Estados Unidos al responder a la pregunta sobre las diferencias entre el enfoque de Washington hacia Ucrania e Irak”.

El jefe de prensa no decía nada nuevo. El objetivo de Estados Unidos no es enviar tropas a Ucrania, sino crear las circunstancias en las que Rusia se vea obligada a involucrar a sus fuerzas armadas en la región. En realidad, ni siquiera es relevante si Rusia se ve obligada a introducir tropas como respuesta a una confrontación militar directa entre Rusia y Ucrania o si simplemente se trata de una amenaza procedente del territorio ucraniano.

Pese a lo absurdo de este escenario (de una amenaza), no todo es ficción. Ucrania se ha convertido en una  amenaza crítica para Rusia al margen de cuál sea el desarrollo de los acontecimientos. En pocas palabras, el objetivo de Estados Unidos es forzar a Rusia a repetir el mismo error cometido por Estados Unidos: cuando congeló a su ejército en Irak y en Afganistán perdió su efectividad en la política global y su capacidad de amenazar con otra intervención militar directa.

Ni se esconde, ni es posible esconder, el hecho de que Estados Unidos aspira a sabotear la nueva “ruta de la seda” china –un monumental proyecto de infraestructura que conectaría todos los continentes– desestabilizando las regiones de Asia Central y el Pacífico. Las antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central son un punto importante, un nudo de comunicaciones, así que se prepara un ataque por los bien entrenados métodos de las revoluciones de colores. Solo que en esta ocasión los habituales escenarios se verán incrementadas por las acciones de los talibanes y del Estado Islámico (EI), que se preparan su expansión por esos corredores.

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Teniendo en cuenta las tensiones entre los talibanes de Afganistán y el EI, Estados Unidos trata de crear esos corredores de tal manera que no haya intersección entre estos dos potentes elementos desestabilizadores, al menos durante la primera fase de expansión.

Para desestabilizar Asia Central, Estados Unidos necesita excluir del juego político de la región a los principales actores regionales, que están extremadamente preocupados por el desarrollo de los acontecimientos: principalmente Irak, aunque también Rusia y, en menor medida, Pakistán. Para cada caso se están creando conflictos con los que distraer a esos países. Cuanto más lejanos sean en el tiempo y cuanto más intensos sean esos conflictos, mayor posibilidad para Estados Unidos de lograr una completa desestabilización de la región de Asia Central. Una vez interrumpida esta zona de la ruta de la seda, Estados Unidos podrá terminar la campaña del Pacífico. Ahí se verá forzado a actuar directamente: las oportunidades para las acciones indirectas son escasas en esta zona.

Ya es evidente qué distracción se utilizará contra Rusia: un conflicto complicado y extendido a lo largo de toda la frontera occidental desde los países Bálticos hasta el mar Negro. Es complicado predecir si algo de ello se transformará en una confrontación militar directa, pero el hecho es que Rusia se verá obligada a aumentar su presencia militar en esta zona. Considerando que no hay suficientes unidades ni formaciones preparadas para el combate en el ejército ruso, la dirección al sur quedará inevitablemente desprotegida.

Para excluir la posibilidad de una maniobra, Rusia puede encontrarse con la expansión de legiones extranjeras del Estado Islámico en el Cáucaso. Esto es, por supuesto, si Estados Unidos logra distraer la atención del cada vez más difícil de controlar Shura (consejo) del Estado Islámico de la zona del sur contra Arabia Saudí, que a en sí misma es importante para Estados Unidos, ya que la península arábiga juega un papel importante en el suministro de hidrocarburos a China. 

map_frontsAparecen dos puntos de vista diametralmente opuestos en el establishment americano a raíz de un conflicto de intereses sobre cuál de los dos objetivos debe ser prioritario en la construcción de un corredor de expansión del Estado Islámico: la península arábiga y el Cáucaso norte (y con él, la zona del Volga).

De una manera o de otra, el conflicto en Ucrania, al que ahora se ha sumado el creciente problema de Transnistria, alcanza mayor importancia para los planes globales de Estados Unidos que un simple problema regional europeo. Es imprescindible para Estados Unidos mantener e inflamar constantemente el conflicto para mantener a las tropas rusas en alerta para repeler una variedad de amenazas desde la frontera occidental. El periodo de duración de este conflicto estará determinado por el estado de preparación de Estados Unidos en su lanzamiento de los procesos de desestabilización de Asia Central. Parece que estamos hablando de un periodo de entre un año y medio y dos años. Como es natural, no hay una ecuación que pueda hacer un cálculo exacto. Pero las autoridades rusas parecen suponer que existirán suficientes oportunidades para maniobrar o para hacer frente a varias amenazas. La mala noticia es que las medidas que se preparan son respuestas puramente directas.

Las acciones indirectas, como se observa en el ejemplo de Donbass, parecen ser extremadamente poco efectivas. El proceso de Minsk tenía como objetivo atar a Kiev y reducir considerablemente el nivel de amenaza que llega de Ucrania. En cierto sentido, ha funcionado, aunque la tensión ha aumentado inmediatamente en Transnistria, donde aún no está claro cuál será el desarrollo de los hechos. Los errores cometidos durante el último año, cuando era posible y necesario eliminar la amenaza que llegaba de Kiev liquidando a la junta, se ha traducido ahora en la pérdida de iniciativa de Moscú, que se ve condenado a un papel secundario. No hay duda de que si Rusia consigue solucionar el problema de Transnistria, Estados Unidos creará otro, posiblemente en los países Bálticos.

A un nivel puramente racional, la indecisión del Kremlin en la cuestión ucraniana puede explicarse con la comprensión de que se había perdido la iniciativa, por lo que cualquier maniobra será causante de un nuevo nudo de tensiones que habría que evitar con medidas directas: reforzando las tropas en dirección oeste, algo que parece haber excedido todos los niveles de tolerancia. La poca eficacia de las medidas indirectas que evitaran la necesidad de fuerza militar directa o amenaza de ella, la ausencia de instrumentos para conducir una guerra híbrida moderna y las políticas de escaso mérito en Donbass y Crimea dejan a Rusia con escasas posibilidades de recuperar la iniciativa.

Existe, por supuesto, una oportunidad. Y no solo una. Requeriría una revisión completa de las políticas en Donbass, la retirada de todas las marionetas, la creación de unas autoridades de gobierno capaces de controlar de forma efectiva los territorios, la creación de unas fuerzas armadas en lugar de la milicia y la reanudación de hostilidades con el objetivo de marchar hacia Kiev. Si esa decisión parece poco práctica debido a las obligaciones aceptadas por Moscú en Minsk, existe la posibilidad de crear una estructura de lucha indirecta contra Kiev estableciendo un gobierno en el exilio y un ejército de liberación nacional bajo su comando. Esta estructura no ha formado parte de los acuerdos de Minsk, por lo que no ha contraído ninguna obligación.

Es evidente que los métodos poco triviales requieren enfoques poco triviales, pero por el momento, todo discurre según el escenario estadounidense, para quien hay una serie de escenarios aceptables. Todos ellos implican problemas para Rusia. Es necesario recuperar la iniciativa, salir del conflicto pasando el papel de “según los acuerdos” a otra entidad. Con ello, Rusia recuperaría cierto margen de maniobra en el espacio geopolítico y recursos adecuados.  

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