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Bandera, Historia, Lviv, Nacionalismo, OUN, UPA, Volinia

¿Hizo algo malo Roman Shujevych?

Artículo Original: Denis Seleznev / Vzglyad

El viernes, 17 de junio, varias docenas de personas se manifestaron frente a la embajada de Polonia en Kiev para protestar contra la idea de reconocer como genocidio la masacre de polacos llevada a cabo por el Ejército Insurgente Ucraniano (UPA por sus siglas en ucraniano) en 1943. Tradicionalmente, los nacionalistas han optado siempre por culpar de todo al Gobierno soviético. Pero en 1943, la región estaba gobernada por Alemania, por lo que en este caso es imposible. Así que sigamos.

Prácticamente cada verano, en los círculos políticos de Polonia se plantean nuevas formas para honrar la memoria de los polacos que fueron víctimas de la masacre de Volinia en 1943. Este año no ha sido excepción. El Parlamento polaco registró una propuesta según la cual proponía establecer una fecha para recordar a las víctimas del genocidio organizado por OUN-UPA en las zonas del este del Estado Polaco.

Obviamente, si algo así fuera planteado por los diputados rusos, los políticos ucranianos responderían con sus habituales modales, a base de risas y palabras malsonantes. Sin embargo, los polacos son ahora los hermanos mayores en la integración europea y no se les puede amenazar. Por otra parte, además de UPA, Ucrania ha hecho todo lo posible a lo largo de la historia para hacerse “popular”, así que un último intento “por todos nosotros”, probablemente no sea deseable para Polonia.

Para cargar con la culpa se envió a alguien que no tiene nada de que arrepentirse: la viceprimera ministra para la Integración Europea Ivanna Klympush-Tsintsadze, que ha fraguado toda su carrera como funcionaria a base de dinero estadounidense e infinitamente lejos del drama entre Ucrania y Polonia de hace setenta años.

Pareció no importarle mucho qué les pasó a los residentes de Volinia en aquellos días, cuando Estados Unidos todavía no repartía dinero en Ucrania. Y su respuesta a los polacos fue simple y poco convincente. Por ejemplo, creemos una comisión conjunta para comprender los hechos y si por un casual encontramos que el comandante de UPA Roman Shujevych “hizo algo malo”, Ucrania, por supuesto, pedirá perdón.

¡En serio! ¿Cómo pudo hacer algo malo un hombre que en la década de 1930 estuvo involucrado en asesinatos políticos y que en la década de 1940 sirvió en un batallón alemán (algo que la historiografía ucraniana prefiere ignorar)? ¡Impensable! Sin embargo, la funcionaria admitió que, si esos actos existen, seguramente se trata de alguien que se hizo pasar por UPA. Ahí está el sinsentido del discurso de los más altos representantes de Ucrania.

En realidad, los estadounidenses no exigen demasiado de sus protegidos. En el fondo, es posible que ni siquiera sepa lo que tiene que decir ahora. Dudo que la viceprimera ministra de Ucrania vaya a leer el diario Vzglyad, pero creo que aun así es útil tratar brevemente el tema de la masacre de Volinia. Al menos así se podrá evitar hacer el ridículo ante los políticos polacos.

En primer lugar, ¿qué es la masacre de Volinia?

En la primavera y el verano de 1943, los agricultores de Volinia, bajo el liderazgo de las élites de Galicia, asesinaron, a base de balas, hachas y otros métodos improvisados, a decenas de miles de polacos que vivían en los pueblos y ciudades de la región. Como con cualquier tragedia de este tipo, las razones y motivaciones se acumulan como una bola de nieve. Pero hay dos principales.

La cúpula política de OUN, en su mayoría de Galicia, comprendió rápidamente en 1943 que Alemania podía perder la guerra y se preparó para una nueva división de Europa. Aparecía así la posibilidad de recrear la Polonia destruida por los alemanes. Para que no pudieran reclamar esa zona por la presencia de población polaca allí, decidieron simplemente deshacerse de ella. Les dieron ultimátum de 48 horas para abandonar la región. Y entonces comenzó la masacre. Una simple forma de Galicia para solucionar las disputas territoriales.

