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Batallón Azov, Donbass, Ejército Ucraniano, Oposición, Poroshenko, Rusia, SBU, Ucrania, Zelensky

Grandes éxitos estratégicos

El lunes, tras semanas sitiados ante el avance de las fuerzas rusas y de la RPD en su ofensiva de más de cincuenta días sobre Mariupol, un millar de soldados ucranianos de la 36ª Brigada se rindieron a las fuerzas rusas. En las redes sociales habían anunciado ya una situación desesperada: escasos de munición y de alimentos, sus opciones eran limitadas. Unas horas después, fuentes de la RPD y posteriormente fuentes rusas confirmaban un intento de huida de la brigada, que trató de camuflar sus vehículos con la esperanza de que fueran confundidos con los rusos, para tratar de romper el cerco de Mariupol.

Siempre en busca de convertir cada derrota en una gran victoria -una tradición que se remonta a 2014, cuando los soldados de los primeros blindados que llegaron a Slavyansk se entregaron al llegar y las autoridades ucranianas alegaron que ese era el plan-, Ucrania sigue intentando mantener la ficción de que lucha por la liberación de Mariupol y que hace todo lo posible para desbloquear la ciudad. Kiev, que afirma que parte de la 36ª Brigada retrocedió a Azovstal durante la huida, califica de gran éxito estratégico una operación que refuerza la defensa de Mariupol. Es posible que una parte de la brigada llegara realmente a la planta Azovstal, donde se encuentran, igualmente atrincherados y sitiados, los miembros del regimiento Azov y otras unidades ucranianas. Sin embargo, las cifras de soldados en manos de las fuerzas rusas y republicanas hacen imposible no poner en duda la versión ucraniana.

Tampoco es señal de victoria que Ucrania publicara ese mismo día la imagen del diputado y líder de la Plataforma Opositora por la Vida, Viktor Medvechuk, capturado supuestamente en una operación especial del SBU tras un mes fugado del arresto domiciliario dictado por los tribunales. El caso por el que se le acusa, el mismo por el que se acusa al expresidente Poroshenko, busca castigar a quienes comerciaron con carbón de la RPD y la RPL, ya fuera directamente o a través de Rusia. En los últimos años, Viktor Medvedchuk, político con conexiones en Ucrania, pero también en Rusia -es considerado, por su amistad personal con el presidente ruso, el político más cercano a Vladimir Putin- ha intentado jugar un papel de intermediario con las Repúblicas Populares y con Rusia, fundamentalmente para lograr la liberación de prisioneros de guerra.

El año pasado, con su partido como el primero en intención de voto y ante la fuerte caída de la popularidad de Volodymyr Zelensky y Servidor del Pueblo, Medvedchuk fue acusado en un caso político y en el que en ningún caso se ha cumplido un procedimiento justo. Mientras era sometido a arresto domiciliario, requisadas sus propiedades y prohibidos los medios de comunicación afines a su partido, Petro Poroshenko, acusado de los mismos delitos, ha pasado todo este tiempo en libertad, con sus propiedades intactas y sus medios de comunicación intactos hasta que comenzó la intervención militar rusa, cuando Zelensky intervino los medios audiovisuales para centralizar la información sobre la guerra.

Sea cierta la versión de una detención en un intento de huida –cuestionable teniendo en cuenta que otras fuentes ucranianas han publicado incluso el piso en el que Medvedchuk se encontraba viviendo en Kiev- o mera operación de relaciones públicas para sumarse un éxito de guerra, es evidente que Ucrania pretende utilizar al político en un intercambio de prisioneros. Como confirmó la fiscal general Irina Venediktova, la ciudadanía de Medvedchuk -ucraniana, no rusa- no es obstáculo para que sea intercambiado por soldados ucranianos en manos de las autoridades rusas. Zelensky confirmó ayer que ya ha sido ofrecido a Rusia.

Mientas los medios ucranianos distribuían la imagen de un desmejorado Medvedchuk, vestido con uniforme militar y esposado, en un primer plano que buscaba presentarlo como un prisionero de guerra al día siguiente de la brillante operación del Ejército Ucraniano, los canales de Telegram se llenaron de imágenes de los soldados capturados: un total de 1026 el primer día, que al día siguiente ascendieron a 1350, entre los que se encontraban al menos 161 oficiales. Entre ellos estaba también el ciudadano británico Aiden Eslin, un veterano de la guerra de Siria, donde luchó en las unidades kurdas contra el Estado Islámico y desde 2018 miembro de los Marines ucranianos. A su familia -y a la de otro ciudadano británico, Shaun Pinner, herido y que posiblemente haya caído también prisionero de las fuerzas rusas en Mariupol- ha apelado Oxana Marchenko, esposa de Viktor Medvedchuk, en busca de una solicitud de que su marido sea intercambiado por los ciudadanos británicos.

