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Tentáculos del totalitarismo

Los días previos a la celebración del 9 de mayo -que en los países de la antigua Unión Soviética se ha celebrado tradicionalmente como el Día de la Victoria, posiblemente la fiesta nacional más importante del año- han venido acompañados, como ya ocurriera en años anteriores, de propaganda, acusaciones y nuevas dosis de revisionismo histórico. Desde el Instituto Ucraniano de la Memoria Nacional, liderado por el siempre polémico y provocador Volodymyr Vyatrovich, el objetivo no es otro que lograr que la población olvide las celebraciones del 9 de mayo en favor del día anterior, que Ucrania ha querido llamar el “día de la reconciliación” entre quienes lucharon contra los Nazis y quienes colaboraron con ellos.

Ese intento de apartar de la memoria colectiva una celebración respetada por una gran mayoría del país, que ha crecido honrando cada año la memoria de quienes liberaron el país de los invasores Nazis y celebrando a los veteranos de la Segunda Guerra Mundial aún con vida, va más allá del 9 de mayo. Desde su llegada al poder, el Gobierno de la Ucrania post-Maidan ha buscado la ruptura de las relaciones culturales -e incluso familiares- entre Rusia y Ucrania. El 9 de mayo, cuando los ucranianos siguen celebrando la victoria contra la Alemania Nazi, es el reflejo de que ese plan no ha funcionado a corto plazo y los lazos culturales e históricos entre los dos países se mantienen. Sin embargo, no es el único ejemplo. A principios de este año se produjo otro ejemplo que, por su espontaneidad y simbolismo, tanto molestó a Vyatrovich.

Vladimir Visotsky

Vyatrovich contra la cultura soviética

Artículo Original: Andrey Manchuk

Los nacionalistas han declarado la guerra a Vladimir Visotsky y Viktor Tsoi. Como era de esperar, el 80º aniversario del nacimiento del poeta Vladimir Visotsky ha sido uno de los temas más comentados en las redes sociales en Ucrania. Muchas personas de diferentes generaciones y diferentes ideologías no han dudado en citar con nostalgia sus poemas. Han hablado de cómo les influyeron en su educación, cómo leer “los libros adecuados” les ayudó a tomar decisiones difíciles en momentos clave de sus vidas. Por no mencionar el renovado interés en estudiar las raíces de Kiev del famoso poeta y cantante Visotsky, que visitó tantas veces la ciudad y realizó giras por el país, donde escribió muchas canciones populares: desde un himno minero a baladas militares.

El espontáneo flashmob sobre Visotsky que se ha producido en las redes sociales ha demostrado que, pese a las políticas de Estado que buscan demonizar el pasado soviético a base de adoctrinamiento de la sociedad y prohibición de libros y películas, millones de ucranianos siguen formando parte del espacio único cultural internacional que se formó en tiempos soviéticos, ajeno a cualquier nacionalismo ruso o ucraniano.

Como era de esperar, eso ha causado una reacción de indignación del principal “descomunizador”. “¿Descolonización? En el Facebook ucraniano se ha recordado mucho más el 80º cumpleaños de un poeta ruso que el aniversario de un poeta ucraniano luchador por la libertad”, escribió en su perfil de Facebook el director del Instituto Ucraniano de la Memoria Nacional, Volodymyr Vyatrovich. Se refería al cumpleaños de Vasyl Stus, que no atrajo especial atención entre el público ucraniano. Sin embargo, intentar insultar al cantante culpándole de llevar una vida bohemia -algo común en casi todos los grandes músicos desde Jim Morrison, Jimi Hendrix o Freddy Mercury a Kurt Cobain y muchos poetas incluidos Shevchenko, Ivan Franko, Tychin o Soriura- es un claro ejemplo de hipocresía y solo desacredita al propio Vyatrovich.

Sin embargo, el líder del Instituto de la Memoria no se detuvo en las acusaciones personales y su lucha no es solo contra Visotsky. “No todos los tentáculos del mundo ruso son tan odiosos y obvios como los sovok [palabra con la que el nacionalismo ucraniano se refiere despectivamente a las personas de mentalidad soviética-Ed] y el Patriarcado de Moscú. Algunos son más amables, refinados y respetables, pero no por ello menos peligrosos. La ironía del destino [película soviética que tradicionalmente se ve en familia el último día del año], el ocho de marzo, los Bulgakov, Pugachev e incluso Visotsky y Tsoi [dos de los cantantes más populares de la Unión Soviética, que murieron en 1980 y 1990 respectivamente-Ed] en manos del Kremlin son instrumentos efectivos para recordar un espacio cultural común y son herramientas para recrearlo. Es decir, la cultura es la base sobre la que cada imperialismo construye el templo de su grandeza”, explicó Vyatrovich desarrollando su idea.

Con esa argumentación, Vyatrovich abiertamente admitió que la cruzada de las autoridades ucranianas no solo está dirigida contra socialistas y comunistas, los bolcheviques, de los que, por cierto, formaban parte gran parte de las figuras más significativas de la cultura ucraniana. El concepto ideológico del Estado nacionalista es borrar de la memoria cultural a fantásticos escritores, poetas, actores y famosos, cuyo único crimen fue trabajar en tempos de la Unión Soviética o en ruso, lo que automáticamente supone utilizar la lengua del agresor y enemigo.

Mural en memoria a Viktor Tsoi, Ekaterimburgo, Rusia.

Todo esto es una desagradable sorpresa para muchos ingenuos defensores de Euromaidan, que en las barricadas cantaban canciones de Visotsky o de Tsoi mientras ayudaban a llegar al poder a xenófobos y fanáticos. Ahora a esos fanáticos no les importan los sentimientos de esa gente a la que engañaron, que crecieron con el rebelde rock soviético y sus cantautores; que vieron las fantásticamente rodadas películas de Eldar Ryazanov, que no tenían nada de ideología; que celebraron el 8 de marzo, cuyo origen tampoco tenía nada que ver con el mundo ruso, sino que era un día de solidaridad internacional en la lucha por la liberación de las mujeres.

Toda esta enorme y diversa herencia cultural de los tiempos soviéticos ha quedado ilegalizada, ya sea de facto o de forma oficial por medio de la censura. Sin embargo, la masiva respuesta que ha recibido en Ucrania el aniversario de un poeta soviético claramente muestra el fracaso de esa política. Eso es, en realidad, lo que más molesta a Vyatrovich.

No hay duda: las declaraciones del director del Instituto de la Memoria serán percibidas por sus colegas como una orden para la acción. Pronto, los nombres de Visotsky y Tsoi caerán en las listas de censura ideológica y los trabajadores sirvientes escribirán artículos para exponer la “esencia anti-ucraniana” de su obra.

Pero este juego puede llevar a un final imprevisible y peligroso para el Gobierno cuando “La balada de la lucha” se convierta en una canción protesta que llame a acabar con los nuevos “verdugos y villanos”. Y una conocida canción de Tsoi nos recordará que esperamos a un cambio que un día salve a Ucrania de la censura y el odio nacionalista y que corte los escurridizos tentáculos del nuevo totalitarismo.

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