La segunda causa se debe a los problemas de los campesinos de Volinia, que debido a la naturaleza de la región carecían de suficiente tierra. Además, las décadas anteriores habían sido de extrema pobreza, situación que la guerra había intensificado. Deshacerse de los vecinos polacos les había dado la oportunidad de hacerse con la tierra y, en segundo lugar, quedarse con los beneficios de las propiedades robadas a las familias polacas asesinadas.

Durante la época de entreguerras, la población polaca había disfrutado de privilegios, mientras que la población ucraniana había sufrido opresión económica y cultural. Eso agravó aún más la situación. Además, a principios de 1943, los alemanes preferían para los puestos de policía de esta región a residentes polacos y no ucranianos, lo que no favoreció a la convivencia entre grupos étnicos.

En aquel momento, miles de campesinos de Volinia, armados con hachas y otras armas, lideraron pequeños destacamentos de UPA y participaron activamente en las masacres. La analogía más cercana a estos hechos podrían serlas masacres de hutus y tutsis en Ruanda en 1995.

Por cierto, también se puede encontrar una analogía más moderna de la región Volinia-Galicia. En 2014, durante el Maidan ucraniano, las masas de campesinos, muchos de ellos de Volinia, incitaron pogromos y asesinatos de agentes de la ley. Más adelante fueron utilizados como carne de cañón en la guerra en el este. Ahora, con la explotación ilegal del ámbar, en la que se utiliza también trabajo infantil, vuelve a causar enfrentamientos armados y Volinia regresa al mismo estado en el que se encontraba hace setenta años.

Puede que por eso se haya hecho popular en Ucrania la publicación del periodista, antes de Moscú y ahora de Lviv, Ivan Yakovin, elocuentemente titulada “Del genocidio a la prosperidad. Cómo Ruanda se convirtió en el Singapur de África”.

Pero sigamos y no nos olvidemos del mencionado Roman Shujevych. La viceprimera ministra de Ucrania, a causa de una casi completa incompetencia en materia de historia, probablemente cree que en UPA no había nadie más que Roman Shujievych.

Sin embargo, en el momento de la masacre de Volinia, Shujevych no tenía gran relevancia en UPA y era en realidad una figura política de OUN. Hasta principios de 1944, a la cabeza de UPA estaba Dmitry Kleczkowski, a quien en Polonia se considera el principal organizador de la masacre. No hay nada especialmente interesante sobre este hombre. Naturalmente, también formaba parte de la élite de Galicia.

Veteranos de UPA

Veteranos de UPA con un retrato de Stepan Bandera

En 1940, Stepan Bandera decidió que era urgente organizar una insurrección contra la Unión Soviética en Galicia. La decisión era absurda: la insurrección fracasó y los conspiradores fueron rápidamente capturados. Kleczkowski fue uno de ellos. A principios de 1941, un tribunal de Lviv le condenó a muerte. Pero Kleczkowski recurrió la sentencia y el Tribunal Supremo de la Unión Soviética redujo la condena a diez años de cárcel.

En el proceso contra Kleczkowski se juzgaba también a 58 personas, todas ellas de Lviv, que recibieron condenas severas que, en la mayoría de los casos, fueron reducidas tras los correspondientes recursos. Kleczkowski fue encarcelado para ser liberado solo meses después por las tropas alemanas.

Y aquí, por cierto, se produce una clara disonancia con las historias ucranianas de ejecuciones masivas e indiscriminadas de prisioneros a cargo del NKVD antes de la retirada. De alguna manera, tanto este personaje como otros muchos como él, no fueron ejecutados en el proceso. Kleczkowski murió en 1945 por una bala de un sargento soviético. Es decir, caído en combate. Quizá sea algo en que pensar para la viceprimera ministra.

