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Un “Plan Marshall” para Ucrania

Artículo Original: Colonel Cassad

Tras su paso por Malta para participar en el Congreso del Partido Popular Europeo, Poroshenko anunció sus esperanzas de que se ponga en marcha una versión moderna del “Plan Marshall” para Ucrania. Hay que recordar que, además del declarado objetivo de la “restauración de lo destruido en la Segunda Guerra Mundial en Europa”, el principal objetivo del “Plan Marshall” era la consolidación de la influencia de Estados Unidos en Europa en el contexto de la lucha contra el bloque soviético. Para estos objetivos, Estados Unidos invirtió, en la fase inicial, una gran cantidad de dinero en la economía europea que posteriormente le supuso un tangible beneficio económico y político-militar. En gran medida, el dominio de Estados Unidos sobre Europa se formó sobre la base de la aplicación de este plan. Y ahora Ucrania quiere que la historia se repita.

Vale la pena mencionar que las declaraciones de Poroshenko mencionan, por una parte, motivos económicos -problemas con los créditos, reducción de los ingresos de impuestos de la RPD y la RPL, la destrucción del antiguo sistema de comercio de carbón, los problemas asociados al mantenimiento de la estabilidad socioeconómica y alto nivel de deuda externa- que hacen a Poroshenko buscar financiación en otros lugares. ¿Pero qué puede ofrecer Ucrania a cambio? Desde el punto de vista económico, la inversión a largo plazo en Ucrania no parece eficiente (bajo nivel de estabilidad económica y política, guerra en Donbass y lucha interna en Ucrania, etc.). Así que Ucrania se ofrece como herramienta en la lucha contra Rusia, en la que se ve a sí misma como una especie de “Alemania Occidental”, que, apoyada económicamente por Estados Unidos para competir con la Unión Soviética. En esta ocasión, Estados Unidos compite con Rusia y Ucrania es una de las herramientas en esa lucha. Pero en estos momentos la línea de crédito es limitada y la financiación del Pentágono es relativamente modesta comparada con los gigantescos presupuestos para las guerras de Siria e Irak o para Europa del este en general.

Así que Ucrania intenta ocupar la posición de principal base de la política anti-rusa, aunque se encuentra aquí con una seria competencia, ya que las autoridades de los países Bálticos, que constantemente se presentan a sí mismos como “el principal objetivo de la agresión rusa”, solicitan/exigen ayuda extranjera. En una liga similar juega Polonia, que se ha posicionado como principal oponente de Rusia en el este de Europa. Es decir, hay que comprender que, con sus declaraciones, Poroshenko se mueve en un entorno fuertemente competitivo en el que simples declaraciones anti-rusas, rusófobas o anti-soviéticas no son suficientes para conseguir ser el principal receptor de la ayuda financiera y material de la que dispone Estados Unidos para la política anti-rusa en el este de Europa.

Así que, sin haber conseguido un éxito significativo a la hora de hacer avanzar los intereses de Ucrania a través del Senado y el Congreso de Estados Unidos, Poroshenko busca otra estrategia, apelando a las élites euro-atlánticas, que también están interesadas en seguir una política exterior anti-rusa. Poroshenko ofrece a Europa intervenir de forma más activa en el desarrollo de la crisis ucraniana, apoyando a Ucrania financiera y políticamente. Al mismo tiempo, como si tratara de seducir a Berlín y Bruselas por una parte con ideas sobre una política exterior independiente de la línea de Estados Unidos en Ucrania mientras, por otra parte, amenaza con la idea del fortalecimiento de la influencia rusa en Ucrania y en el este de Europa si Moscú consigue lo que quiere en Donbass.

El principal problema es que Europa no está dispuesta a realizar un programa de asistencia a una escala tan grande, ya que incluso el actual nivel de política anti-rusa está causando ciertas molestias en algunos países de la UE. Francia, Alemania, Italia y otros países han reflejado el impasse que ha golpeado a Europa al involucrarse en la aventura estadounidense de derrocar al régimen de Yanukovich, que ha dado como resultado que todos los costes económicos de la guerra recayeron sobre Ucrania, Rusia y Europa, mientras que ha sido Estados Unidos el que ha salido ganando de la lucha entre dos potencias regionales que se han debilitado entre ellas. La parte del establishment europeo que desea ser verdaderamente un sujeto político-militar (y salir de los dictados de la OTAN y otras estructuras euroatlánticas) no está interesada en desarrollar el conflicto con Rusia, lo que no es muy prometedor para la UE, que juega el papel de herramienta de Estados Unidos en la política anti-rusa de Washington y que deja clara la indecisión estratégica de Bruselas.

En realidad, Poroshenko solo sigue los pasos de la política exterior estadounidense, lo cual no es sorprendente teniendo en cuenta que fue Estados Unidos quien le ayudó a llegar al poder. Y la relación de Washington con Poroshenko es fría a causa de las acusaciones de corrupción e incapacidad de realizar reformas durante la etapa de Obama y porque Trump conoce el apoyo de Poroshenko a la campaña de Clinton cuando Kiev decidió publicar material comprometido sobre uno de los miembros de su equipo. Nada de eso se ha olvidado, así que Poroshenko trata de apaciguar a la Casa Blanca, aunque por el momento solo ha llevado a que la ayuda militar para Ucrania se reduzca de 300 a 150 millones de dólares. En ese caso, es el momento de pedir dinero a la Unión Europea.

¿Y qué pasa con Europa? En general, los europeos han escuchado con compasión a Poroshenko especular sobre la agresión rusa y le han deseado salud y buena suerte, pero no han realizado compromisos económicos. Esto no ha impedido a Poroshenko comenzar a hablar de un “Plan Marshall 2.0” que salvará a Ucrania. Los motivos para este insano optimismo son comprensibles: la difícil situación interna requiere buscar algún alivio en los éxitos de política exterior, aunque sean virtuales. Así que, si achacar los problemas internos a la amenaza rusa no es suficiente, se lanza con abstractas promesas de los mitológicos beneficios que esperan a Ucrania en su camino a Europa. Aunque la experiencia de la “integración europea” muestre que, en la mayor parte de los casos, la fantasía choque de frente con la realidad.

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