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Un nuevo ataque

Artículo Original: Antifashist

En Ucrania se ha producido otro ataque contra la población romaní. Cuando aún no se han enfriado las cenizas del ataque en Lysaya Gora en la región de Kiev -donde, según los empleados del Ministerio del Interior, “solo se retiró basura”- han vuelto a atacar un campamento romaní en la tolerante y europea ciudad de Lviv.

En la localidad de Rudno, cerca de Lviv, desconocidos quemaron un campamento romaní. Según las víctimas, el ataque vino a cargo de una treintena de hombres jóvenes, con la cara tapada y apariencia atlética. El incidente se produjo la tarde del 9 de mayo, pero la información se mantuvo oculta para no entorpecer el trabajo policial. Durante dos días, fue imposible conocer los detalles de lo ocurrido, a pesar de que tanto la prensa como activistas por los derechos humanos se dirigieron, en busca de información, tanto al consejo local de Rudno como al de Zimnyaya Voda. Ninguno de ellos conformó el pogromo, sino que lo hizo la Policía Nacional en la región de Lviv: su portavoz, Svetlana Dobrovolskaya, afirmó que la policía disponía de información que afirma que no se produjo ningún incendio.

Sin embargo, el ataque fue demasiado significativo y se encontraba a la vista. No había más que pasearse por las redes sociales para ver las cenizas: quemados restos de madera, utensilios de metal, juguetes de niños, ropa e incluso un icono. El campamento, en el que residían varias familias romaníes, se encontraba en los alrededores de la zona industrial, cerca del punto de recepción de metal. Tras el ataque, varias personas que habían resultado heridas fueron evacuadas en ambulancia.

“Familias romaníes residen aquí de forma permanente en verano y en invierno. El pasado otoño, como muchos ya saben, fueron apaleados y el campamento fue quemado en mitad de la noche. Nadie fue jamás detenido por aquel ataque. Así es como las cosas pasaron ayer: estábamos reunidos en uno de los campamentos para enseñar a los niños a leer y antes había venido aquí para comprobar que todo estaba bien. Vi que había un problema: un niño se había puesto enfermo y todos tenían hambre. Les llevé comida, dinero y medicinas. Y resulta que, en cuanto me marché, empezó el ataque”, explicó Mijail Keno, representante autorizado del Comité de Protección de los Derechos Humanos.

Keno explicó también que las persona que residen en ese y otros campamentos no se dedican ni a mendigar ni a robar, sino que se ganan el sustento buscando y vendiendo metal, recolectando frutos y bayas del bosque. En el campamento vivían varias familias, alrededor de treinta personas. Según la prensa, los residentes fueron advertidos de un posible ataque días atrás. El fuego iba a producirse también en otros dos campamentos que se encuentran también en el bosque. Sus habitantes temen hablar ya que hacerlo puede suponer que su campamento sea quemado y ellos resulten heridos. Además, no hay respuesta alguna del Gobierno por los ataques contra la población romaní: aunque el ministro del Interior Arsen Avakov afirmó que había detenidos por el ataque contra el campamento romaní en la región de Kiev, nadie ha visto sus caras.

Ahora, la defensora del pueblo, Lyudmila Denisova, del Frente Nacional, ha exigido una reacción del Ministerio del Interior ante las muestras de xenofobia y ha enviado una petición a las autoridades de la Policía Nacional en la región de Lviv exigiendo que actúen según los requerimientos de la legislación vigente y que garanticen la seguridad y el orden en la localidad de Rudno.

Sin embargo, la propia población romaní afectada afirma, entre susurros, que en los pogromos participa, una y otra vez, la policía, que con esos bárbaros métodos dice “realizar trabajo de investigación”. No es de extrañar, teniendo en cuenta que en 1939 Lviv fue el centro de la masacre de la población judía que realizaron los seguidores de Bandera y del “orden ucraniano”. Esa “tradición” se ha transmitido a sus nietos. Así lo ilustran perfectamente los comentarios de los patriotas en las redes sociales, que han jaleado los ataques contra aquellos que ven como subhumanos.

Gerhard: “es basura, no es un campamento. Guardabosques, bien hecho”.

Gyro: “Como se suele decir, las ruinas del Reichstag están satisfechas”.

Evhen Milko: “Que envíen a los gitanos a Chernóbil y no cerca de la gente normal”.

Polyakov: “No me gustan los gitanos, están llenos de ladrones y traficantes”.

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