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El victimismo de Kiev

Esta es la guerra del pueblo contra los ocupantes del kremlin, para defender no solo a ucrania sino a todo el mundo civilizado de las hordas salvajes.” Euromaidan

Ivan Rodichenko.

De forma práctiamente simultánea al viaje de Andriy Parubiy a Canadá y Estados Unidos en busca de apoyos y, especialmente de armas para el Ejército Ucraniano, otro veterano del Maidan realizaba una igualmente mediática gira con objetivos similares. Mientras Parubiy se reunía con altos cargos del Gobierno canadiense, con el líder de la mayoría y el presidente del Congreso estadounidense, Ivan Rodichenko participaba en una serie de actos en busca de financiación para uno de los batallones voluntarios que luchan del lado del Gobierno de Kiev. Si la gira de Parubiy estuvo marcada por un efecto propagandístico, las apariciones públicas de Rodichenko están marcadas por un toque de victimismo cuyos objetivos están claros: recaudar todo el dinero posible y magnificar la amenaza rusa sobre Ucrania.

Acompañado en sus apariciones en los medios por el periodista Michael Weiss, la barrera lingüística no ha sido obstáculo para presentar una visión de la guerra en la que los batallones voluntarios que luchan junto al Ejército Ucraniano se enfrentan, prácticamente sin equipamiento alguno, no a una milicia, ni siquiera a una milicia apoyada por un Gobierno, sino directamente al Ejército Ruso.

Era primeros de febrero y la campaña de invierno llegaba a su punto álgido. Al contrario que en septiembre, cuando la milicia paralizó su ofensiva hacia Debaltsevo, prácticamente sitiado, tras la firma del alto el fuego, la lucha por Debaltsevo iba a continuar hasta un final que muchos ya entonces veían inevitable. Los separatistas apoyados por Rusia trataban, según Weiss, de recuperar el terreno perdido seis meses atrás “y más allá”. “Sé que quiere ir más lejos”, dice Rodichenko sobre los planes de Putin. “Odessa, Kharkov, Kherson. Quiere un corredor por el sur hasta Crimea”. No importa que para llegar a Crimea, Putin no necesite llegar hasta Odessa.

“Con sus hombres aplastados por Rusia, un desesperado comandante de uno de los batallones ucranianos ha aterrizado en la ciudad de Nueva York, donde improvisa la búsqueda de dinero para armas, cascos e incluso papel higiénico”, escribió Michael Weiss en un artículo en Foreign Policy que daba a conocer al público estadounidense a Rodichenko y a su causa. Publicado el 4 de febrero, el batallón para el que recadaba fondos Rodichenko, el Kievan Rus, se encontraba entonces en una posición tremendamente comprometida, a pocos días de quedar, junto a otras muchas unidades del Ejército Ucraniano y otros batallones voluntarios, cercado en la zona de Debaltsevo.

El artículo pinta una imagen prácticamente desesperada de los batallones voluntarios, unidades formadas por ciudadanos preocupados, civiles y revolucionarios de Maidan que, pese a acudir de forma desinteresada a la defensa de la patria, no reciben del Gobierno más que viejos AK-47 y munición.  “Solo recibimos del Gobierno balas, metralletas y blindados”, dice Rodichenko.

Weiss, que carece de la barrera lingüística que sí supone un problema para Rodichenko, parece haber olvidado que muchos de esos batallones voluntarios han estado financiados por oligarcas ucranianos, que en ocasiones han dispuesto de ellos como sus ejércitos particulares. Ihor Kolomoisky, hasta hace pocas horas gobernador de la región de Dnipropetrovsk, ha sido, en estos meses, la principal fuente de financiación de estos batallones. Pero la versión parece confirmar la versión de los líderes de las Repúblicas Populares y comandantes de las milicias, que han repetido hasta la saciedad que el Ejército Ucraniano utiliza a sus soldados como carne de cañón.

