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Cultura, Donbass, Donetsk, DPR, LPR, Nacionalismo, Rusia, Ucrania

Un ejemplo para Ucrania

Artículo Original: Anna Smolenskaya / Liva.com.ua

Imagen de “Donbass”, de Sergey Loznitsa, un ejemplo de deshumanización de la población de Donbass.

Desde hace semanas, en las redes sociales del mundo postsoviético se han discutido activamente las noticias de Estados Unidos sobre los enfrentamientos y las protestas. Y particularmente se ha tratado el tema de cómo la plataforma HBO ha retirado temporalmente de su parrilla “Lo que el viento se llevó” para añadir una necesaria introducción que acompaña a las viejas películas y libros como advertencia del contexto histórico y estereotipos que reinaban en el pasado.

Es una buena noticia, ese tipo de advertencias son necesarias. Al fin y al cabo, la población que recordaba la esclavitud y los pogromos de los años veinte del siglo pasado ya no están en este mundo y prácticamente nadie se acuerda de la segregación racial. En realidad, no hay nada nuevo en este enfoque. Todos recordamos perfectamente las extensas y detalladas introducciones a libros de autores extranjeros y las charlas antes de mostrar películas extranjeras o las discusiones tras su emisión, algo bastante común en tiempos soviéticos.

Surge la pregunta de qué hay de sorprendente en la discusión sobre la famosa película estadounidense. Al fin y al cabo, sirve para explicar el contexto del film a quienes no lo conocen, iluminar a quienes no han entendido nada y dejar en paz a quienes no quieran entender. Es más, hay muchos artículos que explican al detalle este tema, como “No lloren por Lo que el viento se llevó”, de Tatiana Shorojova, que habla de la historia anterior a la película y la reacción al libro de Margaret Mitchell en el que se basa.

A primera vista, todo esto solo afecta a Estados Unidos. Pero este proceso que está ocurriendo en la sociedad estadounidense y alrededor del mundo debería interesar a los ciudadanos ucranianos, ya que permite comprender los procesos que se han dado en la sociedad ucranianas en las últimas dos décadas y darse cuenta de que no pasará mucho tiempo hasta que sus hijos y sus nietos pregunten: ¿por qué mirabais con tanta calma el racismo social y el Nazismo es nuestro país?

No es ningún secreto que el nivel de racismo social contra los resientes de Donbass es muy alto, especialmente entre la clase dirigente ucraniana. Se trata de una postura completamente consciente entre muchos directores, escritores, artistas, actores, músicos y cantantes, canales de televisión, presentadores y periodistas de revistas y periódicos, un racismo que habitualmente bordea el nazismo. La asquerosa película “Donbass”, de Sergey Loznitsa, que muestra a los habitantes de la región como subhumanos degradados, no nos ha llevado a escribir ninguna tesis sobre el uso de las herramientas de propaganda para incitar al odio contra un cierto grupo de personas ni a hacer paralelismos sobre el genocidio hutu en Ruanda. Solo ha sido una excusa para que se hable del trabajo de cámara, la interpretación o sobre que en el país se hace alguna película.

No nos estamos refiriendo a una película concreta o a un fenómeno que ocurre una sola vez. Se trata de una política sistemática. Las series y películas de propaganda producidas en Ucrania, “Guardia”, “Alias”, “Banderas”, “Ciborgs” y otras muchas, muestran, de forma consistente, a los residentes de Donbass y otros oponentes del nacionalismo ucraniano como personas de mente estrecha, estúpidas, crueles y sin la empatía de un ser humano. En otras palabras, son deshumanizados al extremo hasta presentarlos como ganado.

Los escritores tampoco se han quedado atrás, no hay más que recordar a la escritora Oxana Zabuzhko. Ya escribí sobre “Museo de los secretos abandonados”, la parcialidad y el odio abierto hacia los residentes de Donbass y el sudeste del país en general es tal que no hay talento que pueda taparlo. Recuerdo que cuando Zabuzhko fue a Donetsk, habló groseramente sobre la ciudad y sus habitantes, que por su vagancia y limitaciones mentales no apreciaban a los “verdaderos creadores nacionales”. Incluso entonces solo vio monumentos equivocados y cosas que no le gustaban en Donetsk, como el parque de las figuras forjadas, aunque se tratara de las obras de un festival internacional de forja que durante décadas ha atraído a artesanos de muchos países del mundo.

Sin embargo, en el Donetsk anterior a la guerra, se restauró cuidadosamente el mosaico de Alla Gorskaya por el que tan preocupada estaba Zabuzhko. Pero el problema no son solo los mosaicos: el problema es que estos autores nunca han estado interesados en el desarrollo de los institutos científicos, laboratorios, empresas de arquitectura e ingeniería de Donbass, conocidos también más allá de las fronteras de Ucrania. La población de esta región proletaria representa exactamente lo mismo que los negros representan para los blancos racistas en Estados Unidos. Es decir, algo como animales inútiles y sin talento.