Ucrania intenta argumentar que alguien se hizo pasar por Shujevych y UPA durante las masacres de polacos para dejar en mal lugar a los buenos campesinos de Volinia, dificultando así la futura integración europea de Ucrania. Tradicionalmente, la culpa recae sobre los moskali. Sí, de hecho Sydir Kovpak [líder partisano soviético cuyos grupos actuaban en los territorios ucranianos] actuaba en esa zona y en sus informes denunció las masacres que se habían producido en las localidades polacas.

Y existe la tentación de decir que se hizo pasar por Shujevych (en realidad, por Kleczkowski), se quitó la gorra con la estrella roja y se cambió a la gorra de UPA. Sin embargo, la viceprimera ministra se va a llevar una decepción, ya que en 1998, el Gobierno ucraniano creó una comisión de historiadores para investigar las actividades de OUN-UPA. La comisión, formada por líderes pro-nacionalistas del Instituto de Histórica de Ucrania y otros como los ya medio olvidados Kulchinsky o Shapoval, trabajó durante seis años.

El documento final presentado por la comisión contiene numerosos elogios a los rebeldes ucranianos, pero en lo que respecta a la masacre de Volinia, se vio obligada a admitir que ni alemanes ni soviéticos tuvieron nada que ver con la masacre, de la que solo fueron testigos.

Además, para intentar tapar las atrocidades de los campesinos de Volinia y para evitar que resurgiera el odio mutuo, la historiografía polaca y soviética siempre intenaron ocultar lo ocurrido. Solo cuando, durante Euromaidan reapareció el odio étnico, la masacre de Volinia volvió a estar de actualidad. Así que la idea de una tapadera no puede ser utilizada aquí, ya que la propia comisión ucraniana lo hizo imposible.

Finalmente, también hay que decir que, si todo lo referido al pasado lejano se mantiene oficialmente en la sombra, también hay que observar las tendencias más recientes.

Hace mucho tiempo que ya se implementó la comisión independiente ucraniano-polaca que ahora se propone. En 2003, la comisión trabajó al más alto nivel. Lideraba la representación ucraniana el entonces jefe de la administración presidencial, Viktor Medvedchuk, y por parte de Polonia, el jefe del Consejo de Seguridad Nacional, Siwiec. La comisión concluyó con acuerdo. Porque, al fin y al cabo, en esta historia los polacos no eran víctimas inocentes. Solo les sucedió en Volinia lo mismo que a los ucranianos les ocurrió en la cercana región de Jolm [donde la población nacionalista ucraniana, en minoría, sufrió un proceso de imposición de la cultura polaca]. En vistas de todo eso, en 2003 se inventó la fórmula “perdonar y pedir perdón” que se ha utilizado en memoriales y homenajes conjuntos y que también se ha reflejado en las decisiones de los parlamentos de Ucrania y de Polonia.

Así que es más que probable que la idea de la viceprimera ministra no ayude en absoluto. Los polacos, muy similares a los ucranianos, no son contrarios a utilizar políticamente las tragedias del pasado. Así, por ejemplo, Ucrania utiliza el asunto de la deportación de los tártaros de Crimea para organizar un espectáculo. Pero también sabe que Polonia no ha olvidado que le pertenecían las tierras de Volinia y Galicia, por lo que para el Gobierno que representa Klympush-Tsintsadze, buscar más problemas para Ucrania seguramente no es lo más adecuado. En ese caso sería muy útil la memoria de esas tierras habitadas por población polaca, masacrada por UPA. No es nada personal, solo es política.

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Comentarios

2 comentarios en “¿Hizo algo malo Roman Shujevych?

  1. Muy agradecido por la sorna que acompaña a esta potente divulgación histórica, cuya ocasión la dan el afán conmemorativo de polacos y la torpe viceministra ucraniana. Hay episodios de la historia donde a la tragedia se une el disparate y, ahora además, la obstinación de no revisar tu panteón de superhombres. Mientras el nacionalismo ucraniano se base en lo anti-ruso, sin liberarse del lastre fascista, estará en un callejón sin salida, sin legitimidad.

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    Publicado por Gotzon | 21/06/2016, 16:10

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