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Dando el espectáculo

Artículo Original: Andrey Manchuk

El comportamiento de la delegación ucraniana se convirtió en causa de la vergüenza de sus defensores.

En Varsovia continuó el trabajo de los representantes de la conferencia de la OSCE para temas humanitarios, que este año debatió a fondo el tema de las violaciones de los derechos humanos en la Ucrania post-Maidan. Activistas por los derechos humanos y expertos -entre los cuales se encontraba el veterano del movimiento ucraniano por los derechos humanos Volodymyr Chermerys y os periodistas Ruslan Kotsaba y Dmitry Vasilets, que han pasado tiempo en prisión por motivos políticos-, hablaron al detalle sobre las prácticas para coartar las libertades civiles y el sistemático acoso contra la prensa independiente, especialmente agudo ahora, en vísperas de la campaña electoral.

Todo ello causó una reacción muy nerviosa de la delegación ucraniana, los representantes ucranianos y la representación en la reunión, liderada por Emine Japarova, que ocupa el puesto de viceministra de Política Informativa de Ucrania. La representación ucraniana intentó desacreditar a los expertos e incluso exigieron que se les quitara la palabra. Sin embargo, eso solo consiguió mostrar, ante los sorprendidos europeos, el nivel de censura e intolerancia a la oposición que hace tiempo que es la norma en el país, en el que, según Petro Poroshenko hay una libertad de expresión “sin precedentes”.

“Cuando hablamos de lo que tenemos que decir sobre la libertad de expresión en Ucrania, dicen que no es necesario sacar el tema. Tengo una pregunta: ¿cómo trabaja gente normal en el llamado ministerio de la verdad? Los representantes de los países europeos han estado claramente de nuestro lado. En la mesa redonda, han visto que en Ucrania se viola sistemáticamente la libertad de expresión. Han visto a personas concretas que fueron a la cárcel por sus ideas. Gente a la que Amnistía Internacional ha calificado de presos de conciencia y que han sufrido simplemente por expresar sus puntos de vista. La OSCE sabe que en Ucrania hay gente que va a la cárcel por sus ideas. Y no han entendido la postura de la viceministra de Política Informativa de Ucrania, que representa al Estado, ¿por qué no discutirlo? ¿Por qué esa gente que saca el tema de la libertad de expresión es acusada de ser agente del Kremlin?”, se pregunta Chermerys.

Los escándalos de la participación de los oficiales ucranianos en la conferencia han continuado prácticamente a diario. Por ejemplo, en la sesión plenaria del 18 de septiembre, intentaron impedir los discursos de activistas ucranianos por los derechos humanos que se refirieron al vergonzoso tema de los pogromos contra la población gitana y los abusos sistemáticos contra la población desplazada a causa de la guerra, a quienes se les niegan prestaciones sociales, pensiones y ni siquiera se les permite votar en las elecciones, ya que correctamente se piensa que esos votos no serán del agrado de las autoridades.

Ese mismo día se produjo aún más comedia: en la mesa redonda dedicada a los problemas del acoso a los periodistas. Los organizadores hablaron de los métodos ilegales de presión que las autoridades utilizan activamente contra la prensa de la oposición, entre ellos la presión política que se da en nuestro país en prácticamente todas sus formas. Así lo explicó el organizador de la discusión, Maxim VIlkov, coordinador del Grupo de Información sobre Crímenes contra las Personas.

El acto recibió la inesperada visita de un representante de la delegación oficial ucraniana, Andriy Chesnakov, aunque solo se presentó para la cena gratuita en el buffet. Después orgullosamente se marchó, evitando así discutir la situación de la libertad de expresión en su país. Los participantes en la conferencia de la OSCE discutieron activamente un nuevo incidente de ataque a una periodista del canal opositor ucraniano NewsOne TV, que recibió un puñetazo en la cara por parte de un miembro de uno de los grupos de la extrema derecha nacionalista.

“El protagonista absoluto ayer en la OSCE fue el representante de Ucrania en la organización, Andriy Chesnakov. El mismo hombre que intentó interrumpir mi discurso en la sesión plenaria en tres ocasiones porque no quería escuchar el informe sobre la estigmatización de los refugiados de Donbass y que golpeaba sobre la mesa cuando leían el informe sobre el acoso a la población romaní ucraniana. El señor Chesnakov se presentó de repente en nuestro evento sobre la libertad de expresión. Ya me estaba frotando las manos pensando en el debate que íbamos a tener, pero, por desgracia, entonces me di cuenta de que Chesnakov solo había venido a comer. Tras degustar en la mesa un par de jugosos bollos franceses y un té, el representante oficial de Ucrania abandonó la sala de conferencias un minuto antes de que comenzara el acto. Uno tiene la sensación de que no dan de comer a la pobre delegación ucraniana en Varsovia y que cada uno tiene que sobrevivir como puede, incluso yendo a comer a los actos hostiles de la organización”, comentó con ironía Daniel Glumov, experto del grupo interregional “Democracia y Derechos Humanos”.

¿Tiene gracia esta historia? Creo que no, ya que demuestra el grado de degradación y cinismo que ha alcanzado la política estatal en el campo de la libertad de expresión. Hace tiempo que los profesionales de los medios se han convertido en lacayos a sueldo de las autoridades del Estado y solo muestran indiferencia ante las crecientes amenazas contra los derechos de los periodistas que sufren la violencia de la extrema derecha y la presión de los representantes de las estructuras de poder.

Estos días, un informe especial de la misión de observación de Naciones Unidas sobre los derechos humanos en Ucrania afirma que el número de infracciones de los derechos básicos de los periodistas y activistas ha aumentado un 210%. En el periodo entre el 16 de mayo y el 15 de agosto se registraron 23 episodios de persecución contra los trabajadores de los medios: desde ataques físicos a periodistas, hasta episodios violentos de trágico desenlace.

“Al menos ocho casos son ataques cometidos por la extrema derecha, muchas veces con impunidad”, especificó la jefa de la misión de monitorización de Naciones Unidas en Ucrania, Fiona Fraser. La ONU también recordó que los casos de perfil más alto, como los asesinatos de Oles Buzina y Pavel Sheremet, siguen abiertos: aparentemente por motivos únicamente políticos. Es más, ahora se ha sabido que el Consejo de Defensa y Seguridad Nacional quiere privar de su licencia a la misma NewsOne, cuyos periodistas son aterrorizados por los nacionalistas, que buscan destruir esta cadena incómoda para el Gobierno.

Sin embargo, nada de esto preocupa a los responsables de defender la libertad de expresión porque usan su posición únicamente para imponerla en cada ocasión. Así se confirmó otra vez en Varsovia.

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