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Economía, Mar de Azov, Rusia, Ucrania

En el mar de Azov

Artículo Original: Andrey Manchuk

El sábado, 15 de febrero, el Servicio de Fronteras del FSB ruso detuvo en el mar de Azov a un pequeño barco en el que viajaban cuatro ciudadanos ucranianos. Los detenidos no portaban documentación ni los papeles del registro de la embarcación, pero las autoridades sí encontraron unos 300 ejemplares de una especie protegida: peces kambali kalkan. Además, los inspectores encontraron redes metálicas ilegales. Y el capitán del barco, residente en Kerch y que en un primer momento trató de huir de la escena, ya ha admitido que el barco había salido desde la localidad de Rainvinka, situada en el distrito Primosky de la región de Zaporozhie, con el propósito de pesca comercial.

Los blogueros ucranianos inmediatamente comenzaron a inflar lo ocurrido como un nuevo episodio de la larga historia de escándalos entre Kiev y Moscú en el mar de Azov. Así, la mención a las redes ilegales y a la pesca ilegal ha desaparecido de las informaciones de los patriotas pese a que la pesca ilegal es un delito según la legislación ucraniana y perjudica directamente a la economía del país.

La prensa nacionalista hace pasar la situación de los detenidos como ciudadanos inocentes que salieron a pasar un día de invierno en el mar, disfrutando de las vistas del mar de Azov. Mientras tanto, las autoridades rusas son acusadas de un injustificado acto de piratería marítima y secuestro de ciudadanos ucranianos, a los que ya presentan como rehenes del Kremlin. Y los representantes del partido de Petro Poroshenko, que se encuentra en la Conferencia de Seguridad de Múnich, ya han exigido una actuación inmediata para atraer la atención de la Unión Europea, Estados Unidos y la OTAN al incidente.

Sin embargo, la historia de los esfuerzos contra la pesca furtiva en el mar de Azov es un problema largo y doloroso que apareció en los años noventa. Pocos meses antes de Euromaidan, entrevisté a un oficial de fronteras entonces destinado en la isla de Tuzla. El servicio ucraniano de fronteras me mostró, desde su barco de patrulla en Kerch, las lanchas en las que los furtivos rápidamente desaparecían en el horizonte del mar de Azov. Se quejaban de la complejidad de luchar contra los pescadores furtivos, que disponían de excelente equipamiento y potentes motores en sus lanchas. Además, sus contactos con oficiales corruptos les permitían saber de antemano el horario de trabajo de las autoridades ucranianas, por lo que no tenían problema para pescar y destruir sin piedad los crecientemente escasos recursos de la fauna del mar de Azov.

En tiempos no tan lejanos, las autoridades rusas y ucranianas luchaban conjuntamente contra la pesca furtiva en las aguas del mar de Azov, una lucha que dio ciertos resultados. A día de hoy, todo eso ha cambiado: la constructiva interacción de los dos países en sus aguas ha desaparecido y la guardia de fronteras de Ucrania ya no patrulla la zona costera, ya sea por carecer de las embarcaciones necesarias, por intentar ahorrar combustible o por la propia corrupción. Eso sí, en 2018 detuvieron al buque Nord, el único barco de la granja colectiva 1 de mayo, al que acusaron de pesca furtiva pese a que contaba con todas las licencias y documentos oficiales exigidos.

El barco capturado fue llevado al puerto de Berdyansk y la tripulación, de nacionalidad rusa, fue encarcelada durante varios meses, tras lo cual fueron intercambiados por pescadores furtivos detenidos en las costas de Crimea y que no solo habían logrado que sus redes quedaran atrapadas sino que estuvieron a punto de acabar con los delfines de la zona. El capitán del barco, Vladimir Gorbenko, huyó de Ucrania en enero de 2019, tras lo cual tuvo que activarse contra este inocente pescador una búsqueda internacional.

El Nord sigue en Berdyansk, donde en tres ocasiones se ha intentado subastarlo para conseguir el máximo posible. Sin embargo, nadie se apresura a adquirir este barco capturado en el mar, ya que en cualquier momento podría ser recapturado por las autoridades rusas. Por el contrario, los buques Yanna Kapu, Berdyansk y Nikopol, detenidos por las tropas del FSB en las aguas del estrecho de Kerch, fueron devueltos a Ucrania en noviembre del año pasado, lo que volvió a hacer salir la cuestión del destino del Nord. Sin embargo, Kiev insistió en que no piensa devolver el barco a la empresa de Crimea que, sin ninguna otra embarcación a su disposición, ha dejado de pescar.

Pero en esta historia, lo más relevante y significativo en nuestros días es el factor medioambiental. Los recursos de pesca del mar de Azov son repuestos únicamente por el trabajo de las piscifactorías rusas, que constantemente producen peces válidos para la pesca comercial. “El año pasado, se lanzaron al río Kuban más de 3.000 esturiones de diferentes tipos. En los últimos seis años, se han producido más de 175.000 unidades, con lo que se ha convertido en el centro especializado para la conservación de los esturiones y su material genético. El centro cuenta con la mayor colección de información genética de las especies de esturión, incluidas aquellas en peligro de extinción”, afirmo el director del programa de desarrollo de la industria de piscifactorías del Ministerio de Agricultura e Industria de Krasnodar Krai, Artyom Shevchenko.

Las autoridades ucranianas no cuentan con fondos para ese tipo de proyectos. Sin embargo, Kiev no ha tenido problemas para encontrar la financiación necesaria para la producción de una película patriótica sobre el buque Yanna Kapu detenido por el FSB, que se proyecta ahora en los cines ucranianos. Es más, las aguas ucranianas sistemáticamente se llenan de peces muertos, como ya ocurrió con el desastre ecológico del estuario de Molochny, donde murieron miles de salmonetes, una especie que se producía en tiempos soviéticos en las instituciones de investigación del mar de Azov.

“Las granjas colectivas de pesca colapsaron, pero en las costas quedaron los restos de las redes. Pronto no quedará más que la red. De hecho, los ladrones del mar de Azov ya han acabado con prácticamente todo lo que sobrevivió a los noventa. Las autoridades locales miran a lo que queda como si fueran las ruinas de las grandes pirámides. Son incapaces de hacer nada por la población, son incapaces de ninguna iniciativa a gran escala. Aunque, teniendo en cuenta los hechos, la muerte en masa de los salmonetes puede considerarse también una forma de descomunización”, escribió el periodista de Kiev Dmitro Zaborin.

La lucha contra la pesca furtiva se convierte así en la lucha por salvar los recursos del mar de Azov. El problema es que Ucrania no tiene intención de hacerlo. Las autoridades ucranianas tienen otras prioridades. Por ejemplo, el ministro de Defensa, Oleksy Zagorodniuk, afirmó en su perfil de Facebook que en su reunión con el ministro de Seguridad Nacional de Rumanía habían tratado los planes conjuntos contra las amenazas rusas en las aguas del mar de Azov. Y de esta forma, la detención de los pescadores furtivos puede utilizarse por parte de los “servidores del pueblo” en la mejor tradición de Petro Poroshenko para hacer de esto otro episodio de conflicto internacional.

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