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Avakov y la frontera

Artículo Original: Colonel Cassad

fronteraSobre la pregunta de ¿dónde está Avakov? No se ha ido a ninguna parte y sigue siendo ministro del Interior. En su discurso en la reunión del Servicio Estatal de Fronteras, Avakov ha prometido que 2017 será el año en que Ucrania recuperará el control de la frontera entre la RPD/RPL y Rusia.

En cuanto a las perspectivas políticas de Avakov, todo estará determinado por los cambios que probablemente realice en los jugadores que tiene en el campo la nueva administración de la Casa Blanca, ya que entre los altos cargos de la actual junta prevalecen los nombramientos de la administración previa, que esperaba una victoria de Clinton. La prensa ha publicado la posible reorganización, incluso la posibilidad de reemplazar a Poroshenko por una figura más conveniente como Nalyvaichenko, Timoshenko o Klitschko. El destino de Avakov dependerá, en mi opinión, del formato que Washington elija para la transformación de las autoridades títeres ucranianas.

Sobre las promesas de Avakov de recuperar la frontera en 2017, la idea suena a las mágicas palabras de Geletey de “celebrar un desfile militar en Sebastopol”. Como ya hemos comentado en anteriores ocasiones, la entrega de las fronteras entre la RPD y la RPL y Rusia supondría la capitulación de Rusia en Donbass y la pérdida de todo lo que se ha invertido en las Repúblicas Populares, con los problemas que eso supondría posteriormente en relación a Crimea.

Para recuperar la frontera serían necesarios recursos militares de los que Ucrania no dispone, ya que, en su intento por comenzar una operación con el objetivo de causar un golpe definitivo en dirección a la frontera, se encontrarían primero con los ejércitos de la RPD y la RPL y, en una segunda fase, con el viento del norte, que teniendo en cuenta los precedentes anteriores, podría contraatacar contra los grupos del Ejército Ucraniano que avanzaban.

Pese a la retórica amenazante de ambos lados, el hecho es que las Repúblicas Populares no tienen oportunidades serias para realizar una ofensiva estratégica hacia el Dniéper sin la ayuda del viento del norte por su inferioridad numérica frente al Ejército Ucraniano. A su vez, el Ejército Ucraniano tiene el razonable temor de que si se enfrenta a los ejércitos de las Repúblicas Populares volverá a crear el riesgo de ese viento del norte, que produciría pérdidas irreparables de equipamiento y minaría seriamente las posibilidades de Ucrania de continuar la guerra. Así que, como en 2015, pese a las historia de ambos lados de “ofensiva hacia el Dniéper” y “ofensiva hacia la frontera”, las partes siguen limitadas a la lucha por la zona neutral, bombardeos mutuos y escarceos locales al estilo de los del arco de Svetlodarsk, la zona industrial de Avdeevka, las afueras de Gorlovka, o los alrededores de Mariupol al norte de Shirokino, etc.

Si se comparan los recursos en la línea del frente tras la batalla de Debaltsevo con la situación actual, no es difícil ver que no se han producido cambios operativos sustanciales desde entonces. En marzo hará dos años de eso. Comparada con la sangrienta guerra de Siria, la guerra en Donbass es una imagen estática, lo que no quiere decir que la guerra no siga devorando la vida humana y recursos materiales en grandes cantidades, dando a ambas partes una dolorosa impresión que ilustra perfectamente una cita de Los cañones de agosto:

Arrebatando vidas al ritmo de 5.000 y a veces hasta 50.000 al día, absorbiendo munición, energía, dinero, cerebros y hombres entrenados, el frente occidental se comió los recursos de guerra de los aliados y predeterminó el fracaso de los esfuerzos encubiertos como el de los Dardanelos, que de otra forma podría haber acortado la guerra. El impasse que se produjo en los primeros meses determinó el futuro desarrollo de la guerra y, en consecuencia, los términos de la paz -que marcaron el periodo de entreguerras- y las condiciones de la segunda guerra.

Los hombres no podían sostener una guerra de tal magnitud y dolor sin esperanza –la esperanza de que no volvería a ocurrir y la esperanza de que cuando, de alguna manera, se encontrara una resolución, se conseguiría un mundo mejor. Como la reluciente vista de París que mantuvo en pie a los soldados de Kluck, el espejismo de un mundo mejor se atisbó de entre los escombros y los campos deshojados que una vez fueran verdes y poblados. Nada más podría dar cierta dignidad o sentido a las monstruosas ofensivas en las que miles y cientos de miles habían muerto para avanzar diez metros e intercambiar una embarrada trinchera por otra. Cuando cada otoño la gente decía que no podría durar más allá del invierno, y cuando cada primavera el final seguía sin estar a la vista, solo la esperanza de que podría salir algo bueno de la humanidad mantenía a los hombres y a las naciones luchando.

Cuando finalmente acabó, la guerra tuvo diversos resultados y uno de ellos fue más dominante y transcendental que los demás: la desilusión. “Todas las grandes palabras habían perdido valor para esa generación”, escribió D.H. Lawrence en un breve resumen para sus contemporáneos.

