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Bombardeos, Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano

Tres años bajo tierra

Artículo Original: Liza Reznikova / Antifashist

donetsk-underground-01-1Mientras el destino de Donbass se convierte en parte de las negociaciones geopolíticas al más alto nivel, la población continúa viviendo en húmedos sótanos y fríos refugios.

Suburbios al oeste de Donetsk, localidad de Trudovsky. Aquí, en el profundo subsuelo, quince personas viven en el refugio de la mina Trudovskaya. La mayoría de ellos son pensionistas cuyas viviendas quedaron completamente destruidas por las bombas ucranianas y no tienen familiares en este mundo.

El 12 de febrero, junto al voluntario de Donetsk Andrey Lysenko, nos acercamos a visitarlos. Gracias a la ayuda de su amigo Mijail Svetkov de Surgur, les llevamos salchichas, carne y pescado enlatado, bollos, té, galletas y cereales.

Los pensionistas nos reciben a la entrada de su refugio subterráneo. Se alegran de vernos y durante mucho tiempo no pueden creer que todos estos productos sean para ellos. Cuentan que hace mucho tiempo que nadie les visita. Antes, cuando llegaban periodistas de los canales nacionales y de la prensa local, el flujo de voluntarios era constante. Pero, como suele pasar en nuestra sociedad, una vez que las cámaras desaparecen, lo hace también el interés de la población y se olvida la ayuda para los voluntarios, con lo que la población más necesitada queda otra vez abandonada a su suerte.  

donetsk-underground-02Descendemos a la “vivienda” subterránea. Es una bajada con empinadas escaleras hacia la oscuridad. En la calle brilla el sol, así que los ojos tardan en acostumbrarse a la oscuridad. Hay humedad y hace mucho frío. Las impresionantes paredes de cemento están cubiertas de posters del ejército soviético y carteles que recuerdan cómo hay que actuar en caso de un ataque del enemigo, incluyendo un ataque nuclear. Nadie se habría imaginado que nada de esto volvería a ser necesario otra vez.

donetsk-underground-03 donetsk-underground-05Junto a la pared se encuentran las camas. O, mejor dicho, bancos de madera con colchones y mantas. En la esquina, la cocina eléctrica en la que preparan la comida.

donetsk-underground-12 donetsk-underground-04Bajo tierra conocemos a varias personas. Otros de los habitantes del refugio no están presentes. Algunos han salido a ver sus casas destruidas; otros para hacer algunas compras básicas en el mercado; otros simplemente han salido a dar un paseo con este excelente día, antes de que se reanude el bombardeo.

A día de hoy, viven en el refugio quince personas. En 2014-2015, llegó a dar cobijo a 290 personas. Entre ellos había niños, alrededor de veinte, incluyendo bebés. Durante las fiestas de Navidad, pintaron las paredes con imágenes de Ded Moroz y Sneguroshka especialmente para ellos.

Dormían en el suelo y para llegar hasta la salida, había que pasar por encima de la gente y sus pertenencias. Cuando la intensidad de los bombardeos se redujo, algunos regresaron a sus destrozadas viviendas y las repararon; otros alquilaron apartamentos lejos del pueblo y otros se marcharon a Rusia. Bajo tierra quedaron solo aquellos que no tenían dónde ir.

Me llama la atención una mujer de mirada triste y con un pañuelo negro en la cabeza.

donetsk-underground-06“Enterré a un hijo”, se lamenta. Su nombre es Valentina. Tiene 60 años, 35 e los cuales trabajó en la sala de calderas.

Valentina lleva tres años viviendo en el refugio. En 2014, el Día del Minero, Ucrania le hizo un “regalo”, enviando a su casa un proyectil de Grad. En aquel momento, solo la mitad de la casa sufrió daños. En 2015, el día del viejo año nuevo [el 13 de enero, día de año nuevo según el calendario usado antes de 1917], un tanque ucraniano redujo a escombros el resto de la vivienda. Ahora, después de la muerte de su hijo, se ha quedado sola, sin familia y sin casa.

donetsk-underground-07Galina es amiga de Valentina. Tiene 74 años, 47 de los cuales los pasó trabajando en la mina Trudovskaya. “Me encantaba trabajar”, cuenta. “No me jubilé hasta los 71 años y hasta entonces trabajaba y trabajaba. Me acababa de jubilar y entonces empezó la guerra”.

Galina me enseña su hogar subterráneo. Cuenta que siempre tienen agua corriente. Pero hay problemas con la electricidad. Vivieron sin luz durante dos meses y medio en 2014. Entonces, los ucranianos habían destruido la subestación eléctrica y cuando los equipos de reparación de Donetsk intentaban acercarse, las balas lo impedían.

Vivían a la luz de las velas. Cocinaban con fuego en la calle. Por suerte, era verano. En una ocasión, un proyectil impactó cerca del refugio cuando los residentes se encontraban en la calle. Milagrosamente, nadie murió. Pero quienes han vivido aquí no siempre han tenido tanta suerte. Una de las amigas de Galina fue a su destrozada casa. Parecía que los ataques habían disminuido. La mujer ya había cerrado la valla cuando explotó una bomba. La metralla le alcanzó en el estómago y murió en el acto. Galina llora al hablar de ello. Después se calma y vuelve a hablar de los problemas con la luz.

El cableado del refugio es débil, así que no pueden encender las estufas, aunque las tengan. Apenas funcionan la cocina eléctrica y la televisión. En realidad, el vídeo. Algún ciudadano de Donetsk llevó al refugio una televisión, un vídeo y algunas cintas. Ahora pueden ver películas, lo que les alegra. El viejo cine soviético, censurado en Ucrania, al menos les permite escapar brevemente de la terrible rutina. Y volver a la juventud feliz…

donetsk-underground-09Vladimir tiene 70 años. Ha trabajado toda su vida conduciendo un camión al extranjero. Ha viajado por toda Europa, de un lado a otro, pero jamás imaginó que sería Ucrania quien diera la orden de disparar al pueblo de Donbass.

Vladimir resultó gravemente herido. En 2015, todas sus pertenencias quedaron reducidas a cenizas por dos proyectiles de Grad. La casa quedó destruida, el garaje con el coche, la cocina. Sufrió heridas de metralla en la cara, una de ellas sigue siendo evidente debajo del ojo. Los vecinos le llevaron al hospital, que le envió a Rostov para recibir tratamiento. Vladimir pasó un año y medio en el hospital. Los médicos rusos consiguieron un milagro. El hombre recuperó el habla, la vista y el oído, aunque las posibilidades eran mínimas.

donetsk-underground-10Vera tiene 62 años. Vive en el refugio con su gato. Su casa no se puede reconstruir. Impactos directos de proyectiles ucranianos la destruyeron por completo el 8 de agosto de 2015. Todo lo que tenía, todo lo que había conseguido, quedó completamente destrozado. Solo le quedó el gato.

El dolor que sienten estas personas es inmenso. También sufren un insoportable cansancio. La fatiga de la guerra, que ha perdido todo el sentido. Por la desesperación, la pobreza. Por la incertidumbre sobre qué pasará en el futuro. Por el constante zumbido de las bombas sobre la cabeza. Puede que lo que mejor ilustre el estado mental de los residentes del refugio es esta foto de Valentina. En lugar de mil palabras.

donetsk-underground-11El único deseo de estas personas es la paz. Y el silencio. Pero, aun así, también necesitan un poco de atención y cuidado de aquellos que no son indiferentes a su sufrimiento.

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