Es improbable que el Reino Unido vaya a aceptar ese intercambio. Las opciones de Medvedchuk, por cuya seguridad en manos del SBU se teme, pasan por ser intercambiado como prisionero de una guerra en la que no ha participado por alguno de los soldados ucranianos en manos de las autoridades rusas.

En caso de que fuera aprobado -la decisión correspondería a Vladimir Putin-, el intercambio de un ciudadano ucraniano por otros ciudadanos ucranianos no sería el primero de esta guerra. Entre los muchos casos que se han producido, uno de los acusados en el caso 2 de mayo en Odessa -que juzgó a víctimas, no a agresores- fue intercambiado a la República Popular de Donetsk en lo que en realidad no fue más que un destierro. Lo mismo se puede decir de otro intercambio de “ucranianos por ucranianos”. “Presos políticos de Odessa abandonan Ucrania”, titulaba entonces el diario de Odessa Timer, cuyo editor-jefe, Yuri Tkachev, se encuentra ahora en la misma prisión.

Con un modus operandi que ya se ha convertido en una tradición, el SBU se presentó una mañana en su vivienda para detener al periodista, que tuvo tiempo de despedirse de sus seguidores de Telegram con un mensaje en el que afirmaba que comunicarse con ellos había sido un placer. Buen conocedor de que cualquier información que se aleje de la línea oficial de las autoridades convierte a los periodistas en un objetivo, Tkachev, que se había limitado a distribuir imágenes de las consecuencias de los bombardeos, era consciente de que, antes o después, recibiría la visita del Servicio de Seguridad. Como ha ocurrido en tantas ocasiones en los últimos ocho años, durante el registro, el SBU encontró en el baño del periodista una granada, una prueba que, aunque falsa, es suficiente para mantener al periodista en prisión preventiva.

Por su relación con el presidente ruso, Medvedchuk es considerado en Ucrania una carta valiosa a la hora de recuperar a sus soldados en cautividad. Es posible incluso que Zelensky pretenda entregar a Medvedchuk a cambio de alguno de los oficiales de alto rango del Ejército Ucraniano y del regimiento Azov aún sitiados en Mariupol. “Si van a destruir a nuestros chicos, no habrá negociaciones”, afirmó ayer el presidente ucraniano en referencia a los miles de soldados del Ejército y el regimiento Azov cercados en Azovstal y a los que Rusia ofreció garantizar sus vidas a cambio de deponer las armas. Zelensky pasa ahora a las amenazas. Eso sí, lo hace después de haber rechazado la oferta rusa de permitir el abandono de la ciudad de esas tropas sitiadas a cambio de deponer las armas y sin posibilidad alguna de enviar refuerzo o rescatar a los altos mandos. El último intento acabó con al menos un helicóptero derribado y más de una docena de muertos.

Los actos de las autoridades ucranianas muestran cuáles son las prioridades del Gobierno. Con el rechazo a cualquier rendición en Mariupol, una batalla que hace tiempo está perdida, para mantener la ficción de lucha por la ciudad, Zelensky busca mantener un relato épico de una lucha imposible contra un enemigo más fuerte. La propuesta que la Oficina del Presidente traslade a Rusia sobre por quién pretende entregar a Medvedchuk será tan representativa de las intenciones ucranianas como la actitud en el frente. En cualquier caso, sea a cambio de los altos mandos del Ejército Ucraniano en Mariupol o del héroe de Ucrania y comandante del regimiento Azov Prokopenko, Ucrania pretende utilizar la guerra para expulsar del país a uno de los políticos más importantes de la oposición. Y con ello busca, no solo eliminar la figura de Medvedchuk, sino deslegitimar y demonizar a todo partido político que se haya desviado en estos años de la línea oficial marcada en Maidan.

Prohibido cualquier medio mínimamente opositor y suspendidas las actividades de todo partido de izquierdas o prorruso -adjetivo usado y abusado para definir a cualquier partido con una postura contraria al nacionalismo ucraniano o crítico con el régimen de Maidan, tengan o no vínculo, afinidad o cercanía a Rusia-, Ucrania pretende con la expulsión de Medvedchuk dar una imagen final de la derrota de las fuerzas prorrusas.

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