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Donbass, DPR, Ejército Ucraniano, LPR, Lugansk, Rusia, Ucrania

«Nosotros también estamos aprendiendo»

Artículo Original: Alexander Kots / Komsomolskaya Pravda

“Por los baches, por los baches, sobre pequeños puentes, bajamos por la colina a un agujero. Boom”, canta un soldado preparado de arriba abajo. Al sonido de “boom”, todos aquellos sentados en el camión Kamaz blindado se golpean con el techo. Bueno, todos llevaban los cascos puestos de antemano. La ruta al frente no es corta y no es para coches. Para llegar, es preciso hacer un rodeo y transitar por carreteras secundarias para acercarse a la antigua frontera rusa, ahora una frontera administrativa con la región de Belgorod. Hoy tenemos como compañeros de viaje a dos amigos de la Brigada de Respuesta Rápida de Jabárovsk. Como ellos, temblamos en los baches y nos castañetean los dientes.

“Por cierto, el conductor tiene de nombre de guerra Jojol [término ofensivo con el que los rusos se refieren a los ucranianos-Ed]”, ríe uno de ellos. “Tenemos un chico de Kramatorsk en la unidad”, dice otro. “Se marchó a Rusia en 2014 y en cuanto empezó la operación especial, se marchó a la primera línea del frente para liberar su ciudad. Es su tercera rotación, acaba de volver de permiso”. “¿Hay permisos?”, pregunto con respeto. Los permisos son algo raro por aquí. “Regulares”

Detrás del vehículo van quedando enormes campos de girasoles ennegrecidos que nadie ha podido cosechar este año. Y una nube negra flota sobre ellos. Aquí no se teme a las nubes. Al contrario, cuanto más bajas sean, más posibilidades de que no ser detectado por los drones enemigos. Y los satélites se quedan ciegos con este tiempo. Los comandantes competentes lo usan para mover refuerzos más cerca del frente. Lo he visto hacer de forma casi perfecta. Dos camiones llenos llevan refuerzos desde la retaguardia a Kremennaya. Allí va la infantería y los camiones vuelven vacíos. Durante todo el día.

Los comandantes que, por decirlo de forma diplomática, tienen menos experiencia, continúan enviando largas columnas de vehículos peligrosamente cerca de la línea del frente. Como es natural, muchas veces se convierten en presa fácil para la artillería ucraniana. Así es como una brigada motorizada comandada por reclutas se encontró bajo el fuego cerca de Svatovo. “Vinieron a nosotros con heridos en la frontera entre las regiones de Járkov y Lugansk. Tenemos un crío, un instructor médico, que les pinchó, les vendó y ayudó todo lo que pudo”, cuenta, ya en el frente cerca de Kupiansk, un duro soldado de la Rosgvardia con nombre de guerra Pan, comandante adjunto de la unidad.

“Nos movimos bajo el fuego de la artillería enemiga, nos golpeaban duro”, recuerda Barbar, comandante del grupo. “Sacamos a un grupo de movilizados. Eran prácticamente treinta personas, querían quedarse con nosotros, seguir sirviendo. Les tuve que enseñar paso a paso algunas cosas. Pero vino su comandante de batallón y se los llevó. Evacuamos a los heridos nosotros mismos, fueron siete”.

Según mi información, ya se han sacado conclusiones de esta historia sobre los reclutas, que fueron enviado al frente sin la preparación necesaria. Todo está pasando rápido ahora y es de esperar que otras unidades hayan aprendido la lección.

“Hay que repartirlos por las unidades que ya están en marcha, que ya saben cómo son las cosas”, dice Pan, de cuarenta años, padre de cuatro hijos. “Para empezar, harán trabajo auxiliar, por ejemplo, de seguridad. Para un soldado, ya es mucho trabajo, será una forma de luchar y servir. Y así lo aprenderá todo de los más experimentados: las trincheras se cavan de esta manera, se duerme de tal otra, necesitas llevarte estas cosas contigo…”

“¿Llevas mucho tiempo de servicio?”, pregunto a Pan.

