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Al sol de las trincheras

Artículo Original: Denis Grigoriuk

La firma de los acuerdos de paz ha hecho que los puntos calientes ardan a fuego lento, devorando vidas de forma no menos cruel que la fase activa de la guerra. Los corazones de aquellos que en 2014 estaban convencidos de que la única forma de proteger a sus seres queridos y sus hogares era tomar las armas arden y mueren lentamente.

En el quinto año de conflicto armado, la guerra se ha convertido en rutina. Al mismo tiempo se ha producido un cambio en la conciencia de la población, que ya no percibe la guerra como algo ficticio sino que es parte integral de la vida diaria de prácticamente todos los civiles de Donbass a ambos lados de la línea de separación. Cada uno tiene su propia historia: un momento en el que pudo haber muerto, un amigo sobre el que se podría escribir un libro o hacer una película de acción y, ante todo, la angustia por lo desesperado de la situación y el disgusto por las negociaciones sin fin que no traen la deseada paz.

En un abarrotado tranvía lleno de estudiantes, funcionarios, empresarios, mujeres mayores con grandes bolsas de la compra viajan los soldados para acudir a su trabajo. Después de las vacaciones hay que estar a la hora para la formación. Y después, para ir a las posiciones avanzadas. Es ahí donde vamos para comprender cómo viven aquellos para los que la guerra se ha convertido en su profesión.

Avanzamos por una zona en la que las heridas aún están frescas. La carretera guarda memorias y trágicas historias. Es similar en cada sector del frente. Estos caminos son carreteras de vida. Por ellas fueron evacuados los soldados heridos, por aquí han pasado las columnas de equipamiento pesado entre las balas y la artillería pesada.

Ahora la situación es más tranquila. Sería una tontería negar que las negociaciones de paz han conseguido algo: la fase activa de la guerra se detuvo. Sin embargo, en el frente se producen con regularidad enfrentamientos entre las partes, incluso duras batallas. La diferencia es que se detienen tan rápido como se habían iniciado. Los oponentes se mantienen en forma. Los políticos, demagogos, periodistas y otros especuladores utilizan los empeoramientos para sus propios propósitos mientras que los militares siguen ejecutando las órdenes.

En esta zona del frente hace tiempo que no se escucha el rugido de la guerra. La población local gradualmente vuelve a casa, reconstruye su vida sobre las cenizas de las batallas. Junto a los quemados pabellones del mercado local ardió un blindado. En el bar canta la pacifista Lousine Gevorgyan, del grupo Louna. En un principio, los músicos rechazaban tocar al lado del equipamiento militar, pero finalmente cantaron sus eslóganes antibelicistas frente a un grupo de sus fans. En el frente de Donbass gustan los rockeros, a pesar de que se les considera liberales. Entre canciones rockeras entramos en la zona roja. Son los suburbios occidentales de Donetsk. Como explica Dimitry Gau, jefe de comunicación del batallón de operaciones especiales del Ministerio de Defensa de la RPD Vtyaz, hay esporádicas explosiones de mortero, disparos de francotiradores, lanzagranadas. Pero siempre se detiene.

Hace tiempo que las partes en conflicto se han acostumbrado a la guerra posicional. El bando ucraniano perdió las últimas esperanzas en el momento en que las unidades de la RPD finalmente se atrincheraron en el aeropuerto de Donetsk y el teatro de operaciones se trasladó a otras zonas del frente. Ahora todo ha cambiado aquí. De un pequeño pueblo de vacaciones ha crecido toda una ciudad de trincheras capaz de proteger a los soldados de los ataques de artillería del enemigo. Los soldados usan el tiempo de “silencio” para preparar la defensa, por si se produjera una reanudación de la fase caliente de la guerra.

El sol quema sin piedad con sus rayos. El chaleco antibalas y el casco hacen sudar incluso más. Los pies arden por el cuero, pero las botas siguen siendo mejores que las zapatillas, atravesadas fácilmente por piezas de metal oxidado, restos de metralla o fragmentos desconchados de los edificios. Entre los restos abandonados de lo que una vez fueran casas de veraneo rodeadas de flores hay ahora restos de proyectiles que atraviesan el asfalto, las paredes y los tejados.

Antes de bajar a la subterránea ciudad de trincheras, los amables soldados nos invitan a tomar una taza de café del frente. La bebida caliente hace sudar aún más, pero hay que mantener la tradición. Mientras nos damos el lujo de tomar una bebida estimulante, a nuestro alrededor se acomodan tranquilamente entre los rifles y cascos los gatos que conviven con los soldados.

Avanzamos por los túneles cavados y cubiertos de madera. Me recordó a las trincheras ucranianas cerca de Debaltsevo en las que los soldados del Ejército Ucraniano literalmente enterraron y equiparon vehículos. En aquel momento, las tropas ucranianas sufrieron una dura derrota que forzó a Kiev a aceptar los acuerdos de Minsk, que su presidente firmó a regañadientes.

Las tropas de las trincheras son una mezcla de soldados experimentados, que comenzaron su carrera mucho antes de que existiera la milicia, hasta jóvenes que se unieron a las filas de los defensores de Donbass cuando acabaron el instituto. La guerra se ha alargado tanto que, cuando empezó, estos chicos estaban en noveno curso. La nueva generación ha crecido en guerra y está preparada para tomar las armas. Y a pocos kilómetros, en el centro de Donetsk, donde reinan la paz, el silencio y la calma, también hay jóvenes vestidos de camuflaje, aunque no tengan nada que ver con la guerra. Son los futuros líderes que se preparan para una carrera política. En el espíritu de los tiempos, visten de camuflaje para facilitar su ascenso. Es la nueva generación de la “juventud de oro”. Ese es el contraste entre la población que ha crecido en la guerra.

A 200 metros de nosotros se encuentran las posiciones ucranianas. Si quisiéramos, podríamos incluso hablar a gritos con el enemigo, ver con la cámara la bandera ucraniana y los francotiradores pueden “trabajar” tranquilamente apuntando al enemigo. Por eso, estas trincheras son nuestra salvación.  Aquí se puede caminar erguido. Volvemos por una zona que antes han atacado las tropas ucranianas. Ahora está cubierta de follaje y arbustos. Si el Ejército Ucraniano quisiera provocar a la RPD para iniciar un conflicto, el bombardeo no se detendría, pero, por el momento, para el bando ucraniano no sería lucrativo un empeoramiento: está en juego el nuevo tramo de asistencia económica europea. Sin embargo, las cosas pueden cambiar en cualquier momento, porque los políticos ucranianos en cada momento utilizan la guerra para favorecer sus propios objetivos.

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