Sin ocasión de culpar de la situación al expresidente Yanukovich, Weiss insiste en que “Kiev dependió inicialmente de estas facciones paramilitares a causa del debilitamiento del ejército por parte del Gobierno del expresidente Viktor Yanukovich. Los voluntarios firmarn un contrado con el Gobierno en el que prometen obedecer las órdenes dadas por el comando de la operacón antiterrorista (ATO) y entregar a Kiev toda la inteligencia recogida sobre el terreno, incluyendo las pruebas forenses de la participación rusa en el conflicto”.

Pero ese contrato es un problema. Ucrania dice haber destapado a más de 200 espías rusos en tan solo un año. “Tenemos enemigos dentro y fuera de Ucrania”, dice Rodichenko. “Los términos de nuestro contrado dejan claro que si capturamos a un soldado ruso y lo interrogamos y obtenemos su nombre, rango y número de identificación, tenemos que enviar la información de vuelta a Kiev. ¿Pero cómo sabemos que en realidad no estamos enviando la información a Moscú?”, se pregunta. La amenaza de Moscú es omnipresente y sirve para justificar prácticamente cualquier situación sin necesidad de presentar prueba alguna.

Ivan Rodichenko en uno de sus actos en Estados Unidos

Un esfuerzo para recaudar fondos


El esfuerzo de Rodichenko, como el de otras organizaciones que buscan recaudar fondos o material para los soldados de uno u otro lado, es innegable. Tras haber iniciado esta recaudación de fondos con unas llamadas por Skype, Rodichenko dice haber recaudado al menos medio millón de dólares, con los que ha conseguido equipar a una parte del batallón.

Un artículo de Christopher Harres en el International Business Times detalla el trabajo de Rodichenko en Estados Unidos más de un mes después del primer artículo de Weiss en Foreign Policy. Como tenía previsto, Rodichenko permaneció en Estados Unidos en esas semanas de dura lucha. Su trabajo ya no está en el frente sino en los despachos, reuniones y eventos de la diáspora en los que se juega la batalla económica de esta guerra. “Sin la ayuda gente como esta, la guerra ya está perdida”, dice Rodichenko sore los múltiples eventos para recaudar fondos que ha realizado en estas semanas en Estados Unidos, país al que huyó en un momento de las protestas de Maidan, cuando temió una victoria de Yanukovich. Productor musical en Chipre, Rodichenko regresó a su país para dirigir eventos del escenario principal del Maidan y regresó también para unirse a lo que iba a convertirse en una guerra tras la pérdida de Crimea.

Fue la sorpresa de ver a sus compañeros presentarse al campo de entrenamiento en vaqueros y zapatillas, muchos de ellos sin otra ropa que la que llevaban puesta, la que le llevó a buscar vías alternativas para cubrir las necesidades de su batallón, el 25º batallón territorial Kievan Rus. En su gira americana, Rodichenko ha pasado por colegios o iglesias, reuniéndose generalmente con personas de origen ucraniano. Según explica el artículo del International Business Times, quienes entregan dinero en efectivo en esos actos son generalmente “inmigrantes que aún ven a Ucrania como su país y mantienen fuertes sentimientos nacionalistas”.

Ivanka Zajak, una enfermera de 62 años que preside la rama de Nueva York del Ukrainian Congress Committee of America, ha sido la principal aliada de Rodichenko en esta misión. El Comité aboga por convencer al presidente Obama de que envíe la ayuda militar letal que no puede enviarse de forma privada. Mientras tanto, apoya las iniciativas de recaudación de fondos que representa Rodichenko. De esta forma, el Kievan Rus ha obtenido miles de dólares en equipamiento, incluyendo por ejemplo radios por valor de $50.000 donados en Holanda.

