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Avakov, Georgia, Odessa, Poroshenko, Saakashvili, Ucrania

El ocaso del proyecto georgiano

Artículo Original: Lenta.ru

El 9 de noviembre, el presidente de Ucrania, Petro Poroshenko, tras un breve periodo de duda, firmó el decreto que aceptaba la dimisión de Mijail Saakashvili del puesto de gobernador de la administración regional de Odessa. La polémica partida de Saakashvili ha supuesto un giro radical en el proyecto de introducción de tropas georgianas en el Gobierno ucranianos iniciado en 2014. Lenta.ru recuerda a los principales representantes del grupo georgiano que intentó hacer carrera en Kiev y analiza por qué la amistad entre Ucrania y Georgia ha fracasado miserablemente.

Poroshenko y Saakashvili al inicio del proyecto georgiano

Poroshenko y Saakashvili al inicio del proyecto georgiano

Cómo comenzó todo

La expansión de Georgia en Kiev comenzó activamente a finales de 2014, tras las elecciones legislativas y la formación del Gobierno de Arseniy Yatseniuk. Esta guardia pretoriana recibió más que suficiente poder: el georgiano Alexander Kvitashvili recibió un ministerio. Es cierto que el puesto de ministro de Sanidad en un país con tantos problemas como Ucrania no es el más envidiable, pero aun así. Los georgianos que cayeron del cielo en Ucrania estaban, en mayor o menor medida, ligados a Saakashvili. El expresidente de Georgia inició su actividad en Ucrania como asesor y director del Consejo Asesor Internacional de Reformas, creado por Poroshenko específicamente para él.

En diciembre de 2014, Eka Zguladze fue nombrada viceministra del Interior. “En el Ministerio del Interior habrá más competencia, voluntad de reformas y sonrisas”, comentó el ministro del Interior Arsen Avakov al informar de la decisión. En algunos departamentos, la cantidad de tropas de la república caucásica era tal que la bandera de Georgia ondeaba junto a la de Ucrania. A principios de 2015, el decano de la facultad de Derecho de la Universidad Estatal Ilia en Tiblisi, Gia Getsadaze, fue nombrado viceministro de Justicia de Ucrania. Su nombramiento fue anunciado por el propio Saakashvili, que describió exhaustivamente la calidad profesional: “es mi amigo”. Pero el amigo no fue solo al ministerio. Se unieron al Ministerio de Justicia Khatia Shelia, Jambul Ebanoidze y Georgi Tsiklauri. Y eso es solo es escalón más alto, los georgianos en puestos de más alto nivel que se presentaron al público. Getsadze no escondió sus planes de “hacer más georgiano” el ministerio y se quejó de la categórica resistencia a los cambios por parte de los oficiales de medio y bajo rango de pasaporte ucraniano. “El principal reto para Ucrania en los próximos meses será eliminar del juego a los burócratas ineficientes y sustituirlos con personas ágiles y orientadas a los resultados”, explicó en una comparecencia en enero de 2015.

En mayo de 2015, se produjo el primer, aunque modesto, escándalo con acento georgiano. Ebanoidze prometió un departamento de registro en el Ministerio de Justicia, pero finalmente decidió acabar con esa unidad y ofrecer el puesto sin autoridad para hacerlo. Mientras tanto, Saakashvili y sus asociados se preparaban para implementar el plan. El verano y otoño del año pasado supusieron el momento de mayor actividad del equipo georgiano en la Ucrania post-Maidan. Saakashvili se las arregló para introducir en el país a figuras francamente oscuras como Zurab Adeishvili, que en su país es sospechoso de malversación, organización de tortura y uso de la misma. En una ocasión fue introducido en las listas de personas buscadas a nivel internacional. Qué hacía en Ucrania es algo que nadie entendió realmente. Pero Saakashvili, utilizando el cheque en blanco que había recibido de Kiev, lo acogió como a otros oficiales ucranianos que le veían como primer ministro del país en un futuro próximo. Aunque Saakashvili lo negaba en público.

En la Fiscalía General de Ucrania, ganaba poder y pasaba a encargarse de casos del más alto perfil el subdirector de la Autoridad Supervisora David Sakvarelidze, para el que, en un caso sin precedentes, se le concedió autorización para compaginar ese puesto con el de Fiscal de la región de Odessa. Los georgianos planearon formar su propio partido para participar en las próximas elecciones.

El juguete favorito de las autoridades ucranianas se creó a base de la destrucción de la policía y sustitución por la Policía Nacional, liderada por Jatia Dekanoidze, antes ministra de Educación en Georgia. Puede que su nombramiento comenzara a poner a la hasta entonces leal opinión pública ucraniana en contra de los georgianos. La prensa, las redes sociales y la televisión comenzaron a difundir irónicos comentarios sobre cómo “los georgianos comienzan a esconderse para que no les den algún cargo en Ucrania”.

Enfrentamiento de Saakashvili y Avakov.

El punto de inflexión

Es difícil encontrar el momento concreto en el que todo empezó a ir mal para el equipo de Saakashvili. Sin embargo, se puede asumir que el punto de inflexión se produjo en diciembre del año pasado, cuando el ministro del Interior Arsen Avakov se enfrentó a Saakashvili en una reunión del Consejo Nacional para las Reformas de Ucrania, en la que participaba también el presidente Poroshenko.

