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El referéndum de la esperanza

Artículo Original: Anna Revyakina / Ukraina.ru

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Donetsk, Día de la República 2018 en conmemoración del referéndum del 11 de mayo de 2014.

Mucho se ha escrito ya sobre el referéndum y muchos más seguirán escribiendo para sacar a la luz más detalles que cambien algún significado, pero, cuatro años después, viene a la mente siempre una misma idea: en el territorio de Ucrania ni una sola manifestación antes del referéndum fue jamás tan masiva. Ninguna de las elecciones a la presidencia de Ucrania alcanzó tal participación, ni elecciones extraordinarias ni legislativas.

En algún momento, el concepto de elección comenzó a tener para la ciudadanía un sentido asociado a una especie de deuda que hay que pagar yendo a votar, como si fuera hacer las labores de casa. La población comenzó a sentir (y lo hizo con razón) que la elección no la realizaban ellos, sino que lo hacía alguien más, que todo se resolvería sin que se escuchara la voz y que esa voz no podía, de ninguna manera, cambiar las cosas.

En 2012 trabajé como observadora en las elecciones legislativas. El encargado de nuestro colegio electoral no se ocupó en exceso de la participación, ya que en las listas había un gran número de estudiantes de medicina residentes en una residencia universitaria, obligados por el decano a hacer acto de presencia y después seguir con su día. Pero, aun así, la participación no superó el 60%. Además, se había designado un Sistema de voto a distancia para quienes, por motivos de salud, no pudieran ir a votar. El trabajo se realizó por anticipado, se enviaron votos por correo, se avisó por teléfono y se explicó dónde y cómo se podía votar.

¿Hubo algo de esto en 2014? Para nada. La vieja idea ucraniana de que es preciso trabajarse al electorado para garantizar que vaya a votar perdió todo su valor. En mayo de 2014 no había buffet, ni orquesta, ni regalos ni amenazas de las autoridades. La población salió a la calle y fue a buscar el colegio electoral, que no siempre estaba en los lugares habituales. No había habido campaña, solo anuncios del referéndum.

La apatía política, enfermedad que Donetsk había sufrido durante los 23 años anteriores, despareció en algún lugar y una gran multitud se extendió por la ciudad y a las puertas de los colegios electorales se formaron largas cosas de personas que no estaban ni irritadas ni enfadadas, como suele pasar habitualmente entre grandes multitudes. El tamaño de las colas recordaba a las viejas fotografías de las colas para conseguir pan durante el sitio de Leningrado. Hasta el 11 de mayo, no habría imaginado que la calle de Donetsk reaccionaría, que resistiría, que sería una inspiración de resistencia. No podía creer que mis ojos estuvieran viendo a mi vecino arrastrándose con las muletas. En 2012 le habían llevado la urna a casa para que pudiera votar, pero en 2014, con grandes dificultades y a pesar de la distancia, se trasladó hasta el colegio electoral como símbolo de su amor por su ciudad, para defender su derecho a votar.

Personas vestidas de domingo esperaron pacientemente su turno para poder coger su papeleta y votar. Muchos ni siquiera entraron a las cabinas y marcaron su voto en público, mostrando su elección. Fue un impulso común, un momento en el que, por primera vez en la historia de la Ucrania moderna, la voz de la gente corriente quería decidir su futuro. Y decidió. Incluso aquellos que aquel día no habían pensado ir a votar, al ver a la elegante multitud, inmediatamente querían formar parte de ella. Fue un día de orgullo y ocurrió en Donetsk, así que no puedo no estar orgullosa de ese Donetsk de mayo de 2014.

Se puede especular hasta el infinito sobre los motivos del referéndum y sus implicaciones, se puede hablar de lo que había ocurrido en Odessa el 2 de mayo de 2014, que fue la gota que colmó el vaso para muchos ciudadanos de Donetsk. Nos llamaron traidores por culpa del referéndum de 2014 y amigos de Kiev nos llamaron para decir que, tras el referéndum, Donbass había muerto para Ucrania. ¿Y cuándo murió Ucrania para Donbass? ¿En el otoño de 2013 cuando comenzó Maidan? ¿O en febrero de 2014, cuando quisieron eliminar la lengua rusa? ¿O fue el 2 de mayo de 2014 en Odessa cuando Ucrania, a la que habíamos querido, murió dentro de nosotros y el 11 de mayo solo fue una forma de documentar la confirmación?

Aquel referéndum no fue de odio, como hizo parecer la prensa ucraniana, sino de amor por nuestra tierra, una nota patriótica que, de forma imprevista, tomó la ciudad minera de Donetsk. Y fue un referéndum de esperanza.

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