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Crimea, Donbass, DPR, LPR, Rusia, Ucrania

El frente diplomático

El pasado lunes, con solo un pequeño retraso de dos horas a la espera de la llegada del Black Hawk polaco que trasladaba a la delegación ucraniana (esta vez sin cambios, al contrario que entre el primer y segundo encuentro, cuando uno de los miembros murió asesinado por el SBU), se celebró en Bielorrusia la tercera reunión Rusia-Ucrania desde el inicio de la intervención rusa. La reunión, en la que no se produjeron grandes avances más allá de una nueva discusión sobre el tema de los corredores humanitarios, no ha sido el único contacto público entre delegaciones rusas y ucranianas. A pesar de la guerra y de la ruptura de relaciones por parte de Ucrania, el jueves los ministros de Asuntos Exteriores de Rusia y Ucrania se reunieron en Antalya, Turquía, en lo que ha sido el contacto de más alto nivel entre los dos países desde el reconocimiento ruso de las Repúblicas Populares y el inicio de la operación militar rusa.

Ninguna de las dos reuniones ha dado, aparentemente, grandes resultados: salvo excepciones como la de la ciudad de Sumi, los corredores humanitarios no acaban de funcionar en las zonas más importantes como Mariupol y no se ha producido tampoco el alto el fuego que el ministro Kuleba llevaba como exigencia principal a la reunión de Antalya. Con ese encuentro, Erdoğan finalmente conseguía algo que llevaba tiempo intentando: presentarse como mediador en un conflicto en el que siempre ha buscado pescar en río revuelto. En el encuentro pudieron verse, de forma más pública que en el formato de negociaciones en Bielorrusia, las contradicciones que existen entre las partes. Mientras Rusia exige a Ucrania una serie de pasos políticos, Ucrania, que ha perdido el control de sus fronteras del este y se enfrenta a miles de soldados rusos en su territorio, exige un alto el fuego y retirada inmediata de las tropas rusas.

En paralelo a las reuniones directas se han producido también otros encuentros diplomáticos entre los que destaca la visita de Naftali Bennet a Moscú, tras la cual la prensa israelí publicó algunos detalles de la negociación que no habían trascendido hasta entonces y hablaban de una oferta final que Rusia ha presentado a Ucrania. Tal y como había afirmado horas antes el secretario de prensa del Kremlin, Dmitry Peskov, la oferta rusa implica unas condiciones claras: finalización inmediata de la operación militar en el momento en el que Ucrania acepte las condiciones rusas.

Según The Jerusalem Post, que cita información sobre las negociaciones entre Bennett y Putin, la oferta final se debe a que la negociación directa entre Kiev y Moscú iría más allá de lo publicado en la prensa y se estaría haciendo al margen de los socios occidentales de Ucrania. Una interpretación optimista en la que Ucrania estaría buscando un acuerdo con Rusia más allá de los deseos de sus principales valedores internacionales, que continúan enviando armas con la clara intención de alargar la guerra y aumentar los costes para Moscú sin pararse a pensar en exceso en las consecuencias que una guerra larga tendría para Ucrania.

Esta interpretación de un posible acuerdo entre las partes en conflicto se ha visto respaldada por algunas de las declaraciones que Volodymyr Zelensky ha realizado esta semana en la prensa estadounidense, en las que el presidente ucraniano se refirió a la decepción por la postura de la OTAN y la negativa a “cerrar el cielo”, pero también a las Repúblicas Populares y a Crimea. Y una vez más, como lo ha hecho durante meses desde una posición de fuerza en el formato Normandía aunque ahora en posición de debilidad, exige un contacto directo con Vladimir Putin que se le sigue negando.

“En primer lugar, estoy dispuesto al diálogo. No estamos dispuestos a la capitulación porque esto no es sobre mí, esto es sobre las personas que me eligieron”, afirmó Zelensky en una entrevista concedida al canal de televisión ABC. “Sobre la OTAN, me he enfriado en esta cuestión hace tiempo, desde que comprendimos que la OTAN no está dispuesta a aceptar a Ucrania. La alianza tiene miedo de hacer cosas polémicas y de enfrentarse a Rusia. Nunca he querido ser un país que suplica cosas de rodillas y no vamos a ser ese país y no quiero ser ese presidente”, continuó el presidente ucraniano, que se mostró irritado ante las preguntas del periodista, que insistía en la negativa de la OTAN a imponer una zona de exclusión área.

“Le he dicho que lo más importante para nosotros ahora es la seguridad en el cielo. No podemos permitir que solo Rusia sea activa ahí porque nos están bombardeando, están enviando misiles, helicópteros, aeronaves. Muchas cosas, pero no estamos haciendo esto porque no tenemos el cielo, no controlamos nuestro cielo”, insistió el presidente ucraniano, que volvió a exigir que sus socios occidentales derriben los misiles rusos, una opción que la OTAN ha descartado repetidamente ya que implicaría un evidente riesgo de guerra con Rusia.