El conflicto se apagó rápidamente, pero los políticos ucranianos, incluido Poroshenko, probablemente comprendieron lo imprevisibles y volátiles que eran el entonces gobernador de la región de Odessa y sus “amigos”. En marzo de 2016, la guerra de la Fiscalía por la destrucción completa dio lugar al cese de David Sakvarelidze de todos sus puestos. Cesó al legionario georgiano el entonces Fiscal General, Viktor Shokin, apenas horas antes de que él mismo fuera cesado, por lo que muchos esperaban que Sakvarelidze volviera rápidamente a sus antiguos puestos e incluso que su influencia aumentara. Sin embargo, pese a la presión del bando de Saakashvili, nada de eso sucedió, lo que se podría interpretar como una decisión de eliminar a los “invitados” georgianos.

En abril de 2016, con el cambio de Gobierno, Alexander Kvitashvili perdió su puesto de ministro de Sanidad. Hacía tiempo que su silla peligraba. Pero el Parlamento había fracasado repetidamente en sus intentos de cesarlo. Kvitashvili había mostrado completa intolerancia con sus colegas. Concretamente, trató de demandar a su supervisor, es decir, el primer ministro.

En mayo, Eka Zaguladze cesó en su puesto de viceministra del Interior. Avakov explicó su dimisión por “motivos familiares” e insistió en que Eka seguía formando parte del equipo de reformistas como jefa del grupo de asesores. Pero desde entonces, en Ucrania no se ha sabido nada de Zguladze. Poco después, admitió que el grupo de asesores, del que seguía siendo miembro, era inútil.

Después de la dimisión de Saakashvili dimitieron también el jefe de la policía regional de Odessa, Giorgi Lortkipanidze, Dekanoidze y Getsadze. Sin embargo, la prensa aún espera saber si las dimisiones fueron voluntarias o bajo presión.

El ahora ex jefe de policía de Odessa, Giorgi Lortkipanidze comparece ante los medios en el campo de Kulikovo para explicar el despliegue policial para el 2 de mayo de 2016.

El ahora ex jefe de policía de Odessa, Giorgi Lortkipanidze comparece ante los medios en el campo de Kulikovo para explicar el despliegue policial para el 2 de mayo de 2016.

Perspectivas

Poroshenko y Saakashvili separaron sus caminos de forma poco amistosa, lo que podría suponer un riesgo más para el ya frágil sistema político ucraniano. Es indicativo que no se produjera siquiera una despedida pacífica ante las cámaras como se hiciera cuando Igor Kolomoisky abandonó el puesto de gobernador de Odessa, cuando las dos partes consideraron necesario sacar algo bueno de un mal juego. A eso se suma el seco comentario del secretario de prensa de Poroshenko, Svyatoslav Tsigalko, que citó a su jefe: “después de la derrota en las elecciones georgianas, algunos han decidido entrar en la política ucraniana”, que a pesar de todo es menos ofensivo que el insultante “ba, ba, ba” que le dedicó Avakov.

De hecho, esto explica que Saakashvili no se conformara y abandonara el puesto de gobernador. Como se esperaba, el 11 de noviembre, Saakashvili anunció su intención de formar una nueva formación política para sustituir a la “actual autoproclamada élite política, que en realidad son traficantes de drogas y parásitos sociales que controlan todas las ramas del poder en Ucrania”. Entre otras grandilocuentes propuestas, exige a Poroshenko convocar nuevas elecciones, promete meter en la cárcel a Kolomoisky y arrebatarle el PrivatBank: “no, Suiza no le salvará, marquen mis palabras”. Saakashvili afirmó específicamente que no aceptaría en su equipo a antiguos políticos ucranianos, oficiales o grandes empresarios, pero habría trabajo, incluso en el Gobierno, para las tropas georgianas.

Semyon Uralov, politólogo y especialista en integración en los países de la antigua Unión Soviética, en declaraciones para Lenta.ru explicó que es demasiado pronto para hablar del final del “proyecto georgiano”. En realidad se trata de su reformulación. “La actual élite ucraniana no pretende compartir la tarta con nadie y cualquier merodeador reduce su poder total. Así que Saakashvili rápidamente se encontró con problemas con la élite de Kiev. Podemos decir que los artistas invitados de Georgia han sufrido porque no estaban dispuestos a luchar contra la voluntad de los maestros externos. Ahora, con el cambio de administración en Washington, podemos esperar un cambio de estrategia en Ucrania”.

Ese es el motivo para que Saakashvili y sus “actores secundarios” estén aislados. “Creo que en estos dos años ha acumulado suficientes recursos para lanzar un proyecto político independiente. Su gente está completamente integrada en las élites políticas y, lo que es más importante, en la estructura de poder. Ahora todo depende de cómo Saakashvili vaya a buscar una política independiente y de si va a ser capaz de conseguir los suficientes recursos. Entre tanta frustración con la élite que ahora gobierna en Kiev, es posible que pueda atraer a partidarios de la integración europea y anti-rusos. Eso es suficiente para conseguir representación en el Parlamento. Es demasiado pronto para dar por acabado el juego de Saakashvili”, explicó Uralov.

La abogada y activista Tetiana Montian [que fuera la abogada de Ruslan Kotsaba] tiene una postura diferente. “No salió nada porque Kakha Bendukidze, que en Georgia era el motor de las reformas, murió. Saakashvili solo se apropió de ellas, pero él no es más que teatro. Además, Bendukidze tenía voluntad y el deseo para hacer reformas, aunque no sé cuáles eran sus motivos porque no le conocía personalmente. Pero este equipo georgiano que estaba en Ucrania no tiene ni el deseo ni la capacidad para reformar nada. Pero eso también es aplicable a los políticos locales. Recuerdo las palabras de Bendukidze antes de su muerte: “las autoridades de Ucrania son criaturas alocadas que van a destruir el país”. Es lo que estamos viendo”, concluyó.

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