“En nuestra unidad, desde 2001. He visto muchas cosas, he estado en muchos lugares. Confío en mí mismo, confío en mis camaradas. Por eso estoy aquí. Cuántas veces ha habido situaciones en las que no se podía hacer nada, pero he mirado a los amigos y camaradas y he sentido orgullo de que no hay confusión, que todo está claro. Como pasó ayer, hubo un bombardeo, cayó justo delante, ante nuestras cabezas. Y todo el operativo, todo está en su sitio, todo está intacto”.

Las unidades de la Guardia Rusa en la zona de operaciones realizan funciones que no les son ajenas. También van a las direcciones señaladas y detienen agentes ucranianos o buscan arsenales de armas, pero también sirven en el frente. Como la unidad de Jabárovsk que visitamos. Al fin y al cabo, venimos de la misma región.

“¿Dónde vivías?”, preguntan los chicos.

“En Krasnorechenskaya”, respondo. “Cerca de la Casa de Cultura”.

“Somos vecinos. ¿Puedo saludar a mi familia? Mi mujer me conoce por ser como un oso, tan peludo. Tengo tres hijas y un hijo muy guapo de quince años. Saludos a todos”.

Esta zona del frente es una de las más calientes de Donbass ahora mismo. La línea de defensa se extiende desde Lisichansk, a través de Kremennaya hasta Svatovo. Según nuestra inteligencia, el Estado Mayor de Ucrania había exigido tomar Svatovo antes del 17 de octubre, pero algo salió mal. En un nuevo giro, el enemigo no ha logrado encontrar un punto débil en nuestra defensa. Porque esta vez se está preparando para repeler el ataque según las leyes de la ciencia de la fortificación. Trincheras de longitud completa, refugios antitanque y cobertizos de cemento, además de puestos de control en la segunda línea y, finalmente, saturación de defensas con infantería de verdad, no de tigres de papel.

El cálculo de Kiev está claro. Con un golpe a Svatovo puede aislar la parte norte de la República Popular de Lugansk de la frontera con la región de Belgorod. Y tiene perspectivas de ofensiva sobre Kremennaya e incluso Starobelsk. Eso amenaza con la pérdida de Rubezhnoe, Severodonetsk y Lisichansk. Ha acumulado una gran agrupación de hasta 40.000 efectivos para golpear esta línea.

“Por supuesto, hay ucranianos entre nosotros”, dice Barbar. “Había extranjeros gritando que nos rindiéramos, pero los rusos no se rinden. Es verdad que están más adelantados en lo que respecta al reconocimiento aéreo, cuadcopters y drones. Pero tienen miedo de entrar en la batalla cuerpo a cuerpo, prefieren a distancia. Y nuestra artillería, gracias a dios, también se está rearmando. Y tienen mucho miedo a nuestra aviación”.

Barbar ya tiene quince años de experiencia, el mínimo para cobrar una pensión. Le llamaron del cuartel, pero él sigue a lo suyo. Quiere seguir trabajando con su grupo, dice. “Todos los míos son adultos, tienen familia, algunos mucha familia. Todos vienen del trabajo, campesinos, con ganas de trabajar”.

“¿Se entiende por qué estáis aquí?”

“Claro. La gente al otro lado tiene el cerebro lavado. Los ucranianos que tienen educación soviética aún entienden algo, pero los jóvenes que han saltado gritando el que no bote es un moskali creen que el nazismo es genial. Tenemos que acabar con esto, porque esto no se puede tratar. Si no quieres perder todo el brazo, te tienes que cortar el dedo. Pero a veces somos demasiado leales. El enemigo, claro, no siente la misma lealtad hacia nosotros. Si no acabamos con ellos aquí, ellos vendrán a nosotros, a Jabárovsk, Moscú, Kaliningrado o Rostov. No habrá vida para nosotros. Tenemos que defender nuestra patria, por eso estamos aquí”.

