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Bombardeos, Debaltsevo, Donbass, Donetsk, DPR, Ejército Ucraniano, Logvinovo, Prisioneros de guerra

Madres de soldados ucranianos buscan a sus hijos en Donetsk

Artículo Original: Denis Grigoryuk

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Peticiones al SBU, piquetes a las puertas del Parlamento, organizaciones de voluntarios encargados de los intercambios de prisioneros: nada ha ayudado. Así que tres madres han decidido viajar a Donetsk para intentar liberar a sus hijos, prisioneros de guerra.

Hace unos días, tres valientes mujeres decidieron venir al Donetsk bajo el bloqueo para intentar negociar con las autoridades de la República Popular de Donetsk la puesta en libertad de sus hijos. Los tres jóvenes fueron reclutados para el 40º Batallón Territorial Kryvbas de la región de Dnepropetrovsk. Fueron capturados en la localidad de Logvinovo durante la retirada de las tropas ucranianas de Debaltsevo. Según las madres, sus hijos fueron capturados por los cosacos y después entregados a las fuerzas armadas de la República Popular de Donetsk. Desde entonces se encuentran en Donetsk.

Las mujeres declararon ante los periodistas que sus hijos habían sido reclutados a la fuerza. Una de las madres explicó el proceso de movilización en Ucrania: “Mi hijo trabajaba en la mina Rodina en Krivoy Rog. No se presentó voluntario ni quería ir, pero recibió la orden de reclutamiento en el trabajo. Salía de su turno. Le dijeron que fuera al departamento de personal. Allí le entregaron la notificación y le dijeron que no saliera de allí hasta que firmara el documento”.

La segunda de las madres afirmó que se llevaron de casa a su hijo de 39 años en camiseta, pantalón corto y zapatillas de andar por casa. “Llegaron, le metieron en el coche y se marcharon. No explicaron nada. Se lo llevaron a la oficina de reclutamiento de Dnepropetrovsk y después a Zaporozhie”.

Rota de dolor, la mujer describió cómo engañaron a sus hijos con la promesa de que servirían en el batallón de defensa territorial que debía defender la región de Dnepropetrovsk. En realidad, dos semanas después del reclutamiento, fueron enviados a Starobseshevo. De inmediato, las madres comenzaron a realizar peticiones a todas las posibles instancias para intentar que sus hijos regresaran de la zona donde se libraban las hostilidades. Pero todo ello fue en vano, no consiguieron dar con ellos.

Los soldados se comunicaban periódicamente con sus madres. Antes de la salida de las tropas ucranianas de Debaltsevo, los chicos contactaron con sus familias. Después de eso, las familias no pudieron contactar con ellos durante un tiempo. Las madres conocieron que sus hijos habían sido capturados gracias a un reportaje del canal de noticias ruso Lifenews, que informaba de que soldados ucranianos se habían rendido a las fuerzas armadas de la RPD. Desde entonces han pasado ocho meses. El Gobierno de Ucrania no busca un acuerdo para la liberación de sus soldados capturados, así que las madres toman el papel de negociadoras.

Aunque en escasas ocasiones, los soldados hablan con sus madres y se quejan de su situación. Están vivos y sanos, pero están presos. Las preocupadas mujeres han llegado para conseguir que sean puestos en libertad.

Las madres afirman que tenían venir hasta aquí. En ningún momento llegan a contestar mi pregunta sobre qué temían exactamente, pero queda claro que no está relacionado con la RPD, sino con sus propias autoridades. Informaron al SBU de su presencia en Donetsk una vez que ya se habían reunido con las autoridades de la RPD. Llegaron sin permisos, así que tampoco saben cómo podrán volver [a Ucrania]. Puede que tengan que hacerlo a través de Rusia.

Ahora mismo no piensan especialmente en su futuro o en el de sus hijos, ya que el único objetivo de la visita es la puesta en libertad de sus hijos. Las madres creen a sus hijos pase lo que pase, aunque afirmen que nunca han hecho daño a nadie y sean asesinos en serie. No íbamos a convencerlas de nada diciendo que sus hijos deben responder por sus crímenes, solo íbamos a empeorar su tristeza. Sus caras mostraban su desesperación, así que ninguna prueba que inculpara a sus hijos iba a hacerles parar. Continuarán luchando por sus hijos hasta el final porque el instinto maternal es un sentimiento tan fuerte que fuerza a una madre a proteger a su hijo pase lo que pase.

En cuanto a mi visión personal, puede resultar cruel, pero no simpatizo en exceso con las madres. Pasara lo que pasara realmente, sus hijos fueron a la guerra y es una tontería decir que no sabían dónde iban. Los residentes de la República Popular de Donetsk han vivido las delicias de la guerra de las tropas ucranianas, incluyendo violaciones a mujeres, saqueos, robo de pertenencias para uso del ejército ucraniano, asesinato de civiles, bombardeos de ciudades pacíficas con artillería pesada, ataques criminales de unidades de sabotaje en lugares públicos en los que había civiles, como el transporte público, etc. Es normal que los criminales de guerra no cuenten a sus madres que han estado involucrados en un genocidio. Para sus madres siguen siendo buenos chicos con caras angelicales que nunca jamás han hecho daño a nadie. Pero los testimonios de los testigos que han vivido de primera mano la experiencia de vérselas con esas caras angelicales dicen lo contrario.

Por supuesto, no podemos decir que esos chicos sean culpables de crímenes de guerra, pero tuvieron que comprender que ver lo que hacían sus hermanos de armas les convertía en cómplices. Muchos soldados justifican sus actos alegando que solo cumplían órdenes. Es un argumento sólido, pero a lo largo de la historia se han producido ejemplos en los que los soldados han desobedecido órdenes por el bien de la justicia. Todos conocemos la trágica historia de Mi Lai en Vietnam. Entonces, el oficial estadounidense William Kelly ordenó a sus hombres quemar un pueblo lleno de civiles, de los que se sospechaba que ayudaban a los partisanos. Durante la masacre, el personal de los helicópteros dirigido por Hugh Thomson disparó contra los militares estadounidenses para salvar de la muerte a los civiles. Kelly fue condenado a cadena perpetua, pero en realidad solo pasó tres años bajo arresto domiciliario y después fue perdonado. Thomson recibió una medalla por su servicio que llevaba inscrita: “por rescatar a un niño en medio de una intensa batalla”. Cada cual puede sacar sus propias conclusiones, pero los hechos son los que son: no siempre es posible observar los abusos de la población más vulnerable y algunas veces incluso se puede luchar contra ello. Porque son bravos guerreros. ¿O no?

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