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Juegos con Svoboda: los radicales vuelven a la política

Artículo Original: Lenta.ru

detail_8b4aebb49be311f5a9b09a1a54d7a22bLas fuerzas de la ultraderecha de Ucrania se encaminan a la unificación. El correspondiente documento fue firmado por Svoboda, el “Cuerpo Nacional” (brazo político del regimiento Azov), el Praviy Sektor (todos ellos prohibidos en Rusia) y otras organizaciones menores del mismo estilo. Juntos reivindican los más fantásticos objetivos: desde la creación de una unidad política global entre el mar Báltico y el Mar Negro contra Rusia hasta la recuperación del estatus de potencia nuclear para Ucrania. ¿Cómo surgió esta unión y cuál es su sentido práctico?

Todo comenzó con Svoboda

Los ahora unidos partidos de la extrema derecha ucraniana han recorrido caminos bien diferentes. Sin embargo, todos ellos tienen algo en común: una dinámica negativa en términos de popularidad. Quien se encuentra en peor situación es Svoboda, cabeza de cartel de este proceso y única fuerza política con verdadera experiencia en esta lucha. Hace cinco años, en las elecciones de 2012, el partido fue la gran sensación. En aquel momento, el equilibrio de fuerzas favoreció a los nacionalistas, que lo usaron en las primeras protestas contra el Gobierno de Yanukovich. Svoboda obtuvo el respaldo del 10,44% de los votantes en las listas de partidos. Además, otros doce miembros del partido obtuvieron su asiento en las circunscripciones de mandato único. En total se formó un grupo parlamentario con 37 diputados, lo que permitió obtener un representante en el puesto de vicepresidente del Parlamento.

Gran parte del éxito de Svoboda se debió a Ucrania occidental: 31,22% en la región de Ternopil, 38,02% en la región de Lviv. Sin embargo, hay que volver a insistir en que no fue un voto solo a favor de Svoboda sino contra el Partido de las Regiones de Yanukovich, que en aquel momento prácticamente monopolizaba las instituciones en Ucrania. Los nacionalistas aún no habían quedado desacreditados y, según la opinión del electorado, podían debilitar al régimen existente. La paradoja es que la administración de Yanukovich aumentó artificialmente la intención de voto de Svoboda, con la esperanza de mantenerla bajo control y utilizarlo como herramienta en las negociaciones con Rusia: decían, nosotros estaríamos felices de estar con vosotros, pero tenemos a estos nacionalistas que no quieren.

Tras el golpe de Estado en Kiev en el invierno de 2014, Svoboda se unió en una coalición parlamentaria a las demás fuerzas que habían apoyado Euromaidan y recibió cuatro carteras en el Gobierno: el viceprimer ministro, ministro de Política Agraria, ministro de Ecología y, durante un breve periodo de tiempo, incluso el ministro de Defensa. Ahora es difícil de imaginar, pero desde el 27 de febrero al 25 de maro de 2014, durante el periodo en el que Crimea trabajaba para regresar a Rusia, el Ejército Ucraniano estaba oficialmente comandado por el nacionalista Igor Tenyuj. De hecho, fue rápidamente despedido por la falta de resistencia contundente de las fuerzas de Ucrania en la península y las acusaciones de total falta de coordinación con el Gobierno. Es interesante recordar ahora cómo el Praviy Sektor hacía piquetes exigiendo que el svobodets Tenyuj fuera sometido a un consejo de guerra.

Una vez en el poder, Svoboda mostró sus verdaderos colores. El alcance de la anarquía aplicada por los nacionalistas en la vida pública (por ejemplo, la paliza al presidente de la compañía nacional de televisión de Ucrania) y otros aspectos sorprendieron incluso a los ucranianos más favorables. Finalmente, en las elecciones del otoño de 2014, Svoboda no llegó al 5% mínimo [para entrar en el Parlamento]. Pese a que varios de sus miembros sí consiguieron escaño, el partido perdió gran parte de su influencia. En general, esta tendencia no se ha revertido todavía. Pese a que Svoboda trabaja duro para recordarse a sí misma que sigue manteniendo considerable poder a nivel local, especialmente en el oeste de Ucrania, el partido sigue viendo de lejos los procesos políticos y, lo que es más importante, el presupuesto. Obviamente, los nacionalistas no están satisfechos con la situación actual.

Socios de segunda

Los principales socios de Svoboda en la nueva unión son el Praviy Sektor y Corpus Nacional. En cuanto al primero de ellos, todo está claro: es un “movimiento de liberación nacional” en permanente crisis desde la marcha del diputado Dmitro Yarosh y sus colaboradores más cercanos, con lo que la organización se quedó solo con la “marca”. En estos momentos, el líder del brazo político del Praviy Sektor es Andrey Tarasenko, elegido para el puesto en marzo del año pasado. Sin embargo, Tarasenko no cuenta siquiera con la décima parte de la influencia de Yarosh, por lo que el joven partido lleva tiempo perdido entre su estructura interna y sus actividades. Inicialmente, se asumió que esta nueva subdivisión haría sombra con su radicalismo a todos los radicales del país. Pero en su congreso, con el cambio oficial en el liderazgo, se proclamó una nueva orden para “el establecimiento del Estado de la nación ucraniana por medio de un movimiento revolucionario masivo cuyo objetivo es la liberación de los ucranianos de la esclavitud espiritual y física”.