“Hay tres objetivos. El primero, en el “Tigre” camuflado en el bosque”, dice la radio dando las coordenadas. Es el trabajo de la Guardia Rusa en el frente. Los exploradores del frente buscan objetivos, los transmiten al punto de control, que envía las coordenadas al Ministerio de Defensa. En este sector del frente, la interacción entre los dos departamentos tiene que funcionar como un automatismo. Minutos después, los Ka-51, Mi-24 y Mi-8 vuelan por encima de nuestras cabezas hacia el enemigo. En principio, así es como el reconocimiento y ataque debería funcionar en todas las secciones del frente. Pero las líneas no han empezado a funcionar hasta seis meses después del inicio de la operación especial. Es mejor tarde que nunca, por supuesto, porque la interacción directa entre la inteligencia y la destrucción de armas ya ha probado su efectividad.

“En Yampolovka, se ha detectado una agrupación táctica del enemigo con hasta cien personas, hasta cinco vehículos autopropulsados, cinco vehículos de infantería. Dad la confirmación y las coordenadas y golpearemos”, se escucha en uno de los puestos de mando de las brigadas de fuerzas especiales del Ministerio de Defensa, donde se trabaja en la labor habitual de combate, que no es muy cinematográfica.

Ahí me cruzo con un viejo amigo al que conozco desde Siria. La última vez que nos vimos fue hace un par de meses. “¿No has ido a casa?”, le pregunto. “¿Cómo voy a ir a casa y mirar a la gente a la cara sin un resultado serio? Mi querida esposa me dice: ¿Vais a liberar Donbass ya o qué? Cuando tengamos un resultado aquí podremos ir a casa”.

Los grupos de fuerzas especiales operan en la zona de Kremennaya y Svatovo revelando la actividad del enemigo. La situación en el frente se ha estabilizado gracias al trabajo de la artillería en cooperación con los drones. Cuando es posible trabajar directamente, evitando la jerarquía de las múltiples etapas de información, el resultado no tarda en llegar.

“El pájaro está en el aire, estamos trabajando con los ajustes”, responde la radio.

“Uragan, salen cuatro cohetes”.

“Un impacto claro”, informa el operador del dron. “Se pueden lanzar dos más”. Y otros dos proyectiles suben al cielo.

“Ahora mismo, el enemigo no está atacando con fuerzas muy amplias”, me cuenta mi amigo. “Su táctica es de grupos pequeños y manejables. Primero viene la primera línea, a la que, por algún motivo, todos llaman grupos de sabotaje y reconocimiento. Por norma, son cuatro furgonetas y un blindado Kozak ucraniano o un Humvee estadounidense. Su tarea es romper las defensas y avanzar sin entrar en batalla posicional. La segunda ola es de equipamiento: tanques y vehículos de infantería. Les siguen los sistemas de radares y contrabatería, luego Grads y artillería. Así fue en la ofensiva de Járkov, por lo que intentan romper las defensas aquí de la misma manera. Pero nosotros también estamos aprendiendo”.

Un obús Malka con la inscripción “bang” sale del bosque hacia el campo, levanta el cañón y dispara dos voleas. Después, rápidamente se retira y se mueve a otro punto. “Hemos actuado contra el personal del enemigo”, explica el comandante. “Dos proyectiles y retirada rápida, porque la respuesta puede venir inmediatamente. El enemigo tampoco está dormido”.

Pasado el 17 de octubre, quedó claro que las tropas ucranianas no habían cumplido con las fechas marcadas por el Estado Mayor. Según nuestra inteligencia, Ucrania dispone fundamentalmente de defensas territoriales en esta sección. Eso significa que las tropas regulares están en otras zonas, así que hay que esperar intentos de ofensiva en otras zonas. Mientras tanto, las unidades rusas se están reforzando con los reclutas. Y eso supone que, antes o después, se abrirá una ventana de oportunidad para nuestro avance.

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