En términos diplomáticos, como ya se sabe, la idea de la frontera está ligada al cumplimiento de una serie de puntos del acuerdo de Minsk que aún no se han cumplido. Así que los requisitos para esa entrega no existen todavía. Incluso la reciente intensificación de las conversaciones para el intercambio de prisioneros según el principio de “todos por todos” (que ni siquiera es la cuestión más importante de todas las que se plantean) ha sido ridículamente saboteada. Por no hablar de los demás puntos militares o incluso los políticos. En menos de un mes se cumplirán exactamente dos años de la firma de los acuerdos de Minsk, para los que “no hay alternativa”. Teniendo en cuenta cómo fue la primera reunión de Minsk de 2017, se puede decir que no se espera un gran progreso en este aspecto.

Hay que decir que en estos dos años tampoco se han cumplido los escenarios del “abandono” en el que se entregaría la frontera, se celebrarían elecciones en las que podría participar el Praviy Sektor y Donetsk pasaría a control de Poroshenko ni el escenario contrario, en el que Ucrania se congelaría, experimentaría el tercer Maidan, los batallones voluntarios se dirigirían a Kiev,  Kolomoisky y Yatseniuk se comerían a Poroshenko. En este sentido, solo puedo recordar la predicción del verano de 2014, cuando el acuerdo de Minsk aún estaba lejos. [En aquel momento, junio de 2014, cuando ya habían surgido las dos opciones –la del plan astuto de Putin para acabar con Ucrania y la de la entrega de Donbass a Kiev-, la predicción era que ninguna de esas opciones se cumpliría en un futuro a medio plazo].

Al final, ha quedado claro que las perspectivas radicales sobre que “todo está perfecto” en las Repúblicas Populares o que “todo está mal” no se han cumplido. La situación sigue congelada en una situación intermedia en la que Rusia se encuentra entre el escenario de una guerra abierta con Estados Unidos y la OTAN o rendirse ante Ucrania, lo que acabaría con la guerra en Donbass. Ninguno de los dos escenarios tiene una salida clara.

La guerra en Siria, en la que Rusia es participante activa, ha permitido aumentar el margen de maniobra en las relaciones con Estados Unidos, pero no ha permitido ningún cambio en la situación en Donbass. Las negociaciones en los formatos de Minsk y de Normandía no han dado resultados, en parte porque no incluyen a Estados Unidos, principal oponente de Rusia en Ucrania.

En términos militares, el apoyo de Occidente a Ucrania y el de Rusia a las Repúblicas Populares ha dado lugar a una configuración del frente directamente relacionada con los factores militares y de apoyo extranjero. Ucrania esperaba que la guerra y el bloqueo provocaran un colapso socioeconómico en la RPD y la RPL que no se ha producido gracias al apoyo de Rusia. De la misma forma, gracias al apoyo de Occidente, tampoco se han cumplido las esperanzas de colapso socioeconómico de Ucrania. Sin embargo, la situación socioeconómica tanto en Ucrania como en las Repúblicas Populares se ha deteriorado de forma significativa en los últimos tres años. Las perspectivas sociales, degradadas por las perspectivas económicas dependientes del apoyo extranjero, son escasas.

Los cambios en la dirección ucraniana son posibles después de un proceso de negociación entre Estados Unidos y Rusia que incluya una gran cantidad de temas conflictivos. Ucrania es uno de ellos. La esperanza se debe a la confusión que se ha creado en la Unión Europea y los cambios de actitud de la nueva administración de la Casa Blanca, que se ha mostrado dispuesta a negociar.

Sin embargo, es poco probable que Rusia acepte realizar concesiones unilaterales sin conseguir cierta claridad en la reestructuración del actual régimen político en Ucrania, además de conseguir la descentralización del país, garantías de un estatus de neutralidad, derechos para la población de habla rusa, reconocimiento del estatus de Crimea. Esto llevaría  la implementación de un escenario similar al de Transnistria, que aunque técnicamente sigue siendo parte de Moldavia, hace tiempo que funciona como un Estado independiente y que a la vez da a Rusia una forma de influencia en Moldavia y garantiza que no pasará a ser miembro de la OTAN. También es improbable que Estados Unidos haga concesiones voluntarias en la línea del optimista “Estados Unidos va a abandonar Ucrania”. El destino de Ucrania, como cualquier otro Estado fallido, lo decidirán actores externos y la mejor opción sería el resultado de un compromiso según unos factores que aún no han quedado definidos.

De no llegarse a un acuerdo estratégico, la situación se mantendrá en la situación actual durante los próximos meses, quizá con cierta reducción en la intensidad de la batalla, pero persistirán las posibilidades de que se produzcan escarceos locales a nivel táctico. Por supuesto, la guerra no parará completamente, como ya han dejado claro las partes en conflicto. En este contexto, la RPD y la RPL continuarán evolucionando como estados no reconocidos a la espera de cambios militares o en la política exterior que lleven a su reconocimiento por parte de la Federación Rusa.

En caso de que las relaciones entre Rusia y Estados Unidos se deterioren, es previsible ver una federación o confederación de las Repúblicas y una postura que insista con más vigor en la independencia y, en consecuencia, una mayor separación de Ucrania. La posibilidad de entregar [unilateralmente] la frontera en 2017 es aún menos probable que en 2016.

En resumen, el futuro de Donbass en 2017 es incierto y no todo depende de la RPD y la RPL. Lo mismo se puede decir de Ucrania.

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