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OTAN, Rusia, Ucrania

Un “gran juego” inexistente

El 28 de junio comienzan en el mar Negro unas maniobras conjuntas de la OTAN en las que participará también la armada ucraniana. Pese a tratarse de una presencia testimonial -el estado de la armada ucraniana así lo marca-, la mera existencia de esas maniobras a pocos kilómetros de la frontera marina y terrestre rusa ha sido suficiente para que representantes ucranianos lo resalten como un paso más de Ucrania hacia la integración en la Alianza.

Desde 2014, con el retorno de Crimea a Rusia y posteriormente con la construcción del puente que une la península con la Rusia continental, el mar Negro ha sido escenario de inminentes agresiones rusas con las que la OTAN ha justificado su creciente presencia. Sin embargo, el único incidente verdadero se produjo al final de la etapa Poroshenko, cuando tropas ucranianas fueron enviadas a cruzar, sin previo aviso, como exige Rusia para garantizar el paso, bajo el puente de Crimea.

El entonces presidente ucraniano Petro Poroshenko buscaba entonces una victoria segura: en caso de paso ininterrumpido habría sido una victoria ucraniana ante una Rusia incapaz de impedir el paso y en caso de que los buques fueran detenidos, como ocurrió, Ucrania podría declarar la ley marcial y retrasar las elecciones o crear un aún mayor ambiente nacionalista. La jugada de Poroshenko fracasó y el Parlamento se negó a conceder al presidente esa ley marcial, que tampoco había sido declarada a causa de la guerra, evidentemente una situación más grave que la detención de una veintena de marines enviados como herramienta de la política de un presidente consciente de que las urnas no le darían un segundo mandato.

La ausencia de agresiones, invasiones o cualquier otra provocación en la zona no ha sido suficiente para hacer desaparecer las constantes advertencias, que aumentan irremediablemente las semanas previas a la presencia de la OTAN, y sobre todo de Estados Unidos o Gran Bretaña, en el mar Negro.

En previsión de las maniobras Sea Breeze se han producido una serie de actos previos que han tenido eco en la prensa occidental y que tenían como objetivo resaltar la “amenaza rusa”. “Justificado o no ese temor”, escribía el pasado domingo La Vanguardia, “en vísperas de la cumbre de la OTAN del 14 de junio, expertos ucranianos y estadounidenses convocados por el Atlantic Council especularon incluso con la forma que tendría la agresión rusa”.

Apelando al argumento de la autoridad del Atlantic Council, el Gobierno ucraniano y un think-tank independiente en cuya junta se encuentran exministros de Defensa de Ucrania o el general retirado Wesley Clark,  comandante supremo de la OTAN en Europa durante la guerra de Kosovo, el artículo, perfectamente representativo de otros similares publicados estos días, presentaba a Rusia como una constante amenaza para Ucrania y para las tropas de la OTAN. Un gran juego que no existe, pero que sigue siendo útil para advertir de imaginarias amenazas rusas a la OTAN y a Ucrania.

Sin embargo, estos artículos tienden a olvidar la posibilidad de provocaciones en el mar Negro precisamente por parte de tropas de la OTAN, muy sensibles para Rusia en caso de producirse en la zona de Crimea como ocurrió ayer con un destructor británico.

Artículo Original: Colonel Cassad

El destructor británico cruzó la frontera de Rusia a las 11:52 y avanzó tres kilómetros en sus aguas territoriales en la zona del cabo Fiolent. “El destructor había sido previamente advertido sobre el uso de fuego en caso de violación de la frontera estatal de la Federación Rusa. No respondió a la advertencia”, afirmó el Ministerio de Defensa en un comunicado recibido por RT.

A las 12:06, el buque de la patrulla de fronteras realizó disparos de advertencia y a las 12:19, un Su-24M realizó un “bombardeo de advertencia” a lo largo de la ruta del destructor. Se utilizaron bombas aéreas OFAB-250. Tras ello, a las 12:23, el destructor Defender abandonó las aguas territoriales de la Federación Rusa, afirmó el Ministerio de Defensa.

El agregado británico fue llamado a consultas por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia para dar explicaciones por el incidente. Gran Bretaña oficialmente niega haber entrado en aguas territoriales rusas y también el bombardeo a lo largo de la ruta del destructor.

La provocación en sí buscaba obviamente probar la reacción a la violación de la soberanía rusa en el territorio de las aguas de Crimea. En ausencia de una reacción lo más dura posible, este tipo de provocaciones continuarán. Ucrania, como es habitual, actuará en este tipo de provocaciones como trampolín para este tipo de actividades (el destructor había salido de Odessa) y, en alguna ocasión, como herramienta.

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