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Corrupción, Economía, Estados Unidos, Poroshenko, Rusia, Ucrania, Yatseniuk

Yatseniuk sobrevive. De momento.

Artículo Original: Alexader Mercouris / Russia Insider

Cbt-HMhWIAAxNisLo ocurrido en los últimos días ha supuesto otra dura imagen sobre la realidad que subyace detrás de la fachada democrática de la política ucraniana. El pasado martes, el Gobierno de Arseniy Yatseniuk se enfrentó a una moción de no-confianza. En un Estado verdaderamente democrático, habría salido derrotado.

Yatseniuk es una figura completamente desacreditada y profundamente impopular. Las encuestas de opinión muestran que el apoyo a Yatseniuk se sitúa entre el 1-3%.

Todos los partidos con representación parlamentaria, salvo el suyo, se han mostrado partidarios de su cese. Poroshenko, el presidente del país, también quiere deshacerse de él. El martes exigió su dimisión.

Las potencias occidentales, por su parte, se han quejado públicamente del fracaso del Gobierno de Yatseniuk en materia de erradicación de la corrupción y la introducción de reformas, mientras que el FMI advierte que podría interrumpir el programa de apoyo a Ucrania a causa de esa ausencia de reformas.

Mientras tanto, el ministro de Economía de Yatseniuk, el lituano Aivaras Abromavicius, dimitió alegando que la ineficiencia del Gobierno de Yatseniuk y Mijail Saakashvili, expresidente de Georgia y ahora gobernador de la región de Odessa -que no deja de criticar al Gobierno-, ha llegado a enfrentarse públicamente con el ministro del Interior Arsen Avakov.

Y circulan rumores de que el propio Yatseniuk es culpable de cargos de corrupción. Se dice  –aparentemente desde una embajada occidental- que Yatseniuk viene robando dinero a razón de $200 millones al mes. Esta historia no es creíble: ¿puede quedar en Ucrania tanto dinero que robar? Pero el mero hecho de que la historia exista demuestra el nivel de descrédito de Yatseniuk.

El ínfimo nivel de apoyo del que goza Yatseniuk en el parlamento se demostró el martes, cuando tan solo dos de los 423 diputados votaron contra la moción de no-confianza, es decir, a favor del Gobierno.

¿Cómo ha podido pasar algo así?

La respuesta es que Estados Unidos –de quien Yatseniuk es un protegido- acudió al rescate. En los últimos días, junto a otras potencias occidentales, se había manifestado en favor de la permanencia de Yatseniuk.

El resultado fue que, a pesar de que Poroshenko había exigido la renuncia de Yatseniuk, solo 94 de los 163 diputados de su propio grupo votaron a favor de la moción de no-confianza. Mientras tanto, el llamado Bloque Opositor –básicamente el antiguo Partido de las Regiones del expresidente Yanukovich con un nuevo nombre- obedeció las órdenes del oligarca Rinat Ajmetov, su principal patrocinador, y en lugar de apoyar la moción, se retiró de la sesión antes de la votación, dejando solo a ocho de los 43 diputados para votar a favor del cese de Yatseniuk.

El resultado es que el odiado Gobierno del primer ministro logró mantenerse en su puesto pese a haber perdido el apoyo del presidente, del parlamento y del país.

El razonamiento para mantener a Yatseniuk es que Ucrania necesita “estabilidad” para implementar las “reformas” y que la caída del Gobierno –que previsiblemente llevaría a nuevas elecciones- arriesgaría esa “estabilidad”  y, en consecuencia, las “reformas”.

No está claro cómo prolongar la vida de un Gobierno sin apoyos va a crear estabilidad. Tampoco se dice cómo ese Gobierno va a ser capaz de aplicar reformas cuando ha perdido el apoyo del parlamento, el presidente y el país.

Para quienes tengan memoria, todo esto da una fuerte sensación de déjà vu. En los años 90, Estados Unidos trató de controlar de cerca la política rusa de la misma manera, maniobrando constantemente para mantener al Gobierno liberal pro-occidental en el poder –supuestamente para que pudiera aplicar reformas. Para ello se apoyó en oligarcas como Berezovsky o Guzinsky.

Hoy en día, en Ucrania –como en Rusia en la década de los 90- el FMI se presta a todo lo que Estados Unidos proponga, prestando dinero supuestamente para apoyar “reformas”, en realidad para mantener en el poder al Gobierno apoyado por Estados Unidos.

En el caso ruso, todo aquello llevó a que los políticos liberales fueran tan odiados que quedaron desacreditados cuando, en 1998, con el colapso final del régimen, esos políticos quedaron completamente marginados. Así han permanecido desde entonces.

El tiempo dirá qué pasará en Ucrania.

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