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La complejidad de lo más simple

Artículo Original: Colonel Cassad

La entrevista del presidente de Ucrania en el medio estadounidense The New York Times claramente demuestra por qué el Kremlin ha visto cerrado el camino de Zelensky y ha comenzado a tratarlo de la misma forma que trató antes a Poroshenko. Es notable que esta entrevista a Zelensky tenga un marco claro: Zelensky quiere mejorar las relaciones con la administración Biden, por lo que no puede sorprender que se le escuche copiando la retórica de su antecesor. Al contrario, sería extraño que Zelensky intentara distanciarse del camino que se construyó en Ucrania bajo Poroshenko y Biden entre 2014 y 2016.

Como es natural, muchos han notado la obvia indirecta cuando Zelensky centró la atención en el hecho de que sería difícil explicar a los ciudadanos de Ucrania por qué no pueden tener acceso a la vacuna rusa contra el coronavirus si muchos países desarrollados y en desarrollo están dispuestos a cooperar con la Federación Rusa en este asunto. También países europeos. Por supuesto, no hay ningún secreto: Estados Unidos simplemente ha mostrado su negativa a esta idea, por lo que Kiev la retiró de la mesa. Como ya hiciera con el intento de una empresa china de adquirir la fábrica Motor Sich.

Pero si en el caso de China Ucrania simplemente perdió un inversor potencial, en el caso de la vacuna, los ucranianos ordinarios pagarán directamente, ya que Ucrania experimenta problemas serios con el acceso a otras vacunas contra el coronavirus y ha quedado claro que la escasez de vacunas durará un tiempo. Estados Unidos, que ha prohibido a Ucrania comprar la vacuna rusa, no planea suministrar su propia vacuna a Ucrania por el momento, ya que la necesitan para ellos mismos. Así que Ucrania tendrá que mendigar en el mercado en busca de una vacuna que cubra sus necesidades. Al mismo tiempo, siempre que no haya una prohibición expresa, la vacuna rusa llegará a Ucrania por medio de Medvedchuk y será la Plataforma Opositora Por la Vida quien aproveche de ello.

En realidad, todo esto no es más que otra forma más de mostrar la dependencia que Ucrania tiene de Estados Unidos y sus dictados. Zelensky, que periódicamente parlotea sobre cómo “Ucrania es un país independiente”, obedientemente baja la cabeza, ya que comprende que si no encuentra un lenguaje común con la administración Biden, tendrá exactamente los mismos problemas que ya tuviera Poroshenko con Trump, cuando no conseguía una fotografía ni pagando y las historias sobre la grandeza de Trump no compensaban los vínculos con Clinton, a quien había ayudado. Zelensky ha aprendido la lección incluso antes de la investidura de Biden e intenta hacer todo lo posible para mostrar que el nuevo presidente puede contar con él y que no hace falta cambiar de cartas en Ucrania. Distanciarse de Poroshenko es una forma de mostrar a Washington que Zelensky es mejor que su antecesor y que no hace falta imponerle ningún socio.

De ahí la alabanzas a Biden y las historias sobre que “Biden conoce Ucrania mejor que Trump”. Cómo no va a hacerlo, teniendo en cuenta el papel de Biden en el golpe de Estado y las tramas de corrupción que aún se investigan. Obviamente, Zelensky es consciente del papel de Biden en las tramas en las que participó en Ucrania junto a Poroshenko (que quedan claras en los audios publicados por Derkach). Pero, ¿puede criticar a Biden por ello? Por supuesto que no. En las actuales circunstancias, sería un suicidio político para él. Así que Zelensky hipócritamente alaba a Biden para intentar superar a Poroshenko en su servilismo.

Pero la parte principal está relacionada con Donbass. Zelensky ha dejado abiertamente claro que Ucrania no va a cumplir los acuerdos de Minsk en su actual forma (algo que cumple con las expectativas de Estados Unidos), que no va a negociar con la RPD/RPL (aunque lo exijan los acuerdos de Minsk), que no va a reformar la Constitución para cumplir con las exigencias de Minsk pero que tampoco tiene intención de deshacerse de la vacía retórica sobre el deseo de paz en Donbass, por lo que se sitúa en la posición en la que se encontraba Poroshenko entre 2015 y 2018. Las diferencias son mínimas y cosméticas. De hecho, ha vuelto a confirmar que las declaraciones de oficiales de su administración sobre la negativa a cumplir Minsk-2 no son pura coincidencia sino el camino establecido, uno que Zelensky apoya plenamente. Al presidente tampoco le importa en exceso su caída de popularidad, ya que él, como Poroshenko, se ha dado cuenta rápidamente de que la legitimidad exterior de las realidades ucranianas es mucho más importante que la legitimidad interna. Especialmente si el objetivo principal es conseguir un segundo mandato.

De hecho, Zelensky intenta ahora posicionarse como sujeto propio ante los demócratas, como persona dispuesta a hacer lo que dicte Washington, que está preparado para cumplir con las condiciones del FMI, que va a seguir el curso antirruso y que apoyará mantener un conflicto contenido y de baja intensidad en Donbass. Así que la línea de actuación se mantendrá, excluyendo cualquier posibilidad de que Ucrania salga del control externo, que seguirá reforzándose pese a las protestas contra esa influencia externa y a pesar de ligeros cambios de personal.

Además, esta línea de comportamiento de Ucrania y el impasse de los acuerdos de Minsk aumentará las posibilidades de nuevas escaladas en Donbass, donde la guerra posicional de baja intensidad con bajas en ambos lados continúa. Y si Estados Unidos está interesado en una escalada violenta en Donbass, ¿será Zelensky capaz de decir que no? Por supuesto que no. La agenda se está escribiendo en la prensa, donde, como en tiempos de Poroshenko, se discute seriamente las posibilidades de repetir la operación Oluja o la reciente guerra en Karabaj. Por supuesto, ahora los generales y bustos parlantes admiten que no es posible recuperar Donbass por medios militares. Pero nadie rechaza abiertamente la opción militar sino que hablan de buscar la oportunidad de traducir esos escenarios en posibilidades prácticas. Con apoyo de Estados Unidos y la OTAN.

Las llaves de la guerra y de la paz en Donbass no están en Kiev sino en Washington, que no va a dejar de utilizar a Ucrania como una herramienta de su política contra Rusia. Y Zelensky demuestra claramente que quiere ser parte de esa herramienta. Y esto será tan difícil para Zelensky de explicar a la población como la cuestión del rechazo a la vacuna rusa. ¿Se merecen los votantes de Zelensky una explicación? El presidente no les dará explicaciones a ellos sino a la administración Biden, que puede dejarle sin el puesto mucho más rápido que el sabio pueblo ucraniano.

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