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Alto el fuego, Armas, Bereza, Bombardeos, Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, Estados Unidos, LPR, Semenchenko

Armas estadounidenses para el Ejército Ucraniano

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Poroshenko, armado, en una de las entregas de Humvees estadounidenses para el Ejército Ucraniano a principios de 2015.

A mediados  de noviembre, la prensa ucraniana celebraba la aprobación del nuevo presupuesto militar estadounidense, que no solo incluía 600 millones de dólares para los rebeldes sirios, también otros 300 millones para equipamiento y entrenamiento del Ejército Ucraniano. Meses después de insistentes exigencias ucranianas, que hasta ahora se habían encontrado con las reticencias del presidente de Estados Unidos, la legislación aprobada en el Congreso, ya firmada por Barack Obama, destina 50 millones de dólares para ayuda militar letal para las fuerzas ucranianas. Hasta ahora, el discurso de Petro Poroshenko ante el Congreso de Estados Unidos, las giras propagandísticas de Andriy Parubiy o la visita de un grupo de diputados ucranianos a Estados Unidos tan solo habían logrado el inicio de un programa de entrenamiento del Ejército Ucraniano y, sobre todo, el mantenimiento de las sanciones contra Rusia.

Pese a las reticencias del presidente a dar el paso de entregar armas letales a Ucrania, posiblemente por el temor a una respuesta similar por parte de Rusia o quizá para evitar que armas estadounidenses acabaran en manos rusas, varios altos cargos del Gobierno, incluyendo al Secretario de Defensa Ashton Carter, y el propio Congreso habían exigido ya armar al Ejército Ucraniano. En una resolución aprobada en mayo, el Congreso apelaba a apoyar a Ucrania con ayuda económica y militar para defenderse de una agresión rusa que consideraban probada y que era solo “la más reciente y más visible manifestación de una estrategia revisionista del Kremlin para redibujar las fronteras internacionales e imponer su voluntad a sus vecinos, incluyendo aliados de la OTAN”.

Meses después, los acuerdos de Minsk siguen siendo incumplidos. En lo económico, Kiev prevé reunirse esta misma semana para decidir si implanta un bloqueo comercial completo tanto a Crimea como a los territorios controlados por la RPD y la RPL, a pesar de que el acuerdo firmado en febrero exigía el levantamiento del bloqueo económico, bancario y de transporte implantado en diciembre de 2014. La negociación política hacia una solución negociada continúa estancada. Mientras, todos los avances derivados de la intervención europea en favor del alto el fuego y la retirada de armamento parecen desvanecerse.

La firma por el presidente estadounidense de una legislación que prevé la entrega de 50 millones de dólares en armamento letal para Ucrania –sistemas antitanque, morteros, lanzagranadas, armas ligeras y munición, además de armas como radares y otras armas defensivas– coincide con el aumento de la intensidad de la batalla en Donbass, los rumores sobre el aumento del número de tropas ucranianas en el frente y la posibilidad de un ataque ucraniano contra Donbass. A esto se suma la nueva visita del vicepresidente Biden, una nueva confirmación del apoyo incondicional de Estados Unidos a pesar de las evidentes infracciones ucranianas al alto el fuego y a los acuerdos de paz. Esta misma semana, Ucrania ha presentado como grandes victorias la captura de varias pequeñas localidades en la llamada zona gris, zona neutral que debería haberse desmilitarizado meses atrás.

La política de Estados Unidos introduce un nuevo factor de riesgo el oriente europeo. Ni la ausencia de evidencias de la agresión rusa, ni la decidida apuesta de Rusia por el proceso de Minsk, ni la reducción de la intensidad de la batalla en los meses posteriores a la intervención de Angela Merkel y François Hollande en defensa de ese proceso, han hecho cambiar de opinión a quienes presionaban para entregar armas letales a Ucrania.

A pesar de las declaraciones de apoyo a Ucrania y a toda medida económica anti-rusa, el compromiso estadounidense con el Gobierno ucraniano, y especialmente con su ejército, no es ilimitado. La legislación aprobada permite la entrega de armamento letal a Ucrania, aunque no lo exige, por lo que nada indica que esas entregas vayan a realizarse en un futuro próximo. Las anteriores entregas de armamento y material estadounidense tampoco presagian una gran mejora del equipamiento del Ejército ucraniano que, a pesar de su retórica victimista ya dispone de un equipamiento superior en número y en calidad al que disponen las milicias de la RPD y la RPL.

Un artículo publicado en el Washington Post, que deja en evidencia la calidad del material estadounidense, afirma que el apoyo militar entregado por Estados Unidos hasta ahora, por valor de 260 millones de dólares es “poco más que basura”. Es difícil pensar que los Humvees de segunda mano de los años 80 y 90 del siglo pasado puedan mejorar en exceso las capacidades del Ejército ucraniano.

Este tipo de entregas da a entender que el apoyo militar estadounidense a Ucrania ha estado más relacionado con la guerra informativa que con una verdadera intención de aumentar la eficiencia del Ejército Ucraniano. El presidente de la Fundación Potomac, Philip Karber, calificaba de hecho las anteriores entregas como una “deshonra nacional”. A principios de este año, Karber acompañó a los diputados ucranianos, Semenchenko y Bereza entre ellos, en su gira en busca de financiación y armamento para el Ejército ucraniano y los batallones voluntarios. Fue entonces cuando Bereza entregó a los congresistas estadounidenses pruebas de la supuesta agresión rusa, algunas de las cuales resultaron ser imágenes de tanques rusos en la guerra de Osetia del Sur en el año 2008.

En estos meses, algunos de los Humvees de color marrón donados por Estados Unidos, han llegado a utilizarse en Odessa para las habituales detenciones de presos políticos o activistas acusados de separatismo. Pero, ante todo, esas entregas se han utilizado hasta el momento como operaciones de propaganda del Gobierno ucraniano. Armado y ataviado con su uniforme militar, el presidente Poroshenko pronunció un patriótico y belicista discurso frente al avión militar estadounidense que procedía a hacer efectiva una de esas entregas. Al margen de si las entregas militares o la presencia de instructores estadounidenses para entrenar al Ejército ucraniano y los batallones voluntarios infringe la letra y el espíritu del acuerdo de Minsk, que prevé la retirada de tropas y mercenarios extranjeros, el proceso en curso deja claro que la retórica belicista ucraniana se corresponde con sus actos.

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