Diferente es el caso del Cuerpo Nacional, liderado por Andriy Biletskiy. Este nuevo partido fue creado en octubre de 2016 sobre la base del Cuerpo Civil de Azov. No es ningún secreto que el ministro del Interior Arsen Avakov es cercano a Azov y probablemente esté vinculado de alguna manera al Cuerpo Nacional. Además, Avakov y Biletskiy son viejos conocidos de Járkov, donde se conocieron y trabajaron juntos durante muchos años.

El punto clave del programa del partido es la recuperación del potencial nuclear de Ucrania, la nacionalización de las empresas estratégicas, la legalización de la venta de armas, creación de una legión ucraniana extranjera, la formación de la misteriosa unión “mar Báltico-mar Negro”, así como el restablecimiento de la pena de muerte. Por cierto, en muchos aspectos, los objetivos de esta nueva unión reproducen exactamente este programa, lo que sugiere quién será el líder en este proyecto. Sin embargo, de momento solo se conoce al Cuerpo Nacional por su participación en salvajes protestas callejeras, como el ataque a las sucursales de los bancos rusos que operan en Ucrania.

Además del Praviy Sektor y el Cuerpo Nacional, firmaron también el manifiesto de asociación otras organizaciones de extrema derecha más pequeñas como una versión moderna de OUN (organización radical prohibida en Rusia liderada por Bohdan Chervak), el Congreso de Ucranianos Nacionalistas (liderado por Stepan Bratsyun) y la organización abiertamente fascista C14 (parte del Praviy Sektor), que hace unos días confesó haber secuestrado civiles en Donbass para su posterior intercambio por prisioneros de guerra ucranianos. Sin embargo, su influencia y sus números son tan insignificantes que incluso gran parte de la prensa ucraniana ha ignorado su participación en la unión. También es posible que haya sido una decisión consciente: no invitar a estos “hermanos” a la nueva unión sería extraño, pero tampoco es deseable dar publicidad a su presencia. Es en estas organizaciones en las que tienen presencia los individuos más radicales, capaces de realizar acciones espontáneas y salvajes incluso para los estándares de la extrema derecha.

La marcha por la “dignidad nacional”

La carta de presentación de la nueva unión fue la Marcha por la Dignidad Nacional, celebrada en Kiev el 22 de febrero. Svoboda, el Praviy Sektor y el Cuerpo Nacional movilizaron para esta acción a alrededor de 8.000 personas según la información de la policía. Según los organizadores, participaron en la marcha 20.000 personas. Todo estuvo decorado según las mejores tradiciones ucranianas: bengalas, antorchas, bombas de gas, enaltecimiento de los ídolos nacionalistas con gritos como “Bandera vendrá y pondrá orden” y discursos incendiarios de los líderes. “Quienes han tomado el poder bajo el lema de la revolución de la dignidad no van a cumplir con las tareas que les encomendaron los ucranianos. Así que la única vía para la salvación es la unión de la comunidad activa de voluntarios y todos los nacionalistas alrededor de unos principios concretos y prácticos”, afirma el manifiesto de los nacionalistas.

Pese a que el fuego está dirigido contra el Gobierno, aún no se pretende derrocarlo. Los participantes “solo” plantearon una lista de exigencias, concretamente la rebaja en las facturas mensuales para la población, rechazo de la privatización de empresas públicas, extensión de la moratoria a la venta de tierras, prohibición del comercio con los “territorios ocupados” de Donbass. Algunos puntos dejan claro lo absurdo de la situación. Al llegar a la sede de la administración presidencial de Petro Poroshenko, los manifestantes mostraron un enorme trozo de chocolate y un billete para Lipetsk [Rusia, donde estaba situada una de las fábricas de chocolate de Poroshenko], pero eso fue todo. La representación en el Parlamento fue más incendiaria y no estuvo carente de amenazas de disolver el Parlamento.

Contrariamente a lo habitual, los actos terminaron sin grandes incidentes. Teniendo en cuenta que eso no es lo que sucede habitualmente con los radicales, todo sugiere algo de teatro. Es posible que la administración de Poroshenko permitiera que los radicales se desahogaran, lo que sirvió para dar cierta publicidad para la nueva unión. De ser así, Poroshenko lleva el mismo camino de Yanukovich en vista de las próximas elecciones presidenciales y de la posibilidad de elecciones legislativas anticipadas, intenta mantener bajo su control a los radicales. Pero es una jugada peligrosa: el juego del anterior presidente con Svoboda salió muy caro.

Por otra parte, es posible que la unión de los nacionalistas se presente como oposición política al actual líder ucraniano. En ese caso, la conclusión pacífica de la marcha del 22 de febrero indica que nadie necesita en estos momentos luchar contra la extrema derecha. En busca de fuego inmediato hay toda una serie de candidatos que han perdido su posición, desde los oligarcas Ihor Kolomoisky y Rinat Ajmetov a Arseniy Yatseniuk, del Frente Nacional, crecientemente amenazado con la desaparición del mapa político del país. En la realidad de la Ucrania actual, los radicales son demasiado quisquillosos. Al menos en el sentido de que son capaces de realizar acciones que afectan directamente al proceso político. Y sus perspectivas son buenas. Es evidente que la nueva unión de nacionalistas conseguirá el 5% necesario para entrar en el Parlamento, especialmente si el proyecto se mantiene estable en términos de financiación, presencia mediática y no se muestran abiertamente fascistas. Sin embargo, sea quién sea quien está detrás de este proyecto, se puede decir que los radicales vuelven a estar en la pelea. Y la experiencia demuestra que no están dispuestos a detenerse ante nada para lograr sus objetivos.

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