Otro representante de la literatura ucraniana merece unas palabras aparte: Serhiy Zhadan, que una vez llevó el apellido Zhadanov en el pasaporte. Este poeta y escritor es el típico migrante postsoviético en Europa o en Estados Unidos, avergonzado de su identidad y con un complejo de inferioridad y deseo de ser más americano, alemán o de Kiev que la propia población local. Este tipo de personas se dedican a ridiculizar y deshumanizar a sus conciudadanos, convirtiéndolos en una forma de conseguir ingresos y un trampolín en su calculada carrera. Pero el caso de Zhadan, procedente del este de Ucrania, es especialmente irónico. Antes de Euromaidan, el autor de Voroshilovograd se posicionó a favor de la libertad de expresión y contra la censura, pero ahora no ve ningún problema en la censura patriótica y la persecución política de los disidentes. Al fin y al cabo, se trata de los “sovoks atrasados”, a los que no se puede tratar desde el punto de vista de los derechos universales.

También hay series de televisión interesantes, como “Bechernogo Kvartal” o “Diesel studio”. Procedente de este medio, el presidente de Ucrania Volodymyr Zelensky agradeció al grupo de extrema derecha Azov en una de sus actuaciones y calificó de basura a los residentes de las partes del este fuera del control de Kiev. Miembros de su equipo bromearon sobre los niños de Donbass escondidos en los sótanos y presentaron a los habitantes de la región con todos los clichés racistas ya conocidos. El mismo pecado cometió Marina Poplavskaya o el showman médico doctor Komarovsky, que se distinguió al hablar de cucarachas durante la fase activa de la guerra en Donbass.

La lista de racistas sociales y Nazis culturales es prácticamente infinita: TNMK, Vakarchuk, Ostap Stupka, Boombox group, Alexey Gorbunov, Anatoly Pashinky, Yevhenia Gapchinskaya, aunque muchos ciudadanos ucranianas siguen comprando sus productos. Muchos de ellos compartían y siguen compartiendo los estereotipos racistas sobre los residentes de Donbass que se han trasladado a Kiev, a los que acusan de quitar el sitio a la población local. Es algo similar a las constantes acusaciones sobre los migrantes de África y los países árabes que se escucha en Europa y también sobre los rusos y ucranianos.

Por supuesto, muchos ucranianos ni siquiera se dan cuenta de la discriminación contra la población de Donetsk. Es algo similar a la postura de esos blancos estadounidenses que se sorprenden y se preguntan de dónde salen los discursos antirracistas, el derribo de estatuas y las advertencias sobre “Lo que el viento se llevó”. Y los jóvenes que han crecido en un ambiente diferente preguntan a sus padres: ¿por qué no habíais visto el racismo antes y no habíais hecho nada?

Sí, la historia de la deshumanización de los residentes de Donbass tiene raíces profundas. En mi opinión, la primera piedra fue la película “Pequeña fe” de Vasily Pichula, en la que no hay un solo personaje decente entre la comunidad local. Un ejemplo del enfoque contrario son “Boda” y “La última estopa de Bobrov”, de Lugin. Estas películas muestran perfectamente las moribundas ciudades mineras. Muestran a gente real, buena y mala, por la que se puede sentir afecto y simpatía por sus problemas, personas que quieren conseguir algo. Es decir, algo que nunca se muestra en las películas racistas.

La deshumanización de Donbass es algo que se ha producido durante años con el consentimiento tácito de todo el país. Todos sabemos que la región fue demonizada durante el primer Maidan. Recuerdo perfectamente un programa en Novy Kanal en el que se habló de la inauguración del nuevo estadio de Donetsk y la celebración del aniversario del Shakhtar Donetsk. El presentador habló en términos ofensivos sobre la población local y su compañero solo siguió su estela. Es algo que se repetía constantemente, de forma metódica y persistente. En ocasiones se les acusaba de regionalismo, en otras de ser cerrados de mente y se habla de forma consciente e ideológica: la nueva burguesía ucraniana había encontrado a su enemigo en la vieja clase obrera soviética que para ellos representaban los mineros y los metalúrgicos. A consecuencia de ello, se ha creado una situación en la que una parte de la población se ha hecho muy tolerante a las manifestaciones de discriminación y formación de prejuicios contra los “soviets de Donetsk”.

¿Y la moral? Aquí no hay moral. Al ver cómo ciudadanos ucranianos están siendo asesinados por la “cultura blanca americana”, sarcásticamente espero que lo recuerden dentro de veinte años, cuando alguien derribe las estatuas de Bandera, Petliura, Shujevich y las series de televisión como “Guardia” o películas como “Voroshilovograd” comiencen con un preámbulo que advierta de sus connotaciones nacionalistas.

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