Sin estas ayudas, estos batallones no podrían seguir luchando, argumenta Rodichenko. “La poca financiación que el Gobierno aporta se gasta en equipar al ejército regular en lugar de a los voluntarios. Rodichenko dice que lo único que se entrega a los batallones voluntarios son balas, rifles, muchos de ellos de la época en la que Ucrania era una república de la antigua Unión Soviética”, insiste Christopher Harres. Puede que el 3,8% del PIB que el presupuesto ucraniano destinó a gasto militar el año pasado no haya sido suficiente para equipar a los batallones voluntarios. Ni Rodichenko ni el periodista parecen caer en la cuenta de que, por bajo que sea, ese gasto del Gobierno ucraniano en armas, munición o blindados ya supone una mayor inversión en los batallones voluntarios de lo que ese Gobierno ha invertido en salarios y pensiones de la población de Donbass, impagados oficialmente desde noviembre.

Aportaciones de la diáspora ucraniana en Estados Unidos para el Kievan Rus, una contribución mínma comparada con los miles de dólares recaudados a través de internet

La omnipresente amenaza rusa: David contra Goliat


Rodichenko, igual que Bereza, Semenchenko o Parubiy, tiende a no mencionar algo que los periodistas que cubren su visita a Estados Unidos también prefieren olvidar: como los batallones voluntarios que luchan junto al Ejército Ucraniano, la milicia sufre las mismas condiciones y los mismos problemas en la guerra. En su búsqueda de fondos para financiar al ejército de un país con una potente industria militar, los representantes ucranianos prefieren comparar a los batallones voluntarios con el Ejército Ruso y no con una milicia que, aunque dispone de voluntarios con experiencia militar, está formada en gran parte por ciudadanos de la zona, de otras zonas de Ucrania o de otras zonas de lo que fuera la Unión Soviética.

En Foreign Policy, igual que en The Interpreter, medio del que es editor jefe, Michael Weiss insiste en el hecho de que estos batallones voluntarios están formados por civiles o revolucionarios de Maidan que se han visto obligados a tomar las armas para defender a su país. Este enaltecimiento de los batallones voluntarios, algunos de los cuales han sido acusados de crímenes de guerra por organizaciones como Amnistía Internacional, prefiere evitar ver a los mineros, profesores o camioneros que forman la base de unas milicias de Donbass en las que nadie niega que luchen también antiguos militares rusos o veteranos de Osetia, Transnistria o Chechenia. El batallón Dzhokhar Dudayev recuerda que hay veteranos de otras guerras en ambos bandos.

Tras meses en Debaltsevo, el batallón Kievan Rus, igual que otros batallones voluntarios y del ejército regular, se vio obligado a retirarse de la ciudad ante el asalto de las milicias. Su comandante, Vysota, explicaría después que tomó la decisión por su cuenta, con el único objetivo de salvar a sus hombres. Días después, Euromaidan resaltaría la lucha del Kievan Rus en su retirada. El batallón consiguió abrirse paso hasta Aryomovsk sin apenas pérdidas, diría entonces Euromaidan, olvidando que llegaron también sin armas y a pie. Tan solo cuatro días antes, el 14 de febrero, el perfil de Facebook del batallón informaba de las grandes noticias que llegaban del frente. Como el propio Vysota advertiría después, todo estaba perdido el día 9, cuando a las tres de la mañana, la milicia capturaba Logvinovo, que iba a convertirse en la escena de una de las más feroces batallas de la guerra considerando que se trataba de una localidad de poco más de una docena de edificios.

Semanas después, la lucha de Rodichenko no ha acabado con el alto el fuego. “Crimea está en manos rusas”, dice en el artículo del International Business Times, “la mayor parte del este de Ucrania está controlado por los rebeldes y Rusia está enviando más tropas y armas pesadas cada día. Queda mucho por lo que luchar”. Hay poco de cierto en estas afirmaciones. Los rebeldes no controlan gran parte del este de Ucrania, sino una tercera parte de los territorios de Donetsk y Lugansk. Y los batallones voluntarios van a necesitar más ayuda que la obtenida en actos en sótanos de iglesias o vía crowdsourcing si pretenden comprobar la diferencia entre luchar contra una milicia y luchar contra el Ejército Ruso en Crimea. Pero la narrativa que busca magnificar la presencia rusa en Donbass lo hace necesario.