Más allá de la situación militar, Zelensky se refirió también a la cuestión política, que aparentemente presentó como una cuestión más sencilla. “Creo que los temas sobre los territorios temporalmente ocupados y las repúblicas no reconocidas, que no han sido reconocidas más que por Rusia, estas pseudorepúblicas, podemos discutirlo y encontrar un compromiso sobre cómo esos territorios van a vivir. Lo que es importante para mí es cómo van a vivir en esos territorios las personas que quieren ser parte de Ucrania”, afirmó Zelensky, que afirmó que “la cuestión es más difícil que simplemente reconocerlas”.

Esta aparente voluntad de aceptar -al menos de forma temporal- los hechos consumados contrasta con la postura de Kiev en los últimos siete años, su negativa a cualquier compromiso en este sentido y también a la confianza de Ucrania en que, de alguna manera, sus socios conseguirán hacer que Ucrania gane esta guerra. “Es otro ultimátum y no estamos dispuestos a ningún ultimátum”, afirmó seguidamente Zelensky, que volvió a exigir que “el presidente Putin empiece a hablar, empezar el diálogo en lugar de vivir en una burbuja informativa sin oxígeno”. Ucrania parece así continuar con su estrategia de dilatar las negociaciones en el tiempo de la misma forma que lo ha hecho estos años: dando señales de disponibilidad para el compromiso y alargando después un proceso que nunca ha dado resultados.

El jueves, el medio ucraniano Zerkalo Nedeli publicaba con más detalles las exigencias rusas, esas que Lavrov afirmó que Rusia trató de conseguir por medios diplomáticos, que se convirtieron en militares ante la negativa de Ucrania y de la OTAN a negociar unas propuestas de seguridad en Europa que tuvieran en cuenta los intereses rusos. Esa propuesta rusa, supuestamente la propuesta final, incluye seis puntos, cuyos primeros cinco deberían ser incluidos en la Constitución de Ucrania:

  1. Renuncia a la OTAN y estatus de neutraliadd para Ucrania. Rusia sería uno de los garantes de la seguridad de Ucrania.
  2. Estatus de segunda lengua del país para la lengua rusa y derogación de todas las leyes contrarias a ello.
  3. Reconocimiento de Crimea como parte de Rusia.
  4. Reconocimiento de la RPD y la RPL según sus fronteras administrativas (las regiones de Donetsk y Lugansk tal y como existían en 2014).
  5. Desnazificación: prohibición de las actividades de partidos y organizaciones ultranacionalistas, nazis y neonazis y derogación de las actuales leyes de enaltecimiento de nazis y neonazis.
  6. Desmilitarización.

Los dos primeros puntos siempre han formado parte de las exigencias rusas a Ucrania y a sus socios, el primero por motivos de seguridad nacional y seguridad en Europa en general y el segundo por la defensa de una parte importante del país, cuyos derechos lingüísticos han sido pisoteados por los gobiernos post-Maidan. La posición de debilidad de Ucrania ahora ha hecho introducir también las exigencias de reconocimiento de las fronteras nacidas del movimiento contrario al cambio de régimen en 2014, no solo en relación con Crimea sino también con Donbass. No hay ya espacio para el compromiso y los siete años de intentos rusos de encajar Donbass en una nueva Ucrania han quedado en el pasado. A esas exigencias, Rusia ha añadido también la desmilitarización y la desnazificación, en forma de prohibición de todos aquellos grupos de ideologías radicales o neonazis como el Praviy Sektor, C14 y especialmente el regimiento Azov, cuyos miembros han sido vistos recibiendo entrenamiento sobre el uso de armas enviadas por países como el Reino Unido por parte de instructores occidentales.

Moscú insiste en lograr una Ucrania neutral -sin Crimea ni las antiguas regiones de Donetsk y Lugansk- y sin posibilidad a ser usada como herramienta contra Rusia en esta oferta final que aún no está en condiciones de imponer militarmente. Es improbable que Ucrania, que resiste en sus ciudades principales -Kiev y Járkov se encuentran prácticamente cercadas y Odessa se encuentra aún lejos del frente- y sigue contando con un constante suministro de armas de sus socios occidentales, que le prometen también más financiación para garantizar que continúe la guerra, vaya a aceptar negociar siquiera sobre estos términos. Frente a las informaciones procedentes de Ucrania que afirman que el presidente israelí sugirió a Zelensky aceptar la oferta rusa, se alarga también la sombra de lo planteado por Macron, uno de los pocos líderes que realamente trataron de dar un impulso a la diplomacia en vísperas de la internvención rusa. “Lo peor está por venir”, planteó el presidente francés, consciente de que Rusia ha ralentizado estos días sus operaciones militares para dar espacio a la negociación.

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