Si hace pocos meses, el establishment ucraniano quería hacer ver que eran los famosos ciborgs del aeropuerto de Donetsk quienes protegían la civilización europea de las hordas rusas que arrasarían con los valores del continente, su derrota, igual que la causada por la inacción del comando ucraniano en Delbaltsevo, ha condenado a Ucrania a exagerar su debilidad. En un país cegado por el nacionalismo, la recaudación se ha convertido en un mejor argumento que el honor y la patria.

En esa búsqueda de apoyo político y económico, las apariciones de Rodichenko en los medios han magnificado aún más la épica de la brava lucha de un país invadido contra el Ejército Ruso, el más fuerte del continente y han llegado a buscar unos niveles de victimismo que la prensa no ha dudado en explotar, olvidando, otra vez, que el Ejército Ucraniano no lucha contra un ejército profesional sino contra una milicia.

Soldados del Kievan Rus tras la derrota de Debaltsevo

“En cierta forma recuerda a lo que los rebeldes sirios llevan cuatro años haciendo, ¿verdad? Quiero decir, completamente a la desesperada, sin ningún tipo de apoyo institucional o del Gobierno”, decía Weiss en una aparición en CNN en una descripción que en realidad vale también para la milicia. “Estos chicos, me dijo Ivan, usan walkie-talkies que se pueden encontrar en torneos de paintball. Y los están usando no solo para luchar contra los separatistas, sino para rusos entrenados profesionalmente que, adivina, tienen equipamiento de vigilancia electrónico para infiltrarse en teléfonos móviles y walkie-talkies.

Las grandes cantidades de equipamiento y de munición que el Ejército Ucraniano y los batallones voluntarios se vieron obligados a dejar atrás en Debaltsevo durante su épica huida de un cerco que el Gobierno ucraniano se negó a admitir; desmienten una desigualdad de fuerzas que Weiss define buscando niveles de épica de película bélica:

“Quiero decir, es una historia de David contra Goliat como no he visto antes en la cobertura de otras guerras”.

La crudeza de la descripción enmudece al presentador, aunque esta versión tenga poco que ver con las crónicas del corresponsal de la cadena en Debaltsevo, que pese a admitir la mala equipación de las fuerzas ucranianas, admitía también que estas no luchaban contra el Ejército Ruso sino contra una milicia que comenzaba a actuar como un Estado. La presentadora califica la lucha como una situación desesperada. Weiss asiente y se explica:

“Totalmente. Sabes, hay que comprender también el armamento que están usando: AK-47. ¿Es un arma antigua, verdad? Los separatistas traen armas antitanque, antiaéreas, sabes, artillería, sistemas de artillería guiados por radares para aplastar estas ciudades”. La épica de la lucha de un AK-47 contra sistemas antitanque es innegable, aunque no se ajusta a la realidad.

Aunque la aparición en CNN pudiera parecer exagerada, es la entrevista en el programa de MSNBC presentado por Ronan Farrow la que mejor define el victimismo ucraniano y la complicidad de la prensa con esta visión.

“Los ucranianos corren por sus vidas ahora mismo, huyendo de la ciudad de Debaltseve, controlada por el Gobierno”, decía Farrow en su introducción el 6 de febrero, informando sobre la evacuación de civiles. “Imaginen que su ciudad se encontrara ante el ataque de militantes alardeando de tanques, lanzacohetes y blindados mientras que los defensores de la ciudad luchan vestidos con ropa de calle, utilizando cualquier suministro que puedan encontrar. Eso es, esencialmente, lo que ocurre en el este de Ucrania”.

Ahora, podríamos responder al presentador, imagine una ciudad bombardeada durante meses, sin suministro eléctrico ni agua corriente, sometida al bloqueo económico y en la que hace meses no se cobran las pensiones. Pero esa es otra historia. Como si se tratara de un western, entre la realidad y la leyenda, muchos prefieren publicar la leyenda.

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